19 de junio de 2024

El FEICAC, herramienta de política cultural

TEXTO PABLO RUSSO

FOTOGRAFÍAS ÁREA COMUNICACIÓN INSTITUCIONAL FCEDU

 

 

Gerardo Dayub repasó la historia e importancia del Fondo Económico de Incentivo a la Cultura, las Artes y la Ciencia (FEICAC), cuya creación impulsó en su paso por la gestión pública durante la intendencia de Julio Solanas en Paraná (2003-2007).

El actor, director de teatro, arquitecto con posgrado en gestión cultural y comunicación que actualmente forma parte del centro cultural barrial Almacén de los 33 participó de una conferencia y entrevista pública coordinada por los docentes Franco Giorda y Román Mayorá. Fue en el marco de la 4° Jornada de Gestión Cultural, que se realizó en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos, el viernes 18 de agosto por la tarde. 

 

 

En un formato de conversación, sobre el escenario del auditorio Rodolfo Walsh ante un nutrido público compuesto de estudiantes, docentes y graduados, Dayub destacó que las políticas públicas de financiamiento son fundamentales porque los privados financian eventos, en cambio desde lo público se financian procesos. «La política es un proceso, no es un evento. Es un proceso a mediano, corto o largo plazo, por eso tenemos que tener participación en la lucha para que haya un derecho presupuestario. Sobre todo, en el municipio, que considero que es el mejor lugar de todos para trabajar en esto». 

Dayub señaló que es fundamental conocer las demandas y necesidades del territorio: «Yo conocía una demanda histórica del tema de financiamiento. Había una demanda histórica de jerarquizar el rol del área cultural, que se convirtió en Secretaría. Lo que negocié en ese momento fue un plan y que seamos una Secretaría, porque quría estar cuando se pensaba el presupuesto y se reclamaban cosas. A partir de eso entiendo que todo fue mucho mejor, porque (antes) en una reunión de gabinete el responsable de Cultura no figuraba nunca. Al ser Secretaría, ya tenía la oportunidad de estar en la reunión de 15 o 20 tipos y también levantar la mano y decir “hay que sacar los murciélagos del teatro”. Ese rol es muy importante».

Con eje en esa demanda surgieron otros lineamientos como la defensa del patrimonio, de la cadena de producción, de las culturas comunitarias, y la promoción y defensa de las industrias culturales creativas. «Después de esto de la Secretaría, la otra cosa era el derecho presupuestario, a tener un presupuesto. Ese derecho a que no te digan toda la vida “no hay, no tenemos”, o “sí hay, pero lo vamos a usar para otra cosa”, o “ahora no”. Llegó un momento en que pensamos “¿Cómo podemos hacer para que esa decisión no esté en manos de un dirigente municipal?”. Teníamos que hacer una normativa». En esa instancia surgió el problema clásico de cómo conseguir el dinero. Un impuesto a la cartelera pública y un 10% de las infraccines de tránsito aportaron la solución central. El FEICAC se nutrió de «las multas, la cartelería y también lo producido del Teatro 3 de febrero, que cuando funciona bien es una industria extraordinaria. Que un porcentaje de allí fuese al fondo y que también saliera de ese fondo para arreglar esos mismos espacios y que pudiesen seguir funcionando», ilustró.

 

 

Se refirió entonces al espacio cultural municipal Juan L. Ortiz, «que hace ocho años desapareció, quizás diez, y nadie lo piensa como una fuente de trabajo. No es un galpón abandonado. Eso quedó cerrado y a nadie le preocupó si hay gente o no que se quedó sin trabajo. Esto no aparece en ninguna estadística. Cuando se cierran esos lugares, son fábricas, es trabajo, son espacios que generan un mercado local, chiquitito, pero lo generan».

Otro paso fue reglamentar el FEICAC, darle forma. «Nosotros miramos algunas cosas, chequeamos formatos, hicimos nuestra propia ordenanza, que reglamentamos como pudimos. Estaba el problema de la aplicación, y ahí alguien dijo: “las universidades”. Que tampoco son muy santas, tienen la suya y con el FEICAC me he dado cuenta, pero dijimos “tenemos tres universidades públicas, hagamos un consejo administrativo que regule y controle”. Así lo sacamos del área municipal,para que sea una obligación, cosa que odia el político. Donde hay dinero y lo tiene que aplicar porque es una ordenanza, le da bronca. Nos salió como nos salió, lo mejor que pudimos».

