24 de abril de 2024

Vidas pasadas: amor eterno e imposible

TEXTO FRANCO GIORDA

 

 

Un niño y una niña de Seúl van juntos a la escuela y están enamorados. Juegan, charlan, pasan tiempo juntos y vuelven caminando todos los días a sus casas. Esta encantadora rutina se termina cuando la familia de ella decide emigrar. Desde ese temprano momento, cada uno desarrolla su vida de modos muy distintos. Él continúa viviendo en su ciudad natal, con sus padres e inserto en su comunidad y en su cultura. Ella se cambia el nombre, vive sola en Nueva York y, con el correr de los años, se convierte en una escritora con aspiraciones a ganar reconocimiento.

 

 

Así comienza Vidas pasadas (2023), la ópera prima de la directora Celine Song. La trama se desarrolla a través de tres momentos a lo largo de 24 años. El primero, el mencionado punto de inicio; el segundo, 12 años después de aquella separación y, finalmente, el tercero, casi un cuarto de siglo después del inicio. En cada una de estas circunstancias los protagonistas, de uno u otro modo, se encuentran entre sí en distintos contextos de sus vidas. El tiempo narrado coincide con el primer tramo del siglo XXI.

El tema de esta obra cinematográfica de gran sensibilidad y de inspiración autobiográfica de la realizadora, que también es la autora del guion, gira en torno a la eternidad del primer amor. Lo hace sin recaer en sensiblerías ni lugares comunes. Los protagonistas vivencian esa experiencia apasionada que se mantiene para siempre en el fondo del alma aunque las circunstancias de la vida vuelvan improbables cualquier intento de reconstruirlo o recuperarlo.

En este caso, se revela cómo cada protagonista tramita esa situación. En este sentido; él conserva el recuerdo del primer amor como su tesoro más preciado con la ilusión de que alguna vez pueda volver a consumarse; ella, más bien, apela al olvido. En ambos casos, las pretensiones que guardan son imposibles.

 

 

En medio de esta historia se testifica también sobre la soledad en las grandes ciudades, la oposición dialéctica entre Oriente y Occidente, los idiomas, el desarraigo, los sueños, la construcción de la propia subjetividad de quienes se quedan y de quienes se van de sus lugares de origen.

Un mito de la cultura coreana permite a los personajes, encarnados por Greta Lee, Teo Yoo y John Magaro, darle sentido a una situación sin solución.

Estas cuestiones vinculadas a la condición humana, que han sido abordadas por diferentes expresiones artísticas a lo largo de la historia, son actualizadas en este trabajo y el resultado no le va a la zaga a una rica tradición.

Mientras transcurre la acción, se escucha música de Leonard Cohen y de John Lee Hooker, entre otros.

Esta producción de A24, rodada en película de 35 mm, tuvo su recorrido por varios festivales internacionales y fue nominada a Mejor Película y Mejor Guion Original en los Premios Óscar de 2024. Por estos días, se encuentra en la cartelera de Paraná.

 

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