25 de septiembre de 2021

Lo afro, con voz propia

TEXTO FRANCO GIORDA

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Victoria Lozano y Rafael Díaz son los impulsores de la flamante Red de Migrantes Afrodescendientes de Paraná (MAP) que busca narrar la cultura, la historia y las vivencias cotidianas de las personas negras y afrodescendientes desde sus propias voces. Ambos son colombianos y llegaron a Argentina hace algunos años para realizar sus estudios de posgrado. A través de sus actividades y trabajos se han insertado en un medio donde ven la necesidad de organizarse con sus pares, en tanto afrodescendientes y extranjeros, para construir una representatividad en la que su experiencia vital y su propio discurso sean el motor de reconocimiento, diálogo e intercambio. Dada la complejidad del asunto, asumen que serán muchas las aristas que se deberán ir abordando con el correr del tiempo. En entrevista con 170 Escalones, reflexionaron sobre estereotipos, exotismo, racialización, receptividad e institucionalidad, entre otras cuestiones.

 

¿Cómo llegaron a Paraná y a qué se dedican?

Victoria Lozano: Llegué a Paraná en 2015, después de haber vivido tres años en Rosario donde estudié la maestría en Estudios Culturales en la Universidad Nacional de Rosario. Fueron dos factores los que me llevaron a tomar la decisión: la situación laboral en Rosario se puso un poquito complicada y también había conocido a mi pareja que es un hombre paranaense. En ese momento, conseguí aquí un contrato con una agencia de publicidad. Ya había venido varias veces entre 2012 y 2015, pero en ese año tomé la decisión de aventurarme nuevamente y mudarme de ciudad. Actualmente, me desempeño como docente en la Escuela Normal José María Torres, también en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER y en la Facultad de Humanidades de la UADER. Además, soy investigadora en movilidad urbana, un campo en el que vengo trabajando aproximadamente desde 2014. En ese sentido llevo a cabo un proyecto junto a otras personas que se llama Voy en bici Paraná a través del cual impulsamos y promovemos el ciclismo urbano y la movilidad en bicicleta.

Rafael Díaz: Soy estudiante de Doctorado de la Facultad de Ingeniería de la UNER y llegué a Paraná a completar mis estudios. Así es que me encuentro con la ciudad, gracias al prestigio que tiene la Facultad de Ingeniería.

 

 

¿Cómo surgió la idea de la Red?

VL: La red surge un día en que lo llamé a Rafa. Con él siempre intercambiamos nuestros pareceres, nuestras anécdotas y nuestras experiencias como personas negras, afrodescendientes que residen en Paraná. Entonces, un poco la idea surgió de sentir ambos que no había un espacio de representación para nosotros. Si bien, obviamente, acá se habla de la afrodescendencia y se visibilizan algunas prácticas no sentimos que esos espacios nos representen porque varios de sus discursos están enunciados por personas que no son negras, que no son afrodescendientes y, entonces, ahí veíamos un desajuste entre el discurso y la experiencia vital cotidiana, es decir, el vivir día a día como una persona negra o afrodescendiente en esta ciudad. Entonces, nos planteamos el deseo y la necesidad de agruparnos, de querer conformar una red, de conocer a otras personas afrodescendientes que sabemos que residen acá. La idea es hacer un vínculo efectivo con todas estas personas para convertirnos en un espacio de contención, de apoyo, de intercambio de información sobre lo que necesitamos. En nuestro caso, se cruzan las variables étnico cultural y el componente de ser extranjeros. Queremos conocernos y agruparnos para saber qué cosas nos unen; qué cosas nos distinguen como personas afrodescendientes; qué lazos nos hermanan, aunque provengamos de latitudes muy distintas.

 

¿Cuál es el objetivo?

VL: Una de nuestras motivaciones es narrar nuestras experiencias, hablar sobre nuestra cultura y contar sobre nuestra historia en nuestras propias palabras y desde nuestra práctica. Un poco para correr el eje desde el cual se toma la identidad étnica negra, es decir, desde el exotismo. Queremos hacer ese reconocimiento y visibilizar que en Paraná hay gente negra trabajando, estudiando, conformando familias. Otro de los objetivos que tenemos es tejer diálogos con nuestros lugares de origen y la ciudad de Paraná que es nuestro lugar de residencia, el lugar que nos acoge como extranjeros, como migrantes y como personas negras y afrodescendientes. También tenemos el deseo de constituirnos como un espacio de socialización, de información e intercambio. Por ahora, el foco de trabajo va a ser Paraná porque vivimos y trabajamos acá, pero la idea es conectarnos con otras personas que estén viviendo en algunas otras localidades de Entre Ríos. Teniendo en cuenta esos objetivos, los ejes de trabajo hacia los cuales pensamos orientar la red son la migración, la identidad étnica, el género y la cultura.

