19 de enero de 2021

Entre viñetas y cuadritos

TEXTO AQUILES DÍAZ

FOTOGRAFÍAS LA TETA PSICODÉLICA

 

Imaginemos esto. El 8 de diciembre de 1980, en la puerta del Edificio Dakota, John Lennon sobrevive al, ahora, intento de asesinato por parte de Mark Chapman. El artista británico continúa con su vida y un par de años después, cuando estalla la Guerra de Malvinas, se declara en contra de esa disputa. Lennon denuncia que el conflicto bélico es imperialista y una estrategia de Margaret Thatcher para limpiar su figura. Como resultado, a él y a Yoko Ono les quitan su ciudadanía y no pueden volver nunca más a Gran Bretaña. Sin claudicar en su misión de paz, vienen a protestar a Malvinas a bordo de su submarino amarillo. Por supuesto, el dictador Galtieri da la orden de matarlos.

Ahora debo confesarles algo. A esta utopía absurda, con final trágico y algunos atisbos de esperanza, no la acabamos de inventar nosotros. Esto apenas fue un relato de lo que dibujaron, como un cadáver exquisito, Maxi Sanguinetti, Facundo Faca Vázquez y Ramiro Ram Muñoz, los tres fundadores, y Nicolás Mayor, en el Número 3 de La Teta Psicodélica, la primera revista/fanzine de historietas de Paraná. Este fanzine fue publicado entre agosto de 1990 y junio de 1991, y se editaron cuatro números. En estos meses, se cumplieron 30 años de lo que para ellos fue un momento muy importante para sus incipientes carreras como dibujantes y humoristas, en el que llegaron, sin proponérselo ni saberlo, a estar expuestos en un stand de la Feria del Libro de Buenos Aires de 1991.

 

Por qué fanzine, por qué La Teta y por qué psicodélica

«Es como cuando leés el diario del Che y llega el 9 de octubre. Sabés qué va a pasar y no querés seguir, pero eso ya está escrito», expresa, salvando las diferencias, Faca Vázquez. Claro, lo dice cuando terminan la lectura virtual en la transmisión en directo de Facebook, que reunió a los tres fundadores y realizadores de La Teta…, para festejar, 30 años después, ojeando y comentando cada uno de los cuatro números del fanzine.

Pero vayamos al principio. Terminaba 1989, pero nacía un proyecto, aunque ellos no lo sabían. Maxi Sanguinetti, entre otros, exponía en una muestra de humor gráfico en la Sala del Banco Bica de Paraná. Fueron a observarla Ramiro Muñoz y Faca Vázquez, que también eran dibujantes, pero no se conocían entre sí. De inmediato los tres se hicieron amigos y, casualidad o no, se encontraron al año siguiente comenzando la carrera de Comunicación Social en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER.

Entonces vinieron los 90. En el fanzine, lo primero que se nota es cierto espíritu juvenil y artesanal que recorre todas las historietas y también las piezas escritas, que al principio no se iban a incluir. Todas las ediciones tienen humor absurdo, humor sexual, humor negro, pero también aventuras y acción. Las hicieron en formato A5, un poco porque era lo que conocían y otro poco para no complicarle las cosas a la imprenta. Además, recurrieron a saberes de diseño en frío de otras publicaciones que habían realizado: reducir o ampliar en la impresora, cortar y armar palabras en Letraset.

 

 

Ellos querían hacer una revista, como una especie de Revista Fierro local. De hecho, durante su producción «ni le decíamos fanzine, pretendíamos ser una revista. Estábamos muy influenciados por la Fierro, por País Caníbal, la Sex Humor y otras europeas», señala Maxi Sanguinetti. La periodicidad de su publicación tampoco responde al nombre de fanzine: las primeras tres salieron entre agosto y diciembre de 1990.

El nombre transmite perfectamente cierta rebeldía del final de la adolescencia, cierta primera búsqueda de tres muchachos que empiezan la facultad, cierta influencia psicobolche. La Teta… refiere a Ilona Staler, la Cicciolina, famosísima actriz porno italiana que había arribado al Congreso y causaba voluptuosos revuelos. “Psicodélica” se debe a parte de ese humor absurdo que caracterizaba algunas de las producciones. El slogan era “Historietas que aprietan”, para continuar con el guiño sexual.

