3 de octubre de 2022

«Jesús López» está en su casa

TEXTO PABLO RUSSO

FOTOGRAFÍAS PELÍCULA JESÚS LÓPEZ Y PABLO RUSSO

 

 

Maximiliano Schonfeld se aleja por un instante de la charla en una de las mesas del patio gastronómico del FICER para conversar con 170 Escalones, en la medianoche del miércoles, sobre la proyección de Jesús López (2021), que tendrá lugar dentro de pocas horas en el marco de esta tercera edición del festival.

El título de este cuarto trabajo del cienasta crespense hace alusión al nombre de un temerario piloto de carreras de Fiat 600 que pierde la vida en un accidente de moto. Su tímido primo Abel busca reemplazar al muerto: se hace amigo de sus amigos, empieza a salir con su novia, se viste con su ropa y adopta su actitud desafiante. Esta transformación alcanza el punto culminante en una competencia automovilística en homenaje al joven fallecido, donde Abel conduce la máquina de Jesús. El guion fue elaborado entre Schonfeld y la escritora Selva Almada. El rodaje se realizó en Valle María y cuenta con las actuaciones de Joaquín Spahn, Lucas Schell, Sofía Palomino, entre otros. La realización ha ganado el premio a la mejor película de ficción en el Festival de Biarritz (Francia) y en la sección América Latina del Festival de Mar del Plata.

La proyección de esta producción entrerriana en la sección Competencia Internacional está programada para el jueves a las 20 en la Sala Mayor del Centro Provincial de Convenciones, con entrada libre y gratuita.

 

 

 

¿Qué implica para vos después de este recorrido exitoso por festivales internacionales, la llegada al FICER de Jesús López?

Por un lado, hay como una contradicción, porque siento que este es el lugar donde tendría que haber empezado la película, siento que es de acá. Esta es la casa, no solamente de Jesús López sino de todas las películas entrerrianas. Así que estoy muy feliz de que se encuentre con la gente del lugar y ver qué sucede.

 

¿Cómo fue la gestación, que pasó con la interrupción pandémica y cómo la pudiste terminar?

El proyecto nace de un momento de crisis que tuvimos con la coguionista, Selva Almada. Estábamos trabajando en otro proyecto, El hombre brillante, y en un momento de crisis de no encontrarle la vuelta al guion sacamos una historia que tenía escrita, que era más grande, sobre el hijo prodigo, que estaba solamente escaleteada. A partir de ahí encontramos la génesis de lo que nos interesaba y lo que nos atravesaba, sobre todo. Así empezó el proyecto, en un momento de crisis de otro proyecto con una historia que había escrito hace mucho tiempo.

Estábamos filmando casi en paralelo con la película de Edu Crespo que se acaba de pasar en la apertura (Nosotros nunca moriremos), estábamos a pocos kilómetros, de hecho, nos veíamos los fines de semana. Él la alcanzó a terminar, a nosotros nos agarró la pandemia en la tercera semana de rodaje y tuvimos que parar nueve meses. En ese tiempo editamos, trabajamos, pensamos la película, ganamos algunos fondos, y eso nos permitió volver mejores, realmente, con la puntería mucho más aceitada.

 

 

¿El equipo y los actores los pudieron mantener después del parate?

Era un tema, teníamos miedo con lo que pasara con los actores y actrices de acá, de Entre Ríos, sobre todo los no profesionales; pero la verdad que tuvimos suerte, nadie se pinchó, todo se mantuvo más o menos igual. Un par de meses antes empezamos a trabajar los looks para ver cómo estaban las barbas, los pelos. Y respecto a los técnicos, se filmó una serie grande en Argentina, El reino, si no me equivoco, y Jesús López fue casi lo siguiente, entonces estaban los técnicos y técnicas sin trabajo, por lo cual fue fácil volver a convocar a la misma gente. El 80% del equipo técnico se repitió.

 

¿Por qué Valle María como locación?

Porque en un momento íbamos a filmar en otro lado con la intención de ir rotando los espacios, ganamos un concurso, nos dimos cuenta que no nos alcanzaba el dinero para hacer la película y que si filmábamos en Valle María teníamos aseguradas algunas cuestiones de logística. Más allá de que me gusta y me siento como en casa, la decisión fue ahorrarnos cuestiones de logística.

 

Y más allá de esta decisión de logística ¿Por qué volvés casi siempre a filmar a Entre Ríos?

Ahora me estoy como despidiendo. Si bien estoy terminando unos docus, el próximo proyecto de ficción lo estoy pensando para otros lugares. Hasta ahora las historias crecen creativamente desde Entre Ríos, desde acá. Pero van pasando los años y uno va teniendo otras experiencias que ya empiezan a suceder en otros lugares. Ahí se va desarrollando como una motivación. Por otro lado, acá hay una comodidad para filmar, es sentirse muy en casa, tener mucha ayuda de los lugares, de la gente. Hay mucho valor agregado, simbólico y real.

 

 

¿Cómo fue coordinar el trabajo de escritura con Selva Almada?

Bien, fue prueba y error. Si bien somos muy amigos ella no viene de la escritura del guion. Escribía como escenas satélites, personajes que tienen que ver más con la literatura, leer mucho en voz alta para ver como era la sonoridad de los diálogos y la película. Fue una experiencia muy distinta a lo que es trabajar con otro guionista que uno piensa en estructura, curvas dramáticas o ves referencias de películas. Con Selva no hablamos casi de películas, pensamos mas en libros o en referencias teóricas.

 

¿Qué referencias tuvieron, qué libros discutían?

Algo muy loco, en un momento ella había terminado de leer la biografía de Carlos Menem, había un capítulo en el que hablaba de la sustitución del hijo, cuando muere Carlitos Junior y llevan a Nair a la Quinta de Olivos. Ese fue el primer libro que tomamos como referencia. Después, todo el tiempo iban pasando libros o partes de libros, pero sé del primero que hablamos y me acuerdo hasta el día de hoy es sobre la biografía de Menem.

 

¿En qué estás trabajando ahora?

Estamos acá en el FICER con Luminum, un documental sobre ovnis que se presentó en (el Festival Internacional de) Mar del Plata, en work in progress. Faltan algunos procesos para terminarlo. Estamos terminando un documental con la adaptación de una poesía de Julián Bejarano, que me está llevando cuatro años de rodaje porque es muy difícil la poesía. En breve me voy a una residencia a desarrollar una adaptación de Frankenstein. Y tenemos que terminar, porque ganamos un concurso, otro guion con Selva, que hay que escribir, para un largo. Después, estamos desarrollando hace un montón, un guion inspirado en el universo de Chicas muertas; es una serie que escribimos con tres guionistas más.

 

¿Todo eso a la vez?

Todo a la vez. Sí, sí, sí. Estoy un poco agostado mentalmente, porque necesito que alguna se termine

 

¿Lo de Frankenstein cómo lo estás pensando?

Lo primero que escribí -ahora lo tengo que desarrollar en esta residencia-, es el monstruo buscando a su creador, emergiendo de Entre Ríos pero atravesando una Argentina más contemporánea. Sí quiero que el monstruo sea Benigno (Lell), que viene actuando en todas mis películas

 

¿De qué género sería?

No sé, pensé que la película trabaja sobre Frankenstein, así que ella misma puede ser un Frankenstein; puede tener partes, una más de género, otra más documental. Me seduce mucho la idea, incluso en distintos formatos: digital, fílmico, minidv. Pero no lo sé, lo escribí hace muy poco.

 

 

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