RD: Nuestro primer objetivo, y a corto plazo, es poder tener un espacio en el cual poder discutir un poco de la dinámica de ser afros y migrantes en Paraná y su área metropolitana.  Queremos conocernos un poco más y charlar sobre lo que vive cada quién. También entendernos como migrantes y ver las posibilidades que tenemos en la ciudad y en Entre Ríos. La idea de esta red es encontrarnos a nosotros mismos. A veces, uno siente cierta clase de desconexión cuando es migrante. Eso es inherente a la condición de migrar, pero también una desconexión con sus saberes ancestrales, con su memoria histórica, con su memoria cultural, con la construcción de identidad que es permanente. Encontrarnos con los afrodescendientes o personas negras que estén en la ciudad nos va a permitir a nosotros reconectarnos entre nosotros mismos no en función de convertirnos en un gueto sino de intercambiar saberes y ponerlos al servicio de la sociedad porque al final lo que nosotros queremos es que la gente sepa que estamos aquí, que somos parte de esta sociedad y que también estamos para construir identidad de ciudad. Por último, siempre está bueno recordar que migrar no es un delito y que los migrantes siempre traemos algo que aportar a la sociedad. El que migra no solamente lo hace con necesidades, sino que también migra con el objetivo de tener una vida mejor y eso implica trabajo y esa fuerza de trabajo la ponemos a disposición de la comunidad.

 

¿Tienen un estimativo de cuántos africanos o afrodescendientes viven en Paraná?

VL: Una referencia es tomar el censo de 2010 en el que se incluye por primera vez en Argentina la pregunta por la afrodescendencia. Ahí habría que ver cuántas personas se reconocieron como tal y comparar a la fecha de hoy. Nosotros no tenemos esa cifra. No es nuestro punto de partida. Queremos comenzar, a partir de la creación de la red, a conocernos y saber quiénes somos, cuántos somos, qué hacemos y de dónde venimos. En este sentido, hay una cuestión que hemos charlado con Rafa y que ha sido motivadora de la creación de esta red y es el hecho de disputar sentidos en relación a la afrodescendencia porque hay una cuestión vinculada a la autopercepción, pero aparece una tensión cuando esa autopercepción allana todas las complejidades que implica ser una persona negra o afrodescendiente o africana en un país que históricamente se ha reconocido como blanco y europeo. Ahí aparece otro punto de tensión y de conflicto que a nosotros nos resulta muy enriquecedor y súper chévere de explorar. Se trata de estas limitaciones entre la autopercepción y quienes fenotípicamente o étnicamente se reconocen como personas negras o afrodescendientes. Llamo la atención sobre esto porque estos límites entre la autopercepción y una pertenencia étnica concreta son los límites entre que una persona sea racializada o experimente prácticas de discriminación o de fetichización de su cuerpo, de sus costumbres, de sus prácticas culturales, de su origen. Eso pasa muchísimo en relación a los varones afros. Tenemos esta cuestión de los estereotipos como que tienen el pene grande o que cogen bien. Esto conlleva cargar, enfrentarse y luchar todos los días en la vida cotidiana con estos preconceptos en torno a nuestra identidad cultural. También pasa con la sexualización de muchas mujeres negras, de su cuerpo, de sus rasgos.

 

 

¿Qué opinión tienen sobre la receptividad de los paranaenses en relación a los extranjeros?

VL: En mi opinión, Paraná es una comunidad compleja pero no cerrada. Es bastante permeable, aunque dada la escala -esto puede ser controvertido o discutido de muchas maneras- pienso que todavía enfrenta muchas tensiones entre lo rural y lo urbano. Por ahí, no se permite socioculturalmente reconocer la cantidad de extranjeros que eligen Paraná para estudiar, conformar una familia, trabajar y en muchos casos venir a pasear. Por ejemplo, cuando vino mi mamá por primera vez no fue fácil encontrar cosas que sean típicas de Paraná. En ese sentido, el turismo tiene una cuota importante de responsabilidad en el fomento de esa receptividad hacia la comunidad extranjera. Pienso que los programas de turismo apuntan mucho a un turismo porteño o a un turismo más nacional pero también viene muchísima gente del extranjero. Por otro lado, cuando fui a votar por primera vez, a la salida de la inscripción del registro me encontré que éramos varias personas con deseos de votar en esta ciudad. Esto implica que hace más de dos años teníamos residencia permanente en Paraná. Somos una gran comunidad extranjera y eso no está tan visibilizado. En ese sentido el deseo de la red es contribuir con esos procesos de adaptación. En otro orden, en relación a los trámites burocráticos, con frecuencia, nos encontramos con muchos obstáculos. Para nombrarte un solo ejemplo: Paraná, siendo capital de provincia, no tiene oficina de migración; entonces si quieres tramitar tu documento tienes que viajar hasta Concepción del Uruguay cuando eso debería ser una función administrativa que pueda realizarse en una capital de provincia. Parecen cosas anecdóticas pero que afectan muchísimo. Para todas las personas extranjeras que conozco que tuvieron que tramitar su documento con residencia en Paraná fue un dolor de cabeza. Así, muchísimas otras cosas, como convalidación de títulos universitarios o la autenticación de otros documentos legales.