En una entrevista de 1990, en el por entonces prestigioso programa santafesino Entre mate y mate, que se emitía por Canal 13, Maxi Sanguinetti y Ramiro Muñoz declaraban: «La intención del nombre es llamar la atención. Y también pensamos en cómo ciertas personas la pedirían en un kiosco, si se animarían a pedirla por el nombre».

 

Disparados al infinito

El primer número, que salió en agosto de 1990, constó de 24 páginas en A5 fotoduplicadas, con los títulos realizados en una impresora a puntos. Se imprimieron 100 copias. Nos recibe una tapa futurista, una mezcla del clima espeso de El Eternauta y algún cómic de viajes espaciales, que dibujó el “Mono” Pedrozo, hoy diseñador industrial. Para el primer número se autoconvocaron los dibujantes que publicaban en las páginas marrones de El Diario: Maxi Sanguinetti, Ramiro Ermo Muñoz (hoy es Ram), Ricardo Jaimo Jaimovich y Nicolás Mayor. Además de Faca Vázquez (que firmaba como Mamut). El editorial-presentación, decía lo siguiente:

«¡¡¡Por fin llegamos loco!!! Somos, a secas, el comic de Paraná. Era una necesidad. La materia prima estaba: ganas, talento, calidad… ¡El canal tenía que aparecer, tarde o temprano! Era necesario dejar de soñar y hacer algo concreto. Ahora no hay excusa, el medio está y el que perdure depende de vos. Acercate, mostrá lo que hacés (no prometemos fama ni dinero ni mujeres a montones como las propagandas de los cursos de dibujo por correspondencia) pero sí vas a tener la posibilidad de mostrar tu arte, tu forma de comunicarte mediante cuadritos y ¡¡¡Basta!!! Esperemos que ‘la teta’ los excite como para empezar a mover sus manos (no para lo que piensan, pervertidos) sino para escribirnos y amarnos, odiarnos y lo que se les ocurra. ‘La teta’ estará con ustedes el próximo mes. Se permite palparla, gustarla, lamerla y por supuesto leerla».

Aunque la idea siempre fue hacer una revista de historietas, en el Número 1 se lee una pequeña crónica del 5to. Salón Santafesino del Humor y la Historieta, que organizaba el diario El Litoral. Con los tres fundadores (Maxi, Faca y Ramiro) como miembros fijos, el resto de los colaboradores fue variando, cada uno con su estilo, su impronta y sus búsquedas. Con el pasar de los números, fueron añadiéndole secciones: por ejemplo, en el segundo, agregaron Misivas, un apartado donde los lectores escribían pequeños correos, que depositaban en una especie de urna de cartón en la Facultad.

Pese a que priman el humor absurdo, el humor negro o algunos chistes sobre sexo, aparecen historietas más clásicas, como la de Jerónimo Silva, un policial ambientado en Paraná llamado Mafia Violenta, que figura a partir del Número 2 publicado en septiembre, y cuyas historias transcurren en lugares reconocibles como el Mayorazgo o el Parque Urquiza. Para esa edición, que fue la reseñada por la Revista Fierro, se sumó Norman, «un misionero que estudiaba en la UTN y tenía un humor absurdo y un dibujo en limpio buenísimo», aseguró Maxi. Además, sobresale el Sr. Perfil, de Jaimo, que había sido expuesto Salón de Humor e Historieta de Santa Fe, del que antes habían hecho una crónica. Excepto por la tira de Jerónimo y alguna otra aislada, la mayoría eran universales y atemporales.

 

En un momento, cuando enviaron el segundo número a la histórica Revista Fierro, los sorprendió que en el Número 75, de noviembre de 1990, había una reseña de su fanzine que decía: «La Teta Psicodélica nos apunta desde Paraná y nos produce más de una sonrisa. La buena onda de estos entrerrianos es contagiosa: delirios a granel, dibujantes con futuro (Mono, Jerónimo) y con presente (Jaimo, Maxi) y un fanzine que promete. Emulando a Laru de las misivas, les decimos: ‘no bajen la guardia, futuros genios de la historieta’».

