21 de enero de 2022

Las muertes del 2001

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS MARÍA MERCADO DOVAL

 

Las conmemoraciones no siempre nos traen buenos recuerdos, tampoco los homenajes, nos invitan a reflexionar sobre lo sucedido y revisar. En ese repaso hay dolor, hay una búsqueda que no cesa, palabras que no se pueden decir, porque hieren, todavía.

Este mes se cumplen 20 años de las movilizaciones del 19 y 20 de diciembre de 2001. Días del horror, momentos angustiantes, piquetes, crisis, devaluación, corralito, bonos, descontento social, el primer mandatario huyendo en un helicóptero, el desfile de cinco presidentes y juras frente a biblias que duraban un día. Hambre, pobreza, cacerolazos, «¡Que se vayan todos!», incertidumbre, saqueos, huelgas, estado de sitio y muerte. Sí, por sobre todas las cosas, la muerte. En esas duras jornadas en nuestro país (la debacle se venía palpitando hacía tiempo pero con el comienzo del mes de diciembre recrudeció) personal de seguridad del Estado y privados asesinaron a 39 personas. En Entre Ríos, en Paraná, las víctimas fueron tres: Rosa Eloísa Paniagua, Romina Elizabeth Iturain y José Daniel Rodríguez.

 

 

Eloísa

 «Dos menores murieron en la represión de los saqueos», titulaba El Diario de Paraná en la tapa del viernes 21 de diciembre. La menor de ellas era una chiquilla de 13 años que había pasado a septimo grado en la Escuela María Reina Inmaculada. La foto que recorre los medios para recordarla es con su vestido de la comunión, carita de niña, casi un ángel.

Era el mediodía del jueves 20 y por altavoces empezaron a decir que en el ex Abud de calle San Juan estaban entregando bolsones de comida. Los Paniagua eran -son- una familia humilde, la pequeña Eloísa y su hermanito salieron rápido al supermercado a ver qué podían rescatar. Al llegar se encontraron con el desmán de los saqueos, los mandaron a matar, el anuncio era falaz, así que se volvieron al barrio, al Maccarone. En ese regreso comenzó la persecución hacia las personas asistentes, fuerzas policiales reprimieron con una balacera sin medida. Los niños y otros iban atravesando el Parque Escolar Enrique Berduc, a casi 200 metros de su casa, estaban arrinconados y cayó Eloísa al suelo luego de que un proyectil le diera en la cabeza. Se murió con las manos vacías, ella que había ido por un poco de arroz y pan. A la niña la enterraron con un jean nuevo que a su papá Julián le costó mucho comprar, signo de humildad y eterna belleza.

El asesino es el cabo Silvio Martínez -el único que enfrentó a la justicia por las muertes de ese año en Paraná-, él fue quien empuñó la 9 milímetros que le dio muerte a la niña. Se había bajado de su Fiat Duna blanco, la bala entró por la nuca. Cosas del destino, él mismo fue quien trasladó a la pequeña, casi moribunda al Hospital Materno Infantil San Roque en donde moriría esa noche, a las 21.30. En 2009 el cabo obtuvo el beneficio de la libertad condicional pero de los autores intelectuales aún no hay noticias. En el lugar donde murió la joven se hizo una placa recordatoria; luego de unos años solamente queda el monolito pelado.

La pequeña tiene una calle que la nombra y recuerda en el corazón mismo de su barrio, por Ordenanza 9952/20. En una entrevista realizada a la concejala Luisina Minni, impulsora de la normativa que nombra la calle, decía: «La iniciativa de nomenclar una calle de nuestra ciudad con el nombre de Rosa Eloísa Paniagua surge a instancias de la Dirección de Derechos Humanos de la Provincia de Entre Ríos y de la Dirección de Derechos Humanos de la Municipalidad de Paraná, mediante una nota que presentaron los vecinos y vecinas del barrio Maccarone, que era en el cual vivía Eloísa. La importancia de esto, resulta de la necesidad de mantener viva la memoria y recordar una de las épocas más oscuras de nuestra provincia. La familia de la menor tomó un lugar preponderante más que nada el día de la inauguración. Un detalle a resaltar es que la arteria que se nomencló es justo la cuadra donde viven el padre y hermanos de Eloísa y, por supuesto, donde vivía la menor hasta el día del trágico hecho. El 20 de diciembre de 2020, a 19 años de este día tan adverso que marcó uno de los peores momentos que vivió la democracia de nuestra país y nuestra provincia, se inauguró esta calle con su nueva denominación. El acto fue sencillo, pero muy emotivo. Al mismo asistieron familiares, vecinos, amigos y amigas de Eloísa. Al momento de escuchar las palabras del padre de Eloísa, se notaba su emoción y destacaba la importancia que merecía la nueva nomenclatura tanto para el barrio como para todos los que querían a Eloísa».

