5 de diciembre de 2022

Memoria, tiempo y verdad

TEXTO FRANCO GIORDA

FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

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La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de Gualeguay ha publicado recientemente el libro La verdad es hija del tiempo (Editorial La Hendija) donde han incorporado nuevos nombres a la lista hasta ahora conocida de desaparecidos por la última dictadura cívico militar oriundos del Departamento del sur entrerriano.

Ana María Pastormerlo, integrante de la APDH, contó a 170 Escalones que durante el desarrollo del libro sumaron testimonios e información sobre casos que no tenían registrados. Así el número de personas nacidas en ese lugar que fueron secuestradas y asesinadas entre 1976 y 1983 por el Terrorismo de Estado pasó de 4 a 18. Al respecto, dijo que «para la elaboración del libro nos reuníamos todos los lunes en la biblioteca Carlos Mastronardi. Hubo gente que sabiendo de nuestros encuentros se acercaba para decirnos que tenía algún familiar, amigo o compañero que había desaparecido en tal lado. A partir de ellos, después, venían sus seres queridos más directos. Así fuimos armando la cosa».

 

 

La presentación de la obra tuvo lugar el 23 de marzo en la escuela Normal Superior en Lenguas Vivas Ernesto A. Bavio de Gualeguay en el marco de las conmemoraciones por Memoria, Verdad y Justicia. «Vino gente de muchos otros lugares; incluso del sur del país. El acto fue muy conmovedor y contó con una importante convocatoria.  Concurrieron hijos e hijas de desaparecidos como la doctora Mabel Careaga, hija de Esther Ballestrino de Careaga; una de las personas desaparecidas en la iglesia de Santa Cruz cuando se infiltró (Alfredo) Astiz. Ella fue secuestrada junto con las religiosas francesas y Azucena Villaflor» contó Ana.

La imagen de la tapa del libro es una fotografía del reloj de sol ubicado en la plaza Constitución de la mencionada ciudad que recuerda a los desaparecidos y desaparecidas. Se trata del primer memorial de la Argentina dedicado a las víctimas de la dictadura. Sobre el mármol de la pieza se lee, justamente, la leyenda «La verdad es hija del tiempo», nombre elegido también para la publicación editorial. Este recordatorio fue realizado en 1991.

En la descripción de su publicación, la APDH Gualeguay sostiene que «desde el tiempo que marcó y que marcará el reloj de sol, también se reconstruye la palabra de aquellas personas que sufrieron el Terrorismo de Estado y que pueden contar su historia» y agregan «dentro del tiempo del ayer medido por este reloj de sol, dentro de los días que tocan en este presente, y entre los amaneceres de cada después, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de la ciudad de Gualeguay hace memoria de su nacimiento y vida. Se pronuncia entonces la intención de esta palabra afirmando su pulso en la poética que proclama la presencia de un reloj de sol en una plaza, artilugio esculpido y acunado en el encuentro entre la naturaleza y el pensamiento de los hombres: de una comunidad que lucha y luchó por los Derechos Humanos como bien común, esencia de nuestra democracia, y a través de las distintas memorias que se guardan en La verdad es hija del tiempo».

Bajo el subtítulo «Hijos e Hijas de la ciudad de Gualeguay / Víctimas del Terrorismo de Estado / Una memoria de los que no volvieron a casa» se mencionan los nombres de Juana María Armelin, Néstor Valentín Furrer, Néstor Enrique Da Dalt, Martín Andrés Hauscarriaga, Tilo Wenner, Carlos Adolfo Surraco, Jorge Fortunato Camilión Morisse, Elda Ester Viviani, Carlos Florentino Cerrudo, Pedro Alberto Galván, Jorge Humberto Correa, Ricardo Gabriel Giménez, Mario Alberto Arrativel, Bautista Eudsebio Fumaneri, José Ítalo Rion Pradal, Antonio Amadeo Nociglia Bustamante, Darío Ceferino Fernández Ocampo y Roberto Andrés Rebolledo.

 

 

En la recopilación de los testimonios y en la redacción del libro trabajó en una primera instancia el escritor Edgardo Lois; luego continuaron la labor las docentes Elisa Etchegaray y Victoria Moreno.

Finalmente, Ana indicó que «pensamos que este libro es muy importante para los chicos de las escuelas porque contiene un pedazo de historia que no está documentado y que es fundamental». Luego agregó: «Es una experiencia muy agradable desde el punto de vista de la concreción y, a la vez, muy dolorosa para las familias y para nosotros porque revivir algunos testimonios realmente ha sido muy fuerte».

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