30 de septiembre de 2020

Huellas en la piel de la ciudad

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

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La producción artística y la acción política callejera presentan una vitalidad pujante en Paraná. Murales con tapitas plásticas, fragmentos de espejos, esténciles, pintadas coordinadas por expertos impulsadas incluso por el Estado desde hace más de dos décadas (con el programa «Todas las manos»), y otras acciones de intervención desarrolladas meticulosamente por artistas o grupos políticos se despliegan en los diversos barrios. Pero están también los mensajes urgentes, los diálogos imprevistos trazados sin cuidar la línea. Entre estos, los más sublimes y llamativos son aquellos que se corren de la norma, que se nutren de la inventiva popular, que utilizan la confesión anónima o la ironía. Asimismo, aquellos que sobreviven al paso del tiempo, convirtiéndose en piezas antropológicas de los mensajes políticos. Las pintadas a mano alzada en las paredes son como huellas en la piel de la ciudad. El transeúnte aturdido por la cotidianidad de su rutina puede ignorar estas marcas de nuestra urbanidad, que serán sin embargo celebradas por los amantes de las derivas callejeras. Aquí, un mapa sin norte sobre este arte rupestre actualizado a cada minuto, aerosol en mano. Me voy corriendo a ver, que escribe en mi pared, la tribu de tu calle.

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Para decodificar ciertos mensajes, por ejemplo los futbolísticos, es necesario correrse de la lectura literal, denotada. «Paraná Gatos!», como se puede ver en las paredes del ex hipódromo, no refiere precisamente al amor local por los felinos, sino a los hinchas del decano. Como así también el «Urquiza puto», en Paraguay y Diamante, no trata sobre una consigna rosista o lopezjordanista, y acaso esté exclusivamente relacionada con el popular juego de pelota. El «Perdón Padre Grella por transformar este templo en un infierno», que se va desdibujando con los años a la vuelta del estadio sobre calle Churruarín, no parafrasea al poema «Una temporada en el infierno», de Arthur Rimbaud. Sin embargo, todo es poesía de curso ilegal, como las frases del Indio Solari, el compositor más replicado en los muros: «Si no hay amor, que no haya nada entonces». Hasta no hace mucho, aún se observaba frente a la cárcel una elegante frase del grupo Acción Poética Paraná, en letras negras con su clásico fondo blanco: «Duermo poco… Sueño mucho». Como se la dejaron picando en el área chica, el tipo fue y le agregó con impulsiva iconoclasia: «con tu hermana».

 

 

 

En el barrio Los Gobernadores no se preocupan por la silueta perfecta. «Te amo gordita» es la sincera declaración de amor que alguien reseñó a metros de la avenida Pedro Zanni. Al contrario, etérea y espinetteana resulta la pintada de Almafuerte y 3 de Febrero, «Orbitar con vos»; y más consciente de la finitud de la vida cuando esta se agita en el camino de los excesos, aquella frase cerca de la esquina de Dupuy y Soler: «Si no me mata la droga me mata tu amor». Porque es así, siempre hay algo que nos liquida, la droga, el amor, o el Fondo Monetario Internacional del mensaje agregado debajo.

 

 

 

 

En el Cristo, Cristo vence

«Si la prensa es del capital, las paredes son nuestras», sostiene una vieja leyenda anarquista que no pierde actualidad. Entre la discusión mural (tomo el concepto prestado de Franco Giorda), uno de los capítulos más furiosos, universal y a su vez local, es el que enfrenta a fascistas con libertarios. En esta ciudad, ranciamente conservadora y por demás ultracatólica, esta pelea parece que la ganan los fachos, al menos en la producción simbólica callejera. Para muestra sobra un botón: la pintada que propone «Ni Dios ni Patria ni Patrón», en Enrique Carbó y avenida Ramírez, ha sido reformulada por un contundente «Sí» a todas estas ataduras. Lo más llamativo es la firma compuesta de una «V» con la cruz arriba, que significa «Cristo vence». La misma señal que llevaban en sus alas los aviones navales que el 16 de junio de 1955 bombardearon y ametrallaron la Plaza de Mayo en Buenos Aires, poco antes del golpe de Estado a la segunda presidencia de Juan Domingo Perón.

 

 

Las pintadas como una fractura expuesta

Las pintadas, y sobre todo los afiches, duran mucho menos que los monumentos, pero algunas persisten más allá de su época histórica. En Laurencena y Ramírez, la publicidad de Daniel Scioli se desgrana como la ucronía de su presidencia, mientras que al fondo un Perón de bronce se mantiene incólume de los vaivenes electorales. Otros muros en diversos rincones de Paraná dan cuenta de pasadas batallas políticas. ¿Habrá, acaso, algún arqueólogo de las paredes que pueda desentrañar las pasiones militantes de estas latitudes? El trabajo de campo podría incluir la zona del Lomas del Mirador II, en donde a nadie se le ocurrió remover esa pintada de «Menem Presidente 2003», quizás por temor a la fama de yetatore que persigue al actual senador nacional y padre político de la criatura contemporánea.

 

 

 

 

Julio Cortázar y el poema anónimo

En una entrevista filmada al gran cronopio por las calles de París a principios de los años ochenta, el escritor se detenía frente a una pared tapizada de afiches para comentar sobre el juego de recuerdos y sentimientos que le disparaba el collage (leer arrastrando las «r»): «Aquí, por ejemplo, esta cantidad de carteles, de afiches que se van amontonando. En general la gente pasa y mira el último, el que está pegado encima. Yo no sé, para mí una pared llena de carteles tiene siempre algo de mensaje, es como una especie de poema anónimo, porque ha sido hecho por todos, por montones de pegadores de carteles que fueron superponiendo palabras, que fueron acumulando imágenes, y luego algunas caen y otras quedan, y los colores se van combinando… Ahí arriba, por ejemplo, hay un verdadero cuadro que se va a seguir perfeccionando porque cuando ese cartel se caiga en pedazos va a ser todavía más hermoso. Pero este tipo de cosas lo que me da a mí, lo que siempre me dio cuando yo aprendí lo que es caminar verdaderamente y perderse en una ciudad, es sobre todo signos. Además de eso que yo llamo el poema anónimo, por darle un nombre, es que ese poema tiene un sentido, hay palabras, hay cosas que continuamente te echan hacia adelante o te echan hacia atrás».

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