21 de abril de 2024

Juan, como si nada hubiera sucedido

TEXTO 170 ESCALONES

 

 

El 5° FICER ofrece la posibilidad de ver en pantalla grande algunos clásicos del cine nacional que, por diversos motivos, no han sido estrenados. Uno de esos casos es el del documental de 1987 Juan, como si nada hubiera sucedido, realizado por Carlos Echeverría en los albores del gobierno constitucional de Raúl Alfonsín. La función lleva el sello de 40 años de Democracia Argentina y podrá visionarse en sus 164 minutos de duración el jueves 7 a las 15.30 en la sala mayor del Centro Provincial de Convenciones.

En esta producción, el director investiga la desaparición de Juan Herman, un estudiante de Bariloche, ocurrida en 1977 durante la dictadura cívico-militar. Parte de esta obra fue utilizada como material adjunto a la causa que, en 2019, condenó a los responsables por la detención ilegal.

 

 

La película, que tiene guion del mismo director junto a Osvaldo Bayer (con quien poco antes había filmado Cuarentena durante el exilio del escritor en Alemania y su regreso al país), constituye uno de los primeros testimonios sobre el terrorismo de Estado ocurrido en el período inmediatamente anterior (1976-1983). En su momento, no pudo ser estrenada y circuló de forma casi marginal proyectándose en sindicatos, centros de estudiantes, espacios culturales y distintas emisoras de televisión. Con el tiempo, este documental apto para todo público adquirió la talla de un clásico.

«Las proyecciones arrancaron en 1987 y siguieron en 1988 y 1989 cuando llevaba, a donde me convocaran, un proyector 16 milímetros. Eran convocatorias de sindicatos, municipios, universidades. La Universidad Nacional de Tucumán, en su Canal 10, la difundió sin cortes en dos oportunidades durante 1988», recordó el director. «Luego siguió una gran tarea de difusión a cargo de Fernando Martín Peña, especialmente en universidades y escuelas de cine. En paralelo, a lo largo de los años 90 la película, tanto en celuloide como en video, fue haciendo su propio camino. De pronto me enteraba de que se había proyectado en la Universidad de Berkeley o en la de Londres, así como de la escritura de monografías a partir de su visionado en diversas facultades de nuestro país. Lo que más me sorprendió de esa etapa fue enterarme de que varias personas se decidieran a estudiar cine o carreras humanísticas a partir de su encuentro con la película», reveló. «Seguramente lo que aumentó su conocimiento fue que a partir del año 2003, con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, no pocas películas, especialmente documentales que hasta ese momento estaban vedados en los medios electrónicos, llegaran a las pantallas de la televisión pública nacional y, poco después, al canal Encuentro. Más tarde, el desarrollo de las plataformas de Internet permitió un gran alcance y conocimiento de este documental en todo el país», comentó Carlos.

En sus años de existencia, Juan, como si nada hubiera sucedido fue promotora de proyecciones, debates, conferencias, trabajos audiovisuales y académicos. «Resultó lo que yo quería: el pueblo se ha apropiado de ella, y hay compañeros muy queridos como Fernando Martín Peña, Roger Koza, así como Claire Allouche y en este caso Eduardo Crespo (director artístico del FICER), que tomaron la posta y continúan presentándola ante el público», señaló Echeverría. El realizador también rescató que, con el tiempo, se vieron otras consecuencias de la película. Una de ellas fue que en diversos pueblos y provincias argentinas numerosos cineastas encararon la misma tarea dedicada a sus desaparecidos y a la denuncia de sus desaparecedores. Por otro lado, resaltó tanto la utilización de los registros fílmicos como el testimonio de quienes intervinieron en su realización como documentación judicial en la causa que sentenció a los responsables de crímenes de lesa humanidad.

En estos tiempos en los que prosperan discursos negacionistas y actos que intentan desvalorizar la lucha del pueblo argentino por verdad y justicia, la proyección de este material es, además de un sencillo acto cinematográfico, un aporte esencial a la construcción de memoria.

 

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