4 de febrero de 2023

Una reflexión colectiva sobre el cine del futuro

TEXTO FRANCO GIORDA

FOTOGRAFÍAS FICER

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A pesar de que ya hace varios días que concluyó el 4° Festival Internacional de Cine de Entre Ríos (FICER), algunas de las imágenes que allí se vieron o de las conversaciones que allí se tuvieron han quedado flotando como una estela que permite seguir pensando en torno a las películas, los modos de producción, la memoria, el archivo y el porvenir del arte cinematográfico. En este sentido, el objetivo de la presente nota es retomar uno de los debates planteados durante el sábado 26 de noviembre, en el marco de una de las jornadas del festival, en la que se reunieron directoras, directores, programadoras y programadores para llevar adelante una charla pública referida al cine del futuro. A continuación, se comparte una selección de fragmentos de ese diálogo múltiple en el que se expresaron distintas ideas sobre lo que viene.

La directora cordobesa María Aparicio, quien presentó en el FICER su obra Sobre las nubes, dijo que «algo que veo muy presente en mi generación, incluso en generaciones más jóvenes, es que la idea de futuro está casi ausente. No sólo en términos cinematográficos. El estado del mundo, de nuestro territorio, de nuestra historia lleva a pensar que el futuro es algo muy difuso. Es difícil prever los meses que vienen. Es algo que veo mucho entre mis colegas y amigos que hacen películas. Estamos muy acostumbrados a esa fragilidad, aún estando en una zona muy privilegiada porque después de todo estamos haciendo películas y hacer películas en este momento en un mundo como este me parece como mínimo extraño. Así y todo, no tenemos que renunciar a pensar en un futuro y eso es algo que hay que conquistar permanentemente».

Por su parte, Maia Navas, realizadora de Corrientes, señaló: «hace 11 años se me ocurrió la loca idea de armar el primer y, hasta hoy, único festival de videoarte y cine experimental de la región. Entonces, lo que a mí me toca es una resistencia y el resguardo de las imágenes más frágiles y también más jóvenes de aquellas personas que se dedican a construir pequeñas obras que son encantadoras y sumamente potentes».

El director bonaerense Hernán Roselli afirmó que «la problemática de hacer o pensar un cine del futuro tiene que ver con la pelea por lo público. No sólo por el fomento sino por la atención del público» y, más adelante, añadió: «los festivales se han convertido en una especie de refugios en los que uno festeja el cine. Es un trabajo mancomunado con los programadores. Para mí, el desafío más grande como cineasta es de qué forma voy a competir con esos productos audiovisuales pensados para crear un gancho. Qué experiencia puede brindarle al espectador para competir. Por supuesto que con las películas solas no alcanza. También es un trabajo de la gente que escribe sobre cine y la gente que programa».

 

 

Marcos Migliavacca, director y programador de La Plata, dijo: «cuando aparece esta consigna sobre el cine del futuro lo primero que me aparece es un poco desesperanzador por lo que decía María, por los horizontes tan cortos que tenemos a partir de la incertidumbre. También pienso que a pesar de todas las muertes que se han pronosticado del cine, y que por cierto nunca sucedieron, hay algo esencial que persiste. Creo que la pregunta por el futuro es por aquello que es esencial y persiste. Los festivales son los espacios para preservar esa resistencia en un contexto cada vez más complicado porque la matriz preponderante va excluyendo las producciones que arriesgan. También hay que pensar si es suficiente con los festivales. Qué pasa con las producciones que allí participan; dónde quedan; qué circuitos de distribución tienen; y si pensamos a más largo plazo, cómo se preservan. Creo también que si pensamos en futuros deseables habría que visitar y descubrir nuestro pasado. Ahí también se puede generar otra matriz referencial de nuestra producción que permita otro circuito y otro reconocimiento».

