25 de septiembre de 2021

Todo Verde: la actriz guacha

TEXTO PABLO RUSSO

FOTOGRAFÍAS SERGIO OTERO

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Nadia Grandón interpreta, en Todo Verde, a una mujer de pueblo que relata su relación con otra que ha llegado a sus pagos y le ha transformado la vida. La obra, escrita como monólogo por Santiago Loza, se presenta desde hace dos meses casi todos los domingos en Casa Boulevard-Espacio Metamorfosis, con cuidados y protocolos, en la sala pequeña que genera un espacio íntimo y cercano en el que el unipersonal logra desarrollar su máxima potencia en la voz y en el cuerpo de esta actriz.

Nadia Grandón, quien además es directora de la obra que comenzó a trabajar con Luis «Lito» Senkman pero que tuvo que continuar sola luego de la muerte del referente del teatro entrerriano, se desempeña también como docente universitaria, gestora y dramaturga. Nación en Santa Rosa, La Pampa, en 1981. Vive en Paraná desde el 2012. En su búsqueda ha participado en más de cincuenta obras, performance e intervenciones. Se licenció en Teatro, Profesora de Artes en Danza, con posgrados en Dramaturgia del Actor, Dirección Teatral y Dirección Escénica. Actualmente cursa la Maestría en estudios teóricos de la Danza en la Universidad de las Artes de Cuba. Es docente en el Profesorado de Teatro de la Universidad Autónoma de Entre Ríos y en la Escuela Municipal de Danzas. Realiza investigaciones en torno a las corporalidades escénicas, arte y política; y con sus trabajos ha concretado giras por Argentina, Chile, Uruguay, México, Colombia y Cuba.

Este invierno, después de varios años, Nadia logró germinar su versión de Todo Verde en la que una repostera de pueblo se hace amiga de una mujer «de mundo», que le regala un loro y un cuadrito, y que le convida algo de luz en su oscuridad. De este proceso conversó su protagonista con 170 Escalones.

 

 

 

¿Cómo te encontrás con este texto y cómo fue el proceso?

En la primavera de 2015, Lito Senkman me invita a ponerle el cuerpo a Todo Verde. El convite fue para que yo la actuara y él la dirigiera. En el equipo estaba también Raúl Dayub, en la asistencia de la dirección. Trabajamos toda esa primavera y parte de 2016, hasta que Lito falleció. Fue un proceso bastante intenso, nunca había trabajado sobre un texto de Loza, incluso venía de trabajar textos propios y hechos con compañeres. Hacía mucho que no abordaba un texto de un director prácticamente desconocido para mí; había visto un par de obras de él y Lito me fue dando mucha información sobre Loza, me convidó parte de sus obras, sus películas y su universo.

 

¿Qué pasó cuando Lito murió, cómo siguió la obra?

Teníamos una fecha de estreno de abril de 2016 y ahí el proyecto quedó así, a la deriva. Sentí que era una actriz guacha, no sabía cómo iba a terminar ese proceso, veníamos muy entusiasmados, nunca habíamos trabajado juntos con Lito y Raúl y me gustaba muchísimo lo que estábamos haciendo. Cuando falleció sentí que estaba sola. Tuve algunos intentos que vieron algunos compañeres y fui construyendo así, por retazos, algunas partes de lo que yo recuperaba entre memoria de lo que había hecho y sus anotaciones, que todavía conservo, de sus ideas, de las mías, y de lo que fue pasando en estos seis años. Fue como un rompecabezas que se fue armando. Obviamente, no soy la misma actriz que era hace seis años y eso de alguna manera lo vuelco en la obra. Y fue una dirección así también, que terminé construyendo yo, con los pilares de Lito. Tampoco soy la misma directora de hace seis años. Así que fue un proceso atravesado por muchas artistas de nuestras vidas y de nuestras muertes. Y un proceso muy particular porque es de una actriz sola, una actriz guacha frente a la escena. Me pareció que este era el momento, en este tiempo pandémico, para construir sola. Le di lugar a que Todo Verde terminara de asomar. Estaba ahí, latiendo, hasta que empezó a brotar.

