17 de junio de 2024

Noche de cinemanteca en el FICER

TEXTO 170 ESCALONES

 

 

La Función Especial Noche de Cinemateca propone un clásico de las primeras décadas del cine argentino: Prisioneros de la tierra, de Mario Soffici, filmada en Misiones y estrenada en 1939. La proyección será con una copia restaurada por iniciativa del Museo del Cine, el jueves a la medianoche en la sala Verónica Kuttel de La Vieja Usina.

En el universo de los yerbatales misioneros, un inescrupuloso capataz descubre que uno de los mensúes se ha enamorado de la hija del médico del pueblo y desata una guerra personal contra él donde los efectos de la violencia se tornan irreversibles. Con guion escrito por Ulises Petit de Murat y Darío Quiroga sobre tres cuentos de su padre Horacio Quiroga, cuenta con las actuaciones estelares de Ángel Magaña, Homero Cárpena, Roberto Fugazot y Elisa Christian Galvé, con música de Lucio Demare. Es apta para todo público y dura 85 minutos.

 

 

Prisioneros…  es considerada por varios historiadores la obra cumbre de Soffici en un período de auge del cine nacional, producida a los pocos años de estrenado el cine sonoro. «Soffici fue, sin duda, la figura principal de la década del 30», afirmó el investigador y cineasta Octavio Getino. Soffici había debutado en 1935 con El alma del bandoneón, a la que siguieron Viento norte (1937) y Kilómetro 111 (1938). Para Getino, además de su rigor cinematográfico, a este director «lo guiaba la voluntad de indagar en temas nacionales con un gran respeto hacia los valores culturales, evitando fáciles esquematismos». Esa búsqueda culmina en esta etapa con la producción más importante de la década, en la que aborda una «abierta denuncia de la explotación inhumana en los yerbatales, a la cual se incorpora la propia naturaleza, como un protagonista más del drama»; describió Getino, que supo destacar la dimensión efectivamente latinoamericanista -que hasta entonces no había sido muy común en el cine nacional-, lograda de la combinación de explotación social, conflicto humano, folclore y paisaje devorador. El crítico y docente Claudio España explicó que Soffici demostró, en toda su filmografía, «una segura preocupación social, al mismo tiempo que la necesidad de retratar con verismo personajes cuya contextura moral merecía atención». Incluso para Jorge Luis Borges fue significativa esta obra cinematográfica: «No recuerdo, en tanta sanguinaria película, una escena más fuerte que la penúltima de Prisioneros de la tierra, en que un hombre es arreado a latigazos hasta un río final… es casi intolerable de eficaz».

Consultada por el proceso de rescate del material original, Paula Félix-Didier, directora del Museo del Cine Pablo Ducros Hicken, contó que se trató de un proyecto presentado a la World Film Foundation de Martín Scorsese, que restaura películas de todo el mundo a través de la Cineteca de Boloña y del Laboratorio L´Immagine Ritrovata. «Prisioneros de la Tierra es, para mí, una película muy importante de la historia del cine argentino y especialmente de la década del 30, y Mario Soffici es un director también muy especial que creo que merece mayor reconocimiento», dijo Félix-Didier.

El Museo del Cine contaba con una copia en 16 milímetros y el coleccionista Fernando Martín Peña tenía otra. Luego de investigar, resultó que la Cinemateca Francesa tenía una copia 35 milímetros en nitrato (original de aquella época) que se veía muy bien, y encontraron otra en el Archivo de Praga, aunque esta última tenía los subtítulos impresos en idioma checo. Con todos esos elementos L’Immagine Ritrovata armó una copia lo mejor posible, que es la que se proyectará en Paraná. «Es el 35mm francés, pero con ciertas cositas de sonido que sacamos de las otras, que no estaban tan bien en esa, y se hizo la restauración digital de la película», especificó la historiadora y archivista audiovisual. «Se estrenó en el Festival de Bolonia. Aquí se dio un par de veces, pero nunca en la Mesopotamia hasta ahora. Para nosotros era muy importante por la temática de la película, que fue filmada en la selva misionera y tiene una problemática muy común al tipo de economía de aquella época en la región, que tenía que ver con las plantaciones que podían ser de yerba, quebracho u otro tipo de explotaciones comerciales que terminaban con esclavitud por deudas», destacó Félix-Didier. «Se ve como hacía muchísimo tiempo que no se podía apreciar», invitó.

 

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