Luego tomó la palabra el director Martín Farina, oriundo de Buenos Aires, de quién se proyectó en el FICER, El fulgor. «Como Hernán me pregunto cuál es la relación con lo público y con los públicos. Después de conocer estos espacios, como este festival y tantos otros, lo que me pregunto es si lo que se administra es un museo en donde las cosas están fosilizadas. Digo esto y al mismo tiempo estoy muy contento con las películas que veo de mis colegas y cuando entro a una sala de cine vivo esa experiencia fundacional; en las películas veo cosas que no había visto en mi familia, ni que había podido hablar con mi viejo, ni se las escuché a un político; entendí cosas que solo vi ahí. Tengo 40 años y no tengo idea qué les pasa a los de 20 con los cuales ya hay un abismo. Pienso cómo se le disputa el tiempo al celular y tampoco sé si es necesario disputárselo. Qué pasa con los fomentos, qué pasa con las películas, cuánto se ven y qué sentido tiene esto. Lo que más me inquieta cuando me invitan a distintos lugares es ver que las películas que se proyectan compiten con otro tipo de actividades que tienen que ver con una cosa paralela. Entonces, no sé si el cine es algo vivo o algo muerto. Eso les preguntaría a ustedes», dijo dirigiéndose a sus interlocutores.

Este último planteo animó la charla hacia una reflexión filosófica en torno a si la experiencia estética del cine seguía vigente o si se trataba de algo en extinción. Cabe aclarar antes de continuar que en este tramo de la charla también participó Juan José Pereyra, director y programador del Festival Internacional de cine contemporáneo de Asunción (Paraguay), pero problemas técnicos no permitieron registrar su exposición. Sin embargo, apelando a su memoria, este cronista recupera el concepto central expresado que refería a la necesidad de pensar en términos regionales para poder proyectar el futuro del cine.

 

 

Vivo o muerto

María Aparicio fue la primera en tomar la palabra luego del disparador lanzado por Martín Farina sobre la vigencia o la desaparición del cine. Al respecto opinó: «esas son las preguntas más fundamentales. Una hace las películas preguntándose todo el tiempo de qué se trata el cine. Es una discusión necesaria porque las urgencias del momento nos llevan a sacar conclusiones que a veces creo que se quedan en la superficialidad. En muchos lugares me encontré con películas y con gente alrededor de esas películas que me hacen pensar que el cine está completamente vivo. Sin embargo, si uno piensa en las series y en las plataformas se siente una mojarrita al lado de una ballena gigantesca. Esto hace cuestionarse el sentido de las cosas. Tiendo a pensar, quizás ingenuamente, que las películas encuentran su lugar de alguna manera. Esencialmente, una hace las películas para indagar en esas preguntas».

Juan José Pereyra continuó: «la pregunta sobre si el cine está vivo o muerto a mí me hace pensar que el cine está dentro de ese gran océano que es el audiovisual. Es como una cápsula de otro tipo de producción. Mantener vivo eso también es un trabajo para nosotros y es un trabajo de resistencia en un estado de emergencia que vive Latinoamérica. Entonces, esto me hace pensar que el cine se mantiene vivo en el gran océano de imágenes».

Carolina Monti, programadora del Festifreak de La Plata, tomó intervención e indicó que «a nuestro festival, que trata de mostrar cosas diversas, llegan un montón de producciones. Nos preguntamos qué pasa por lo que queda afuera de esto. Qué pasa después con esas películas si no entran a estos sistemas masivos».

A su turno, Hernán Roselli expresó su postura: «El cine está tan cercano a la vida que la batalla y la discusión sigue siendo por el tiempo libre. Lo que está vivo es lo que uno está haciendo cuando no está trabajando. Hay algo de la pelea que tiene que ver con cómo hacer películas que estén vivas, y no sean piezas de museo o un cine académico, y hacer un cine que sin ser depredador pueda ser una experiencia de tiempo libre para los espectadores. La disputa es por qué tipo de películas hacemos y de qué forma esas películas dialogan con la vida y alguien que quizás no está acostumbrado a ver películas de festivales se encuentre frente a una pantalla reconociéndose. También hay algo de estar en una sala con otras personas que no lo pueden lograr ni las plataformas ni los celulares que hace que la experiencia de ver cine sea diferente. Creo que el cine está vivo siempre y cuando todos entendamos que hay algo de esa experiencia única que representa el cine independiente o artesanal y que no puede brindar el cine industrial: a qué intimidades no llega, a qué comunidades no llega, a qué experiencias no llega, a qué grados de reflexión sobre la imagen no llega».