El tercer número es el del cumpleaños 50 de John Lennon, en donde dibujaron esa historieta colaborativa a la que nos referimos antes. Además, se sumaron Carolina La Barba y Sergio Méndez, ambos compañeros de Facultad. En este número, que salió entre noviembre y diciembre, se disculpan por la demora, y dejan una última frase que explica el porqué de la revista que perdurará hasta hoy: «¡Chau, loco…! Nada es previsible en este País Caníbal. Por supuesto que la idea es estar puntualmente mes en tus manos… Pero ya saben qué factor (el económico) es el que retrasa todo. Nuestro amor a la historieta sigue intacto».

Para el último número hubo que esperar mucho más, porque salió recién a mediados de 1991. «Lo hicimos casi de taquito, el proyecto se fue diluyendo porque cada uno siguió su camino», recuerda Maxi. En abril de ese año habían viajado a la Feria del Libro de Buenos Aires, en donde se encontraron una sorpresa enorme: ahí, en la misma gigantesca exposición donde estaban Fontanarrosa, Quino, Caloi y Rep, ahí en la sección Espacio Joven, ahí con los otros fanzines argentinos, ahí estaba un ejemplar del Número 3 de La Teta Psicodélica. «Fue re emocionante en ese momento, en esa época la sensación de distancia era mayor. Para ver de cerca un original de historietas había que viajar y tampoco era fácil», expresa Maxi. De ese viaje se volvieron con un autógrafo de Quino dedicado al fanzine y, aunque no lo decidieron explícitamente, fue una buena forma de cerrar el proyecto.

 

 

Los 90, todo por hacer

«Éramos jóvenes, desprejuiciados, sin mayores obligaciones, hacíamos lo que queríamos. Se juntó todo: la efervescencia de la Facultad, el principio de los 90, estaba todo por hacer», señala Maxi. La Facultad de Comunicación fue muy importante para la publicación, como agrega el humorista gráfico: «Es en ese ámbito donde más circulaba y se vendía la revista. Si aprendíamos a hacer títulos en Gráfica I, enseguida lo volcábamos en La Teta…. Lo mismo pasaba con Redacción». Además, en otra de las secciones que apareció a partir del Número 2, llamada Memorex compuesto, revisitaban viejas historietas argentinas a partir de la revista Caras y Caretas, que leían en la Biblioteca Popular para un trabajo de Gráfica I. En esa sección colaboró Ezequiel Re, antes compañero de Facultad, hoy periodista deportivo.

Imaginemos algo más, aunque ya saben, esto en realidad también sucedió. Tres adolescentes, con sus hippies pelos largos, con sus pantalones rotos, con aspecto psicobolche, antes del grunge, vendiendo fanzines en la Peatonal de Paraná. Eso no es todo. También tenían un cartel de “hombre sándwich” con un enorme dibujo pintado, en el que a una mujer se le disparaba una teta hacia el infinito, en un estado de psicodelia. «La gente terminaba comprándonos la revista un poco por miedo, otro poco por lástima, por curiosidad, no sé. También algunos conocidos pasaban ignorándonos deliberadamente», rememora Maxi.

Maxi Sanguinetti lo recuerda como «un terreno de mucha libertad, hacíamos lo que queríamos y eso te queda como marca. Conociste de tan chico la libertad que después te cuesta cuando hay una línea editorial que medianamente hay que respetar por supervivencia”. Pero Maxi sí destaca algo: «Lo que nunca más recuperé es la cuestión del laburo colectivo, en un metier que es totalmente individual y solitario. Nos juntábamos en mi casa, que era un búnker, y ahí dibujábamos en conjunto, reducíamos, ampliábamos. Eso nunca más me sucedió. Eso extraño».

Estaba todo por hacer.

 

 

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Comentarios (1)
  1. Bodhi dice:

    felicitaciones por la trayectoria, muy buena la nota !

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