RD: Quisiera agregar que esta ciudad tiene una tradición histórica de inmigrantes. Entonces, siempre ha tenido ese potencial de abrirles las puertas a las comunidades migrantes que es algo muy bueno para rescatar. Creo que con eso se abre un poco el espectro para entender que Paraná siempre ha sido un espacio para el cruce de interculturalidades, de interacción y de conocimiento. Esto es muy importante para conocerse a sí mismo como parte de esta Paraná que nos cobija a todos. Agregaría además que es importante entender el contexto histórico porque más allá de reconocerse a sí misma como una nación blanca muy europeizada también encuentra que ha habido un legado no solo ancestral de los pueblos originarios sino también un legado del pueblo negro. Entonces, lo que nosotros queremos hacer con esta Red es, por lo menos, empezar a entablar conversaciones de lo transversal que es para cada persona identificarse como gente negra, raizal, palenquera, afrodescendiente o directamente africano. Esas disputas en lo cultural tienen que ver y está ligado más allá de la puesta en escena que puede llegar a significar el uso, si se me permite el ejemplo un poco grosero, de los tambores, del candomblé y del carnaval. También entender que las identidades negras son más que eso, son más que la corporalidad y que la expresión, sino que implica también un número de incidencias buenas y malas. Me refiero por ejemplo a la discriminación estructural, a la pigmentocracia, a los estereotipos del cuerpo, del pueblo, de los estados de ánimos, de la salud mental. Es importante poder entablar esas conversaciones desde nuestra perspectiva que somos los que llevamos este tono de piel.

 

¿Conocen experiencias similares en otras ciudades?

VL: Hay tres iniciativas que tienen una gran trayectoria y que yo tomo como referencias. La primera, la compaña Migrar no es delito que se ha ocupado de controvertir esta idea, este preconcepto de que los extranjeros venimos a quitarle el trabajo a los argentinos y a las argentinas, de que venimos a estudiar gratis, de que venimos a delinquir o el tan conocido prejuicio que también se ha desplazado hacia la comunidad extranjera de que venimos a cobrar un plan y a no trabajar. En ese sentido, la campaña Migrar no es delito está haciendo una gran tarea. A una escala más chica también está el Bloque de trabajadores migrantes que tiene sede en Buenos Aires y que agrupa a comunidades extranjeras de muchísimos orígenes. Ofrecen asesoría jurídica y apoyo en este tiempo de pandemia porque hubo mucha gente que no pudo salir a trabajar o que se la llevaban presa o que necesitaba tramitar subsidios que les permitieran mantenerse durante el tiempo que no pudieron trabajar de forma regular. Por último, un proyecto que para mí es re bonito que no tiene que ver con afrodescendientes, pero que cuestiona estas problemáticas sobre la identidad étnica y cultural es Identidad marrón. Son personas paraguayas, bolivianas, peruanas que se agruparon de acuerdo a un tono de piel. Desde ahí reivindican su presencia en la Argentina. Tiene mucho cruce transversal con la migración. No solo está conformado por personas migrantes sino también por personas argentinas descendientes de personas bolivianas, paraguayas, peruanas. Para mí, esta es una iniciativa muy potente en el contexto cultural argentino porque hinca el diente sobre este tema tan polémico y conflictivo que no deja de tener un asidero en la realidad que es el hecho de que estamos gobernados por un régimen del color en el que las personas con un tono de piel más claro detentan ciertos privilegios que quienes tienen un tono de piel más oscura. Todas las variables y todas las conflictividades que puedan aparecer en torno a ese detalle, Identidad marrón las está trabajando muy bien, no sólo desde el punto de vista social sino desde el punto de vista artístico. También trabajan en clave de género que es muy importante. Obviamente, existen otros proyectos, pero con las que más me siento identificada son esos tres.

 

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