Maia Navas afirmó que «el cine, como el arte en general, se hace para vivir, para poder respirar. Hacemos cine para no morir, para mirarnos entre nosotros y para sacar lo imposible».

 

 

Encuesta

Los integrantes del panel fueron consultados sobre qué recepción hicieron de la encuesta realizada por las revistas especializadas, Taipei, La tierra quema y La vida útil, sobre las 100 mejores películas argentinas en relación a los debates que la lista suscitó y en vistas a pensar el futuro.

María Aparicio indicó: «Al fin y al cabo, la encuesta es casi como jugar un juego. Para mí, lo interesante es lo que se puede leer a partir de eso y la posibilidad de pensar sobre algunas ideas. No apunta a establecer reglas demasiado concretas. Me parecen interesantes las discusiones que se abren a partir de eso. La pregunta que plantea sobre el pasado es muy nítida en relación a cuáles películas del cine clásico podemos acceder. Esto lo empecé a pensar hace muy poco. No hay dónde verlas. Hay falta de políticas públicas en torno a nuestro cine. Es un juego para analizar, a partir de ciertas generalidades, lo profundo de ciertas cuestiones».

Carolina Monti expresó: «La encuesta es un punto de partida para pensar un cine del futuro y también para descubrir o redescubrir, en mi caso, un montón de películas que no había visto. Lo primero que me surgió de esa lista es que a falta de una cinemateca las películas están en youtube. O sea, la mayoría de las películas están subidas en muy mala calidad con muy mal sonido o con pedazos que faltan. Entonces, me surgió la pregunta sobre qué significa que estén ahí y no tengamos espacios donde verlas».

Juan José Pereyra señaló «esto me lleva a pensar el pasado en relación al presente. Viendo Tiempo de revancha (película de Adolfo Aristarain de 1981 proyectada en el FICER) relacioné la explotación del cobre con la explotación de litio en Jujuy. Esta película tiene que ver con lo que está pasando hoy. Son películas que siguen haciendo eco».

Marcos Migliavacca sostuvo que «si hay algo que sigue latiendo es porque tiene vasos comunicantes con el presente. Entonces, Tiempo de revancha es un buen ejemplo junto con Nazareno Cruz y el lobo de Favio (que también se vio en el FICER) porque estas un minuto frente a estas películas y te das cuenta de que es cine vivo. Desde el lado de la programación es más fácil discernir el cine vivo y el cine muerto. Es un ejercicio que uno tiene que ir haciendo. Se distingue por contraste. Desde el lado de la realización es una pregunta constante. No puede proponerse hacer cine vivo porque está la vida puesta ahí» y luego continuó «en relación a la encuesta me parece que es una linda excusa. Lo mismo pasa en un festival que es una competencia. Cuando en realidad las películas no están compitiendo. Es una lupa para poder seguir viendo. Con la encuesta es parecido porque reabre la posibilidad de ver las películas».

Por su parte, Hernán Rosseli afirmó que «me encantó la experiencia de la encuesta. La lista fue una sorpresa. Me hice mi propia lista para ver a partir de los resultados. Eso me parece muy movilizante. Esto tiene una relación directa con la identidad. Ahí tienen una tarea muy grande los programadores y los historiadores del cine porque hay una especie de eslabón roto después de la última dictadura con la generación del cine de los 60. Volver a conectar con esas películas y con esa historia que rompió el poder es tarea de todos. Ese va a ser el gran desafío de la futura cinemateca».

Luego hubo participación activa del público que intercambió pareceres con quienes formaron parte de la mesa, armada en el hall central del Centro Provincial de Convenciones. De este modo, se manifestaron miradas y líneas de pensamiento para continuar deliberando sobre el cine y sus implicancias.

 

 

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Comentarios (1)
  1. Alicia Cevedo dice:

    Nos pusimos a pensar….y nosotros,, cuánto hace que no «vamos al cine»??? Nos atrapó la pantalla chica del televisor y la Tablet!!!
    Pero vemos y buscamos películas, por cierto!
    Los Festivales cómo el FICER ayudan a la difusión de nuevas propuestas. Aplaudimos y apoyamos!

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