Luego, llegó el turno de elaborar la normativa y conseguir que se aprobara. «Ese es otro paso de la gestión, hubo que convencer a todos los concejales y secretarios. Yo no tenía experiencia política. El día que perdía Patronato no iba a hablar con el intendente, buscaba esas cosas de relación y de vinculo para tener más posibilidades. Lo mismo con los concejales», recordó como parte de su estrategia.

La siguiente etapa fue la aplicación, donde surgieron nuevos inconvenientes. «Me costó elaborar un poco el tema de cómo iba y venía el dinero para que esa cuenta de la municipalidad pueda funcionar. La verdad es que nosotros no sabemos nunca cuanta plata hay en ese fondo. Y ese es un tema, tiene que haber una auditoria», reclamó.

 

 

Dayub definió al FEICAC como «una herramienta de redistribución democrática del presupuesto. Intenta eso, es un fondo concursable, no sostienen una política cultural, pero es una herramienta que forma parte de una política». Se refirió entonces a la actualidad de ese financiamiento: «a esta altura la gente sabe que el FEICAC existe, peleó varias veces para que se pague, para que se haga. La participación de todos los que estamos en el sector es fundamental. Si dejamos al Estado solo, volvemos para atrás. Es como un músculo que no practica y se encoge, hay que tenerlo flexible, en actividad. Hay que exigir, porque es anual».

Entre las falencias del fondo, señaló que hasta el día de hoy no tiene una oficina para su funcionamiento. «Un lugar con una persona o dos, con un teléfono, una compu y un archivo para saber qué pasó con todo eso. Que se haga el seguimiento de cada convocatoria. Y hay que gestionar recursos para el financiamiento, hay muchos programas, se pueden hacer puentes, convenios; pero esa actividad no existe: El FEICAC tendría que tener ese lugar de recaudar fondos que trasciendan lo que es municipal».

Consultado por los elementos claves para la elaboración de un proyecto, dijo que «hay que presentar lo que uno quiera. Es el jurado el que tiene que darse cuenta de la valoración». Destacó que lo importante es que la mayoría de la gente tenga la oportunidad, que cada uno sabe cuál es su necesidad cultural y demanda propia en relación a algo. En ese sentido, criticó la orientación que prioriza temáticas: «A mí me parece mal cuando la municipalidad presente el FEICAC y en dos renglones dice que la Secretaría de Cultura priorizará esto y aquello. ¡No señor! ¡Está mal! La gente tiene derecho a presentar el proyecto que quiera y que más le guste, dentro de la normativa. (Priorizar) es incorrecto porque cercena la voluntad del ciudadano de hacer su propio proyecto, porque entonces vos te ponés por encima de la demanda y de la necesidad cultural, y eso es un error». Pidió facilitar, ayudar a los hacedores, que son la comunidad. «Tu obligación (como funcionario) es tener apertura a que cuando venga la demanda, poder ayudarla. La política cultural la hace la comunidad. El sujeto de la cultura no es el artista, son los ciudadanos», subrayó.

 

 

A propósito de proyectos

Se realizará una Clínica-Taller de Escritura para Actividades Culturales en la FCEDU, organizado por el Grupo de Estudios en Gestión Cultural. Durante septiembre, octubre y noviembre, esta actividad cultural de extensión estará a cargo de docentes y estudiantes de la Tecnicatura en Gestión Cultural. Las inscripciones son a través del siguiente link, con cupo limitado, hasta el 1° de septiembre.

La clínica-taller es abierta al público interesado en la temática (trabajadores culturales, artistas, animadores socioculturales, etcétera) que deseen trabajar en profundidad sobre textos asociados a sus prácticas artísticas y culturales, desde gacetillas de prensa a fundamentación de proyectos, textos curatoriales, etcétera. En noviembre, el cierre estará a cargo de Paula Mascías, licenciada en Gestión del Arte y la Cultura por la Universidad de Tres de Febrero, quien se ha especializado y trabajado en el área de gestión cultural desde hace más de 20 años generando e impulsando procesos de participación social y desarrollo territorial.

 

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