28 de junio de 2022

El robot de Gaiman

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

 

 

Está en una plaza cerca de un río. Su figura imponente sobresale de los juegos cercanos. Es el preferido de niños y niñas que se le acercan, lo trepan y se lanzan por sus toboganes tubulares. Es un robot con cara de pato, pero está situado lejos, muy lejos, de las barrancas del Patito Sirirí. De espaldas al curso de agua de color verde blancuzco, el robot de Gaiman sorprende a quienes conocen su par ubicado en el litoral.

 

 

En el pueblo rescatan la tradición galesa del tomar el té acompañado con variadas tortas. Al menos para los turistas que pasan por allí y las combis que hacen excursiones desde Trelew o Madryn, especialmente con ese fin a esa localidad chubutense. La ceremonia del té, según los habitantes, surge con la llegada de los primeros colonos galeses en 1865, cuando una pausa por la tarde reunía a la familia. Esta tradición se ha convertido en un rasgo hospitalario -y comercial- que Gaiman brinda a sus visitantes. Una de esas casas de té con toda la decoración de época (excepto por los cubrebocas de las mozas) está situada frente a la placita con el robot. Los empleados y empleadas que trabajan allí coinciden en señalar que el atractivo infantil está «desde hace décadas». Nadie conoce fecha precisa. Para ubicar esa casa de té, la referencia suele ser «frente a la plaza del robot».

 

 

En el espacio público, que es pequeño y arbolado y está acompañado por la vera del río Chubut, la gente que lleva a sus hijos e hijas conoce la instalación desde la infancia, cuándo a su vez ellos eran protagonistas del juego. «Hace más de 15 años que está», indicó una madre; «Creería que 20 años por lo menos»; aseguró una pareja. El agente de la Policía del Chubut que cumple su horario estival en esa esquina confesó que no es de Gaiman pero que de chica la traían al robot, y de eso hacen casi tres décadas. La similitud con el paranaense es llamativa, si bien el patagónico tiene su cabeza más pequeña.

El pueblo de Gaiman es reconocido como símbolo de la Colonia Galesa del Valle del Chubut por sus rasgos predominantes, si bien su nombre proviene del tehuelche (significa «piedra de afilar»). Los primeros galeses que llegaron a esas costas vivieron dentro de unas cuevas en Punta Cuevas, Puerto Madryn; y en la desembocadura del río Chubut, donde fundaron Rawson. Gradualmente, fueron ocupando tierras hacia el oeste. En 1874 se estableció el primer habitante de esa comuna, a pocos kilómetros del Atlántico.

Del robot del Patito Sirirí (que antes se llamaba Parque de la Luna, según le indicó Mariana Melhem, arquitecta especialista en patrimonio, a 170 Escalones), se sabe que fue mandado a construir por el intendente de la dictadura, coronel Carlos María Aguilar. Lo montaron en los talleres del ferrocarril a partir de una foto de un robot similar hecho en los Estados Unidos. Adelqui Luis Macorig, trabajador de la caldera, elaboró los planos que ejecutaron sus compañeros del taller. En 1981 fue inaugurado en el sitio en el que aún permanece, de cara al Este, con el Paraná a su izquierda.

 

 

«Teniendo en cuenta que ha sido una adaptación respecto de un original solo conocido en fotos, es posible que más de uno se haya lanzado a la aventura de reproducirlo», especuló Mariana Melhem. «También hay que tener en cuenta que Paraná, luego de la inauguración del Túnel, era un lugar “a descubrir”, aunque más no fuera para cruzarlo», agregó, sugiriendo que tal vez el de Gaiman esté inspirado en el entrerriano. Ambos tienen dos pisos para trepar y del segundo se desprenden sus toboganes, y están pintados de varios colores. Sus cabezas, más allá del tamaño, también resultan familiares.

¿Se habrá detenido a contemplar el juego infantil Diana Spencer -más conocida como Lady Di- la princesa de Gales que visitó Gaiman en 1995?

 

 

 

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