10 de julio de 2020

El patriarcado y su historicidad

TEXTO PABLO RUSSO

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Dora Barancos, socióloga referente de la lucha por los derechos de las mujeres y ahora asesora presidencial en cuestiones de género, brindó una capacitación virtual a los y las integrantes de la Cámara de Diputados (¿Y Cámara de Diputadas?) de Entre Ríos. La disertación, que ocurrió el martes por la tarde y se dio en el marco de la Ley Micaela (27.499), fue transmitida en vivo desde el canal de Youtube del órgano legislativo, donde también quedó registrada para su visualización.

La cámara provincial se transformó así en una de las primeras del país en formarse en cuestiones de género. En 2019, la legislatura entrerriana sancionó el proyecto de su actual presidente y ex senador, Angel Giano, y del diputado provincial Gustavo Zavallo, por el cual la provincia adhirió a la Ley Micaela. Esta normativa establece la obligatoriedad de capacitación en la temática de género y violencia contra las mujeres para todas las personas que se desempeñen en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación.

El encuentro fue organizado desde la presidencia y desde la Banca de las Mujeres, Géneros y Diversidad, de manera conjunta con la Coordinación de Comunicación, «con el objetivo de generar cambios en las prácticas cotidianas y en la cultura organizacional de la Cámara, para eliminar estereotipos de género, el sexismo en el uso del lenguaje y la comunicación, la invisibilización del trabajo y las desigualdades en la toma de decisiones», según se anunció.

 

 

En la conferencia, Dora Barrancos situó el nacimiento del patriarcado en el período histórico del neolítico superior (entre siete y diez mil años). «Si no comprendemos la historicidad del patriarcado, no podemos comprender cómo es que ha arraigado tanto y cómo es que tenemos posibilidades históricas de superar ese sistema de opresión», afirmó la investigadora, quien aseveró que el patriarcado no está embutido en el mandato de la especie humana. «No hay nada natural en el patriarcado. Esto es: la tremenda especialización funcional de condición femenina subalterna y condición masculina regente y dominante no tiene nada que ver con la naturaleza. No hay nada en nuestra condición de homo sapiens que organice un mandato tan discrepante con el orden nacional», subrayó.

Así como no es un orden natural la diferencia sexual jerarquizada, tampoco tiene que ver con un revelado sobrenatural. Saquemos a Dios y a todas las entidades sobrenaturales de este asunto, pidió Barrancos. «El patriarcado tiene mucho que ver con la idea de propiedad, de apropiación (del mundo natural, de rebaños, de recursos naturales), y es muy probable que la primera patrimonialidad que asoma es la patrimonialidad de los cuerpos femeninos», indicó. Ese sistema de privatizaciones se organizó con la construcción de fórmulas simbólicas y absolutamente prácticas de sometimiento de las mujeres, agregó. El orden simbólico es lo que nos diferencia de otras especies, «y ese orden simbólico es de acatamiento patriarcal, esta es la situación dramática», especificó Barrancos

Obviamente, amplió, el patriarcado no ha sido el mismo a través de las épocas, ha cambiado. Hubo momentos en que fue más agresivo y otros más limitado, pero el enorme cambio de significado societal se da con las revoluciones burguesas, en especial con la Revolución Francesa (1789). Ese cimbronazo fue un momento de posibilidad de conquistar un lugar de par entre mujeres y varones, pero no fue así. E incluso hubo retrocesos, aseguró Barrancos. «Quiere decir que la vida moderna, donde ya es clarísima la dominación de la nueva clase social, la burguesía, sus concepciones y demás, tiene una resonante condición patriarcal. Se ve en que hay una esfera de vida privada delimitada para las mujeres, una esfera doméstica; y una esfera de vida pública donde los varones están consagrados a ejercicios de poder político, científico, en fin, a lo que es absolutamente idiosincrático de la posición de los varones en nuestras sociedades», argumentó. La determinación de la inferioridad de las mujeres quedó asentada en el orden jurídico, en 1804.

«¿Cómo se puede ver el patriarcado? Analizando las circunstancias de vida de varones y mujeres. El hecho de que las mujeres no pudieran ir a las universidades, no pudieran votar, que estén construidas como seres absolutamente emocionales poco vinculadas a la racionalidad, con diferencia de inteligencia, algo muy común en siglo XIX, con la presunción de que habían sido creadas para la procreación y los cuidados. He ahí las circunstancias dramáticas de las nuevas formas patriarcales del siglo XIX», explicó. «Esto constituye la argamasa violenta de base de la sociedad», añadió. Entonces, la historiadora hizo un veloz repaso por la saga de las conquistas feministas desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad, con eje en la argentina del siglo XX y con particular atención a la Ley Micaela.

«Entre las cuestiones fundamentales que ha conquistado nuestra sociedad quisiera sugerir que necesitamos en este momento operaciones fundamentales de conducta que también deben significar la incorporación de lenguajes inclusivos», señaló. Reconoció las diferentes dificultades entre el hablar y el escribir con lenguaje inclusivo, pero instó a encontrar una fórmula en el lenguaje que pueda hacer una integración del arco social, de las otredades y divergencias. Este es un desafío, planteó, y la búsqueda de una oportunidad creativa en el lenguaje.

Por último, Barrancos pidió que la ley que se produzca en Entre Ríos tenga absoluta adhesión a la dignidad humana. «Debe estar entrañada en nuestras concepciones habituales, que se haga cotidiano, de sentido común, la idea de que toda criatura humana más allá de su identidad sexo genérica, más allá de sus orientaciones, tiene que tener el amparo, el cobijo de un absoluto resguardo de sus derechos y de sus atributos en términos de condición humana», concluyó. Finalmente, hubo un intercambio con algunas diputadas y con el presidente de la cámara respecto a la concepción de habitus, al lenguaje como constituyente de los sujetos y a las inequidades políticas presentes en el órgano legislativo entrerriano.

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