21 de abril de 2024

La historia del cine que proyecta una época

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS FRANCO GIORDA

 

 

Desde la perspectiva de la microhistoria se puede dar cuenta de un tiempo y de un lugar a partir de un enfoque celular. De este modo, la investigación de un sujeto o de un caso individual permite también conocer cualitativamente una época. Abordar el pasado con un microscopio, respaldado por la metodología y la evidencia correspondiente, supera la anécdota para integrar la comprensión integral de un momento. Indagar en personas (muchas veces anónimas) y hechos de la vida cotidiana, que suelen quedar por fuera de los anales o las memorias más abarcadoras y sintéticas, habilita un acercamiento y una humanización de los procesos sociales que forman parte de la identidad compartida.

Esto es lo que sucede al leer Cine Bavio. Una historia paranaense con mística de barrio del periodista y docente Claudio Cañete y editado este año por la Editorial Municipal de Paraná. Sus páginas enriquecen la mirada sobre la historia cultural de la capital entrerriana en general y de su fecunda relación con el cine en particular, a partir de la reconstrucción de lo sucedido con una sala de proyección ubicada por fuera de los principales circuitos de exhibición de la ciudad.

El libro aporta información sobre el cine Bavio del cual había, hasta el momento, escasísimos y desperdigados registros. Estuvo ubicado en la esquina de las calles Bavio y Courreges, donde en la actualidad se levanta un complejo de departamentos y locales comerciales. Para más referencias, se ubicaba frente al Almacén de los 33, donde supo funcionar un negocio del rubro indicado y, en el presente, tiene lugar un espacio cultural.

 

 

El fundador del cine Bavio fue el emprendedor, de características aventureras, Manuel Guiter, quien, además de esta experiencia, supo llevar adelante negocios de distinta índole. Gracias a la investigación de Cañete se sabe que el nombre de la sala cinematográfica fue elegido por votación del propio vecindario durante unos bailes organizados en 1946, año de la inauguración de la sala. Esos encuentros danzantes fueron organizados por el club Sportivo Bavio, institución que ya tampoco existe, que se dedicaba al fútbol y que estuvo hermanada, en el seno barrial, con el cine en cuestión.

La reconstrucción de Claudio está sustentada en el hallazgo de un tesoro de la arqueología social y cultural de Paraná: una tarjeta de invitación a las mencionadas reuniones festivas en los últimos días de abril y comienzos de mayo de 1946 donde se anunciaba: «Próximamente: inauguración de la Sala Cinematográfica. Colabore con la empresa. Sugiera el nombre que debe llevar el Cine. Vote el sábado». Este documento se completa con el testimonio de familiares de Guiter, negativos de fotos inéditas, otros archivos y el aporte de memoriosos que vivieron en ese barrio o que asistieron a aquel cine hacia mediados del siglo XX.

 

 

El autor señala que construyó la obra bajo la impronta de una «crónica coral», en la que los aportes (no necesariamente coincidentes) de múltiples actores constituyen el material sobre el que se basa el trabajo. Estos datos fueron incorporados a una contextualización histórica de la mencionada esquina de Paraná en la que se cruzaban «las luces del centro, el bullicio del mercado central y el clima de barrio de casas bajas».

El Bavio se caracterizaba por ser «el cine de las películas de Gardel». Dada su modestia económica, no proyectaba estrenos (como sí lo hacían en ese momento el Rex, el Mayo, el Select, el Ideal, el Sáenz Peña y el Círculo que estaban incluidos en el circuito de las distribuidoras que traían las novedades a la ciudad), pero que se destacaba por exhibir regularmente viejas películas protagonizadas por el zorzal criollo. Si bien el cine empezó a funcionar más de una década después del fallecimiento trágico del ídolo popular, sus protagónicos siguieron convocando gran cantidad de público.

 

 

La capacidad de la sala era para 277 personas. La calidad de las películas no era la mejor y no era raro que se cortara la cinta en plena función. Por lo que muchas veces los espectadores, según cuenta Manuel, el hijo de Guiter, «pedían la cabeza» de su padre, quien al parecer sabía escabullirse a tiempo para zafar de los reclamos.

Otra información destacada lograda por Cañete es que el cine comenzó siendo un emprendimiento privado y terminó finalmente administrado por el Municipio. Incluso, formó parte del Programa de Cinematografía Escolar implementado desde el Estado provincial por aquellos años.

La narración también se deriva hacia temas que, sorprendentemente en muchos casos, se relacionan con el cine como la historia del Recreativo Bochas Club; una errata periodística sobre Eva Perón; las visitas de Gardel a la ciudad; la fisonomía de la urbanidad; la llegada de los circos y la muerte de un león que terminó siendo embalsamado y exhibido en el museo de Ciencias Naturales Antonio Serrano.

 

 

Con este libro, de alguna manera, Cañete completa Fotogramas. Historia de los cines en Paraná (Editorial Fundación La Hendija, 2017), otra de sus obras, en la se ocupa «del cine como arte, práctica cultural y fenómeno popular» en la capital entrerriana desde la primera proyección cinematográfica hacia fines del siglo XIX hasta la actualidad.

Cine Bavio. Una historia paranaense con mística de barrio corre el velo del olvido para rescatar un episodio significativo de la historia cultural de Paraná y, al mismo tiempo, traza numerosos caminos para seguir indagando en un pasado que constituye un perfil de ciudad y una forma de ser en el mundo.

 

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