1 de octubre de 2022

Trelew, memoria en un aeropuerto

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

 

 

A pesar del tiempo transcurrido y el avance poblacional, el viejo aeropuerto sigue estando en las afueras de la urbanización. No hay indicaciones en la ciudad que conduzcan hacia él, aunque lo que ha quedado en pie de la construcción en la que hace medio siglo tuvo lugar uno de los episodios bisagras de la historia argentina, alberga el Centro Cultural por la Memoria de Trelew. Allí, un puñado de trabajadores se encargan de todas las labores, desde las «visitas dialogadas» hasta de cambiar las lamparitas eléctricas. José Luis es uno de ellos, que atiende amablemente a 170 Escalones para un repaso histórico por el sitio.

 

 

La entrada al edificio es por la escena de la conocida fotografía de Emilser Pereyra (para La Jornada de Trelew) en las que el segundo grupo de fugados del penal de Rawson formaron en fila con sus armas en el piso, el mismo día en que, unas horas antes, sus compañeros consiguieron secuestrar un avión y escapar hacia Chile. Del lado interior, murales, muestras fotográficas, placas y diversos homenajes invitan a una reconstrucción histórica de los hechos, pero también a relacionar esa memoria concreta con otras luchas contemporáneas, con la dictadura siguiente a la de la fusiladora y con las ampliaciones de derechos de este siglo.

El aeropuerto fue construido a fines de la década del cuarenta y principios de los cincuenta. Originalmente tenía su pista de tierra más al este, a la que llegaban los aviones de Aeropostal, algunas veces piloteados por Antoine Saint Exupéry, el autor de El Principito. Después se emplazó la pista que funcionó hasta 1979, cuando dejó de ser completamente civil para mudarse al nuevo aeropuerto civil y militar.

El viejo aeropuerto sirvió, durante la década siguiente, para albergar a personal civil que trabajaba en el nuevo . Además, había una casita de meteorología y cuatro construcciones de material que eran dependencias de empresas que operaban allí, dos casillas de madera, la casa del sereno y la del jefe de estación. Esos ámbitos son los que se repartieron entre cinco o seis familias durante los ochenta. Un padre con su hijo fueron los últimos en irse de ahí a principios de los noventa. El sitio quedó absolutamente abandonado y pasó a ser tierra de nadie. La gente comenzó a desmantelarlo y llevarse lo que encontraba que pudiese ser reutilizado: techos, puertas, ladrillos, etc. Se salva el edificio principal y una parte lateral.

A fin de siglo, en 1999, la Comisión x la Memoria del pueblo comienza a realizar los actos del 22 de agosto en ese lugar y al espacio le nacen nuevas capas de sentido: murales, pintadas, manos estampadas en las paredes. Esos mensajes conformaban el telón de fondo de gente en situación de calle que muchas veces lo usaba de refugio y hacía fuego para paliar el frío del invierno, por lo que año tras año se repintaban. Cuando asume la presidencia Néstor Kirchner (en mayo de 2003), el gobernador Mario Das Neves se alinea con la política de sitios de memoria y derechos humanos y crea la Subsecretaría de Derechos Humanos de Chubut. En un trabajo conjunto con la Comisión x la Memoria y particulares, deciden poner en valor el lugar como un centro cultural por la memoria. Como el terreno era de la Fuerza Aérea, en 2005 Luis Duhalde, como secretario de Derechos Humanos de la Nación, firma un convenio de canje de esas tierras que son el pequeño predio cercado alrededor del edificio. En 2006 comienzan los trabajos y el 22 de agosto de 2007 se inaugura oficialmente.

 

 

La nave principal se deja como estaba y la Comisión x la Memoria de Trelew sigue haciendo los actos allí cada 22 de agosto, como este último lunes en el que la convocatoria fue multitudinaria.

«El 22 de agosto es más importante que el 24 de marzo en Trelew», explica José Luis. Si bien las agrupaciones y el gobierno trabajaron en conjunto para la puesta en valor, luego surgieron las diferencias políticas y por eso se realizan diferentes actos. Por la mañana suele ser el oficial y por la tarde llega la marcha desde el centro de la ciudad, emulando el Trelewaso y la Asamblea del Pueblo.