Muestra del apoyo que tuvieron los familiares de la pequeña es el titular del diario Uno: «Maccarone en pie de guerra» del domingo 23 de 2001. Días después del trágico hecho los vecinos y allegados, en procura de respuestas y de encontrar responsables, realizaron marchas y pedidos de justicia, reclamando frente a la Comisaría 8° de calle Laurencena, próxima al barrio.

 

 

Romina

La adolescente de 15 años también tiene una calle que la recuerda. Son dos cuadras largas en la zona del ex Wall Mart, dónde si no, si allí la alcanzó un balazo mientras estaba tomando mates con la prima en la vereda en las cercanías del hipermercado. En ese lugar, una bala perdida dio en el pecho de Romina quien se encontraba celebrando el fin de año con Andrea, una familiar. Había pasado a tercer año en la escuela De la Baxada luego de aprobar inglés y matemática. Mientras, un grupo de policías dispersaba a tiros a personas que intentaban ingresar al súper. Las tareas de prevención de saqueos al local comercial se extendieron más allá de los límites del predio en la huida de varias personas que comenzaron a meterse en casas de la zona. La niña murió antes de llegar al Hospital San Martín, fue un primo más chico que ella quien la auxilió y la llevó hasta la ambulancia. Los hechos, durante esta veintena de años, aún no se han esclarecido. Entre el pecho y la espalda prima el corazón, nunca una bala.

La Agencia Radiofónica de Comunicación de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos realizó en 2004 una serie de micros llamados: 19 y 20 de diciembre. Más de 1000 días después. Entre ellos está una entrevista al papá de Romina: Mario: de protagonista a víctima. «El tema es que me hija viene y muere bajo las balas de esos hipermercados que no quisieron dar nada (…) de los policías que son los que tienen que cuidarnos a nosotros (…) y que cuidaban los hipermercados que no le dieron ni un litro de leche a la gente (…) Cuando pasa lo de Romina, que fue a las cuatro de la tarde, yo vengo de trabajar y me puse a mirar los movimientos y toda la situación que se estaba viviendo en Wall Mart, en Coto, pero jamás se me puso que Romina pudiera estar en peligro, si no agarraba mi Renoleta modelo 70 y me la traía, porque ella estaba a 300 metros del supermercado, en una casa de familia, metida en el medio de la chacra (…). Yo como padre pienso, no sé si es una idea, justicia por Romina no va a haber, a su vida no me la devuelven más, lo que sí tiene que haber es esclarecimiento de los hechos, por la sociedad, para que esto no siga pasando, para que no haya más gatillo fácil, tanta negligencia en las fuerzas policiales, que tienen armas y el pueblo está indefenso (…) uno cuando le pasan las cosas deja de ser protagonista y pasa a ser víctima…» Mario falleció en julio de 2019, producto de un incendio en su casa ubicada en el barrio La Floresta. Hasta sus últimos días siguió buscando justicia para su hija.

Su mamá, Cristina Puebla, relata que, intentando encontrar respuestas ante tan doloroso hecho, llegó a viajar a Buenos Aires, a entregarle un petitorio al ex Presidente Néstor Kirchner. Habló personalmente con él, luego por teléfono y a través de cartas. Aún hoy se le hace imposible hablar mucho, se ahoga.

La Ordenanza que dio lugar al nombramiento de la calle es la 9330/16 propuesta por quien fuera edil en ese momento, Juan Manuel Huss, actual diputado provincial. «Al lugar de la calle, con el tiempo, lo asfaltaron. Nosotros no fuimos a la inauguración, consideramos que quedaba muy escondida, muy atrás, oculto, que nadie la llegaba a ver… Yo hace años que no vivo por allá ni voy por aquellos lados… Han pasado muchos años, a veces no recuerdo todo…» sostiene Cristina.

 

 

José Daniel

Este hombre de 25 años militaba en la Corriente Clasista y Combativa, se encontraba desocupado, vivía con una familia amiga por la zona de Ameghino y Mosconi y era oriundo de Bovril, Departamento La Paz. En la búsqueda de información sobre su muerte hay que retrotraerse al día 2 de enero de 2002: «Sospechan que un cadáver hallado el lunes es de un hombre asesinado en los saqueos», informaba el diario Uno. Por aquellos años le decían Parque Nuevo al Parque Varisco y allí es donde apareció su cuerpo la noche del 31, semitapado con tres neumáticos viejos, golpeado y quemado. Había sido detenido frente al ex Wall Mart en la media tarde del día 19 cuando estaba pidiendo comida, como tantos. Al no saber de su destino, en la jornada siguiente la CCC había presentado un hábeas corpus en los Tribunales para que se estableciera el paradero.

Es en esa zona donde se creó la Plaza 20 de Diciembre y, en 2004, se impuso un monolito con una placa que recuerda a las tres víctimas de la represión estatal en aquellas cruentas jornadas.

 

 

 

 

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