 

 

 

¿Qué te genera el texto de Loza?

En relación a las textualidades que propone Loza, me parece que para una actriz es un lugar bastante incómodo. Incómodo bien, de incertidumbre. No son textualidades llanas, sino más bien llenas de aristas e intersticios. Entonces, con respecto al texto y a la actuación es eso, la posibilidad de indagar en esos intersticios, que es una incomodidad atractiva. Me parece un dramaturgo muy rico, súper interesante, con una poética, una estética y una poesía cinematográfica. Tiene una escritura teatral muy cinematográfica que me cautivó enseguida. Parece que son muchas voces a la deriva en su escritura, eso es muy atrapante para la actuación.

 

¿Tuviste contacto con Loza?

Nos conocimos hace unos tres años, aproximadamente, cuando los dos éramos jurados de obras y proyectos escénicos de una convocatoria del Ministerio de Cultura de Santa Fe. Ahí le conté que habíamos estado trabajando con Lito, lo que había pasado con él, y que tenía muchas ganas de hacerla. Me motivó a que la haga y después no hemos tenido más comunicación que la formal a través de Argentores, cuando pedí los derechos y él los cedió.

 

¿Quiénes se involucraron en esta deriva?

El proceso fue bastante solitario. Sobre la última parte aportaron sus miradas Juan Carlos Gallego, alguien que ha estado muy cerca de Lito y me interesaba tener su visión de la obra. También Tovio Velozo, que es un compañero con el que estoy trabajando y quería tener su ojo. Después, las fotografías que realizó Sergio Otero; el trailer lo hizo Floreana Lazzaneo; la Sole Salvarredy estuvo aportando con el vestuario y en la asistencia de producción; Beto Lescano es el técnico de la obra; y la gráfica la hizo Natalia Hallam.

 

 

¿Qué relación se establece entre el texto y el espacio en el que se representa?

Hay una relación muy estrecha entre el universo que propone Loza y el espacio, para mí era muy importante el lugar donde iba a estrenarse. La idea es que pueda girar, pero para el nacimiento me parecía el lugar apropiado esa intimidad que tiene la sala chica de Casa Boulevard/Espacio Metamorfosis. Es muy acogedora y aún conserva, sacando los telones, mucho de casa; esos ladrillos, ese piso, esas puertas cobijan muy bien el texto. El espacio dialoga también con el cuerpo, en este caso mío, y con las textualidades que propone Loza. Además, cuando pensamos con Lito en el lugar apropiado él quería estrenarlo en la Sala Metamorfosis de calle Alameda, que también tenía esta cuestión de ladrillos a la vista y aberturas similares. Así que fue como seguir con esa propuesta de que sea como en una casa.

 

¿Cómo es tu experiencia interpretando unipersonales?

En relación a mi actuación en unipersonales este es el tercero que hago. El primero se llamó La noche devora sus hijos, texto de Daniel Veronese; el segundo fue Bienvenida Casandra, una adaptación del clásico mito griego que hicimos junto a Valeria Follini. Siempre los unipersonales llegan en un momento especial en cuanto a los recorridos, como un estadio especial dentro de nuestro trabajo, por lo que implica, el desafío de estar sola en escena. Creo que Todo Verde se hizo esperar y llegó en un momento especial. Además, siempre son como instancias que implican un enorme trabajo por parte de quien actúa, no porque no lo sea con más personas, pero es un desafío y creo que son momentos muy puntuales de nuestras vidas donde decís “ahora quiero hacer uno”. Me ha pasado con los tres.

 

¿Qué recorrido pensás que puede tener la obra?

Mi anhelo, el sueño, es que pueda andar. El augurio es que vaya por distintos lugares. Ya la están pidiendo de varias geografías. Tiene una puesta muy minimalista, como parte del juego, del diálogo, de la tensión con el texto. También eso hace que sea una obra que pueda llevase fácilmente a cualquier lugar. Ojalá que así sea.

 

 

* La próxima función de Todo Verde será el domingo 15 de agosto de 2021 a las 20, en Casa Boulevard/Sala Metamorfosis. Las entradas cuestan $400 y se reservan al WhatsApp 34335040901.

 

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