 

 

El Trelewaso y la Asamblea del Pueblo

La del Trelewaso es la historia menos conocida de aquellos tiempos. Vino inmediatamente después de la masacre del 72. En octubre, en el mismo aeropuerto, la dictadura lleva adelante el Operativo Vigilante. Instalan una cabecera de pista, aterriza un avión, hacen campamento y concretan una razia que incluye Trelew, Rawson, Playa Unión, Puerto Madryn e, incluso, Pirámides (Península Valdez), que por ese entonces era un caserío mínimo. Se llevan a la fuerza a 20 personas de las cuales liberan a cuatro inmediatamente. Esos detenidos -al igual que el abogado defensor de derechos humanos Mario Abel Amaya que metieron preso por estar en el aeropuerto el día de la toma- estaban vinculados a la Comisión de Solidaridad que se había creado cuando comenzaron a llegar los presos políticos al penal de Rawson.

Los integrantes de esa comisión solidaria tenían la función de acompañar a los detenidos, llevarles cartas, hacerles trámites ante abogados, alojar familiares en las casas cuando los visitaban, ser sus apoderados, etc. Para los militares, todo el mundo era sospechoso de haber colaborado con la fuga. Los represores buscaban un escarmiento, pero el tiro les salió por la culata (frase gastada que aplica como metáfora contundente en este contexto).

El Trelewaso ocurre el 10 de octubre y consiste en un levantamiento popular. Trelew tenía entonces unos 25 mil habitantes de los cuales unos cinco mil salen a la calle. Se convoca a un paro general de varios días y se toma el Teatro Español. En el actual espacio de memoria hay fotos que remiten a aquella pueblada de asamblea permanente. Vecinos, sindicatos, partidos políticos; todos participaban. Se leva un petitorio en el que se pide la liberación de los detenidos y de Mario Amaya. Los militares aceptan, pero los van soltando de a poco. El último en salir fue el abogado radical oriundo de San Luis, con lo cual el Trelewaso, Asamblea del Pueblo logró su objetivo.

Con la vuelta de la siguiente dictadura del 76, al igual que los tres sobrevivientes de los fusilamientos, Mario Amaya es detenido y muere en la cárcel de Devoto. Varias personas que participaron de esas asambleas tuvieron que exiliarse tanto en otros rincones de Argentina o en el exterior.

Por eso, la marcha del 22 de agosto también recuerda esa gesta.

 

 

Historia de una filmación

Los hechos del 15 de agosto no duraron más de dos horas y media. Cuando el segundo grupo de fugados llega, ya no tiene escapatoria. El primer avión vuela rubo a Chile, el segundo nunca aterrizará. Para garantizar sus vidas piden un médico, un juez civil y a la prensa. La conferencia se extiende unos 20 o 25 minutos.

Canal 3 de Trelew es el único medio televisivo que se hace presente con el periodista Daniel Carreras (quien fue director del espacio de memoria hace unos años) y su camarógrafo. Una vez que termina la conferencia, rodeado de militares a cargo del capitán Luis Sosa (uno de los fusiladores de la semana siguiente), le pide a su camarógrafo que vaya hasta el canal para hacer una copia y que regrese, y que le diga al cerco militar que se quedó sin cinta para filmar. Carreras sabía que le iban a secuestrar la cinta, lo cual efectivamente sucedió.

Gracias a esa copia -que anduvo escondida girando por España e Italia- y al montaje de Raymundo Gleyzer en Ni Olvido Ni Perdón, cuando el negativo regresa al país durante la democracia que inicia en el 73, es que hoy se sabe qué se dijo en esa conferencia.

 

 

José Luis tiene 52 años, nació en Trelew dos antes de la masacre. Fue a colegio católico y de todo esto no se hablaba en ese contexto conservador. Tampoco en su casa. Después de la secundaria comenzó a trabajar en teatro, donde sus compañeros peronistas y comunistas lo iniciaron en esta historia que él ahora conoce al detalle y que puede compartir con quienes visiten el Centro Cultural por la Memoria de Trelew.

 

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Comentarios (1)
  1. María Esther Loza dice:

    GRACIAS Muchas Gracias a Pablo Russo y a los 170 escalones… Por el evidente ( me atrevo a suponer que no hubo intención de ocultar) RESPETO a todxs los lectores… Es difícil encontrar otras palabras… María Esther

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