17 de junio de 2024

Los 13 días de Pablo Merlo

TEXTO NICOLÁS RIGAUDI

FOTOGRAFÍAS PABLO MERLO Y CHANI CAVALLARO

 

 

En los últimos 30 años, Pablo Merlo pasó solo 13 días sin una cámara fotográfica. Pynandí, con los pies descalzos, es el libro que expresa su camino alrededor del arte de ver, y fotografiar. Fue publicado por la Editorial Municipal de Paraná y se presentará el miércoles 29, a las 20, en Rosa y Dorada. 

Con el mismo devenir que las aguas del Paraná sobre la costa, las fotografías que componen Pynandi, con los pies descalzos, podrían pensarse como un libro de poesía fotográfica. O más bien, como un llamado a la meditación. Quizás por ello sea la «simpleza», el término que utiliza Pablo Merlo, su autor, para describir el sentido de su trabajo.

 

 

«La simpleza de cuando estamos descalzos. Ese placer de estar con los pies en la tierra, de conectar, de sentirla, de sentirnos parte, sentirnos habitantes privilegiados de este tiempo. Corriéndole quizás, o a veces por un instante, la parte dura de la realidad», describe Pablo.

Pablo Merlo nació en San Nicolás, hace 51 años, pero ya desde su primera infancia vivió en Paraná, junto a su familia.

Fue en la ciudad de la barranca al río y los lapachos florecidos, donde conoció el oficio de fotoreportero, su primer contacto con la cámara. Trabajó en distintos medios locales, como el diario ya extinto, Hora Cero, el Diario UNO, y en la Secretaría de Comunicación del gobierno provincial, entre otros. Además, realizó coberturas para medios de comunicación nacionales y hasta internacionales.

 

 

Sin embargo, desde un primer momento Pablo supo que aquel artefacto no era un mecanismo para representar el afuera. Algo más hacía emulsión en su ser más profundo, una pregunta en torno al significado de ver, sobre aquello que llamamos realidad y el lugar del corazón en todo ello. Así fue como llegó a «la búsqueda de visión», para lo cual, paradójicamente, tuvo que prescindir de la cámara.

Es por eso que, al mencionar a quienes considera sus maestros y maestras, Pablo pone «en primer lugar, un inmenso lugar», a Adriana Lestido. «Con ella no sólo aprendí esta parte sensitiva, o me abrió. No sé si aprendí. Es un montón quizás. Y me abrió, me acompañó a abrir un portal hacia lo sensitivo de la imagen, a esa parte… a la parte invisible de la fotografía. Pero si a la parte sensible. A lo que gracias a ver, siento. Y me abrió un mundo, a varios mundos. Para mi Adriana ha sido un portal. En mi vida fue como un portal. Hermoso».

Menciona también a Cartier Bressón, Edward Curtis y, para sorpresa de quienes esperamos una lista de apellidos vinculados a la historia de la fotografía, destaca a «la Clau». Claudia es una mujer medicina del Uruguay. Una de las personas que, junto a su compañero, el «Ro»,  guiaron a Pablo en esa búsqueda de visión.

 

 

«Al momento de hacer la experiencia de plantarme durante 13 días, en medio de la naturaleza, en Uruguay, la Clau me dice: ´ahora que vas a estar en este lugar, 13 días y 13 noches, pudiendo ver el amanecer y el atardecer sin tu cámara, ojalá te puedas regalar el permitirte reconocer que todo lo que ves no es nada más ni nada menos que el reflejo de tu corazón».

«Me dijo ´toda la belleza que ves´. Yo digo ´todo lo que ves´, porque a veces no vemos sólo belleza. Me hago cargo de la totalidad, de las luces y las sombras. A veces la sombra no la sentimos como bella. Hoy si. Hoy ya estoy un poco más descansado en eso y a veces hay cosas que duelen, pero detrás de eso hay un gran aprendizaje y bueno, gracias. Qué belleza. Si le puedo encontrar el sentido termina habiendo belleza, por más que duela», explica pausadamente Pablo.

 

¿Qué le viene a proponer el libro a la gente que lo vea, que lo lea?

En primer lugar, el disfrute de poder recorrer lugares, momentos, luces, fundamentalmente de Paraná, en un librito. Una pequeña recorrida. Ese es como la primera puerta.

 

Voy a cambiar un poco la pregunta ¿Qué le querés proponer vos a la gente con el libro?

La primera puerta es eso: ese pequeño recorrido. La segunda puerta, ya un poquito más pretenciosa, es regalarse un tiempo y permitirse contemplar, el regalo de la observación, que me parece tan mágica. Y la tercera puerta, la más pretenciosa de todas, es quizás la posibilidad de reconocerse sintiendo. Sólo por el hecho de ver, de observar…

En otro de los momentos de la charla en torno a su camino con la fotografía, Pablo da cuenta de un “pasaje” que consiste en dejar de ser un observador que registra simplemente lo que sucede. “De tanto observar, terminé en la gran trampa de observarme a mí, hacia adentro. Creo que es una de las cosas que le debo a la fotografía. Que le agradezco. No le debo nada. (Risas) Tamo a mano, tamo re a mano”, sintetiza.

 

 

Pynandí, con los pies descalzos contiene además textos de distintas personas que Pablo eligió para que sean parte de su primer libro: Claudio Puntel, Milton Merlo, su hijo, que es además músico y autor de canciones hermosas, Chani Cavallaro, su compañera, y del autor de esta nota. De ahí que el diálogo que reproducimos aquí es parte de las sucesivas charlas que mantuvimos en los meses previos a la publicación del libro.

La presentación será el miércoles 29 de noviembre a las 20 en la sede de la Editorial Municipal de Paraná, que lleva el nombre Rosa y Dorada, y se encuentra ubicada en la costanera de Paraná, frente a la Plaza Le Petit Pisant. Habrá música, lecturas y, por supuesto, una oportunidad para mirar a nuestro interior.

 

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