21 de septiembre de 2020

El mejor dibujo que vi

TEXTO RICARDO JAIMOVICH

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Creo que era principio de la democracia. Sí. Ochenta y tres. Había un negocio cerca de la Escuela Normal de Paraná. Estaban esos libros. A veces le pedía a don Legarreta que me los prestara. Geniales. Ya un poco más grande me di cuenta que no había forma de que me contenga con los libros, y menos con libros de historietas. Por más profesional y algo serio que fuera mi ser, la colección de Astérix me hacía un niño/joven de nuevo. El dibujante se llamaba Albert Uderzo. El dibujo me encantó. Lo que más me generaba interés eran los personajes, su dinámica. Parecían dibujos animados sin serlo. Veía los trazos. Como sutiles. Y la cinética, los movimientos. Podría tener toda la influencia Disney pero había visto historieta franco belga del creador de Spirou, de Peyo, de Morris y del genial Ergé, creador de Tintín (aunque este último de un estilo más depurado y controlado); que tenían esa forma especial y redondeada de caracterizar a los personajes. Pero Albert Uderzo, el genial dibujante, era único. Y el coautor, es decir su guionista, era nada más ni nada menos que Goscinny. René, para los amigos, vino a la Argentina desde muy temprana edad. Luego se trasladó con su familia a Estados Unidos donde estuvo con el creador de Mad, Harvet Kutzman (recientemente cerrada por la pandemia de la estupidez de no comprar revistas de humor), y dibujó para la agencia belga World Press de regreso a París. Sí, René era un gran dibujante. Pero se percató que se divertía más narrando en su máquina de escribir. Dicen que la creación de Obélix, coprotagonista de Astérix, tenía influencia de Upa, el amigazo de Paturuzú. Dicen que Astérix es sacado de este último. Quien sabe si esa fuerza poderosa de la poción mágica provenía del indio paisano. Quizás su origen deviene de la misma fórmula. O de un druida perdido o de Paturuzek, el antecesor egipcio del emblemático personaje de historieta argentina creado por Quinterno.

 

 

Pero Albert Uderzo (su nombre original era Alberto Aleandro Uderzo, de familia italiana) nacido en Fismes, Marnes, al norte de Francia el 25 de Abril de 1927; daltónico y con dos dedos de más que luego se los extirparon quirúrgicamente, iba a ser otra cosa para toda la posteridad del comic europeo e internacional.  Antes de René Goscinny, este artista trabajó en París y creó personajes como Flamberge y Clopinard, y otras historias como Belloy y Arys Buck y episodios del personaje de origen británico Capitán Marvel Jr. para la revista Bravo!. Luego se conocen en 1951 con Goscinny en la compañía belga World Press y crean la historieta de Jehan Pistolet y luego Oumpah-pah. Entre el 58 al 62. Más tarde materializan la revista Pilote (legendaria recopilación de los mejores autores del comic francés como los trabajos de Reiser o Gotlib, e historietas más adultas, como Les 6 Voyages de Lone Sloane de Philippe Druillet o la serie Leyendas de hoy de Pierre Christin y Enki Bilal) y aparecía por primera vez allí Astérix, el Galo. Ese rotundo éxito lo llevó luego a hacer esos libros que conocí y releí una y mil veces en mi infancia y juventud. Entre los libros emblemáticos de la colección están Astérix y Cleopatra, La Vuelta a la Galia, La Residencia de los Dioses, entre otros. Y allí estaba Uderzo, creando esos personajes. Y esos paisajes.

 

 

En Astérix, sus fondos eran panorámicamente espeluznantes. Cual dron artesanal, sobrevuela Roma o cualquier aldea europea, haciendo un trabajo urbanístico educativo increíble. Demostraba idoneidad absoluta en los estilos, en las formas, en el espacio, en todo. El trabajo de historieta tiene una labor de investigación importante. A ellos no se les escapaba una. Goscinny había leído el libro de Julio César La invasión a las Galias (como nerd, tengo ese libro y uno medio grandote sobre la vida de René) y podemos ver también influencias pictóricas e ilustraciones que tenía en su mente. Le traslada el concepto a Uderzo y plantean un juego increíble entre ese pasado y el tiempo contemporáneo:  la segunda guerra mundial y la posguerra. La temática es felizmente consecuente. No cabe duda que la idea de la invasión de los romanos al territorio galo fue contundente. Pero reinventa la historia a través de este pueblecito galo en la Bretaña francesa (donde nació y vivió Uderzo parte de su vida). En ese pueblo a orillas del canal de la Mancha están estos galos muy locos que, a tortazo e imaginación evadían al usurpador romano. Y lo hacían con mucho humor y gags. Y los personajes eran increíble: un jefe bonachón, un bardo inaudible, Obélix que cayó en la marmita de poción mágica y que es tan fuerte como dulce persona, Idéfix su perrito fiel, Panoramix el druida que junto a Astérix pergenian, confeccionan todas las historias y las resuelven a su favor. Los nombres de los personajes, las exclamaciones y juegos de palabras que divertían sobremanera fueron particularmente geniales. El humor contra una invasión como la romana, que duró siglos, pero que no pudo con la mano de estos autores.

 

 

El retiro de Albert, después de algunos millonarios juicios de por medio y de algunas ediciones de su autoría absoluta -luego del deceso de Goscinny- quizás no tan felices como los iniciales que hicieron juntos; algo bien acomodado económicamente y con un parque de diversiones a lo Disneylandia en las afueras de París, dejó lugar a otros autores: Didier Conrad en dibujo y Jean-Yves Ferri en guión, para que prolonguen esta leyenda de una de las bande  dessinnée más importantes, una de las mayores colecciones de historieta popular mundial que haya existido, como es Astérix.

 

 

Albert Uderzo falleció este 24 de marzo de 2020 por una crisis cardíaca, recordando en nuestro país una época para nosotros especialmente triste. Quizás no lo sepa el Maestro pero luchar con la pluma como él se atrevió nos hizo vencer con humor y estilo, a quienes no pudieron con sus armas, represión y genocidio. Por eso creo que fue para mí el mejor dibujo. Porque cada línea no dejó de contener un concepto sobre la fuerza de un imperio que nunca pudo vencer a ese pueblo irreductible de locos galos, de aquellos no menos locos romanos.  Porque cada libro de Astérix fue irrepetible. Y por sobre todo, porque jamás voy a dibujar como él. Ferpecto.

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