24 de febrero de 2024

Sergio Wolf compartirá su mirada sobre cine documental

TEXTO FRANCO GIORDA

 

 

Algunos interrogantes relacionados al surgimiento de las ideas para hacer un documental o las resonancias, imágenes, lecturas y azares que activan el deseo de escribir y filmar una pieza de estas características forman parte de los disparadores de la charla abierta que dará el realizador, guionista, crítico y docente, Sergio Wolf, en el Instituto Autárquico Audiovisual de Entre Ríos (Gregoria Matorras 861, Paraná) este jueves 29 a las 16.

El título elegido de la clase magistral es Imaginar un documental. Escribir un documental. Filmar un documental. Se trata de una propuesta articulada entre el Gobierno de Entre Ríos, Directores Argentinos Cinematográficos (DAC), Sidecreer y Enersa. La actividad es gratuita y para participar es necesario completar el siguiente formulario.

Wolf dirigió Yo no sé qué me han hecho tus ojos (2003, con Lorena Muñoz), El color que cayó del cielo (2014), Viviré con tu recuerdo (2016) y Esto no es un golpe (2018). Es coguionista de La felicidad: un día de campo (1998) y Zapada, una comedia beat (1999), dirigidas por Raúl Perrone, de Encarnación (2007) y Por tu culpa (2009), ambas de Anahí Berneri y de Extranjera (2009) de Inés de OIiveira Cézar. Es autor de los libros La escena documental (2018), Cine/Literatura. Ritos de pasaje (2001) y compilador de Cine argentino. La otra historia (1992). Fue también director artístico del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) desde 2008 a 2012. Ha sido jurado en Cannes, Gijón, Los Ángeles, Cartagena, Montreal, Bogotá, Valdivia, Lima, Santiago de Chile y La Paz. En 2021 obtuvo el Premio Konex en el rubro Documental.

 

 

A modo de adelanto de lo que este referente de la cinematografía nacional desarrollará, 170 Escalones le propuso algunas preguntas sobre la materia a tratar: el documental.

 

¿Cuál es el mayor desafío al momento de realizar un documental?

El mayor desafío cuando uno empieza un documental está en que lo que esa historia, personaje o lugar que uno quería filmar, aporta de impensado. Debemos tener la elasticidad para poder incorporar ese imprevisto que no habíamos imaginado, eso que se sale de cauce; aceptar eso que nos haga repensar todo, dejar esa hendija abierta a lo nuevo.

 

¿Qué consideras que no le puede faltar a una pieza de este tipo?

Lo que no puede faltar en un documental es una pregunta. El documental debe partir de preguntas y no ser una mera validación de respuestas que se tienen previamente. Esas preguntas, por supuesto, no deben tener la pretensión de ser respondidas por el desarrollo del documental, sino planteadas como disparadores de una narración. El documental no debe explicar un mundo; debe representarlo, hacer que vea la luz.

 

¿Cuál es el valor de los documentales?

El documental nació como una forma cinematográfica que era una ventana al mundo, que hacía ver algo que se desconocía. Y sigue siendo eso, básicamente. Ese traer historias o mundos desconocidos, que tienen el valor de ser increíblemente reales y si sabemos mirar al elegirlos, más ficciones que la propia ficción. O mejor: tan sorprendentes que ningún guionista podría inventarlos.

 

¿Cuál te parece que es el panorama de la realización y la exhibición de documentales hechos en Argentina?

Creo que se hacen demasiados documentales en Argentina y eso genera, en parte, la dificultad de exhibición. Es cierto, también, que, por sus elecciones de temáticas, estilo, incluso, de formato, muchos no necesariamente están pensados para verse en una sala sino, quizás, en una universidad o en un canal de cable temático, o en un museo. Quizás una manera de ordenar esa exhibición sea pensar distintos circuitos para ellos.

 

 

 

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