25 de septiembre de 2021

El diario del lunes de las Torres Gemelas

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

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El diario del lunes es una expresión que hace referencia a conocer y opinar sobre algo después de sucedido. Su origen, posiblemente, tenga una raíz deportiva de cuando los partidos de fútbol se jugaban los domingos y el primer día laborable de la semana se publicaban los resultados. En el caso de las Torres Gemelas y su destrucción tras el ataque ocurrido hace veinte años, el 11 de septiembre de 2001, resultado y consecuencia no son del todo sinónimos. La conmoción inmediata y algunas pistas en las primeras noticias del hecho dejaban entrever hacia dónde apuntaría sus cañones el imperio en los meses siguientes, aunque sus consecuencias de largo impacto no estaban inmediatamente a la vista.

 

 

En una época en la que la radio y -más aún- la televisión en vivo eran las dominantes absolutas de la noticia (CNN transmitió en una suerte de cadena mundial de hecho), los diarios eran leídos para informarse al detalle. La letra impresa no tenía competencia en la internet, donde las empresas periodísticas daban apenas sus primeros pasos. Las redes sociales virtuales aún no existían y mucho menos los memes como fuente de conocimiento oblicuo de lo ocurrido. Cierta voluntad archivística de este cronista permite desempolvar aquellos periódicos de dos décadas atrás para recorrer sus páginas y repasar sintéticamente sus titulares.

 

 

De los diarios más importantes de tirada nacional, Clarín fue uno de los que sacó a la calle una edición extra de cuarenta páginas esa misma tarde. «El día del terror» era el título en blanco con una imagen a toda página del impacto del segundo avión en la construcción neoyorquina. «Después del increíble ataque terrorista a las Torres Gemelas y al Pentágono, EE.UU. entró en Delta 5: alerta nuclear. Se temen terribles represalias», decía. En la parte inferior de la tapa se afirmaba que: en las Torres Gemelas había unas veinte mil personas a la hora de los ataques y en el Pentágono al menos dos mil; sobre el número de muertos («es tremendo», aclaraba) se hablaba de diez mil; los terroristas golpearon los símbolos del poder estadounidense: el corazón militar y el corazón financiero; para eso secuestraron aviones de pasajeros con los que hicieron blanco; otro avión cayó: habría sido derribado; «hoy mismo, dos portaaviones norteamericanos partieron hacia medio oriente». En la página 2, Gustavo Sierra titulaba «El día en que cambió el mundo» en el que describía al ataque como el peor sufrido por ese país desde Pearl Harbor y ya señalaba como autor a Osama Bin Laden, aunque también sugería como posibilidad algún grupo palestino. «Quien lo haya hecho demostró un poderío que nadie antes había demostrado», concluía. En el resto de la edición se desplegaron (como en todos los diarios del día siguiente) grandes e impactantes fotografías, infografías, cronología de los ataques y testimonios varios. El ataque al Pentágono recién aparecía en la página 14. Algunas hojas más adelante se publicaban festejos de refugiados palestinos en las cercanías a Beirut. La página 24 hablaba de la misteriosa caída de un avión secuestrado en Pittsburg y en la 25, Diego Lerer hacía un repaso sobre «Una tragedia que el cine trató de imaginar muchas veces». Allí revisaba las producciones hollywoodenses Contra el enemigo, Duro de matar, ¡Marcianos al ataque!, Pasajero 54, Momento crítico y otras películas que parecían haberse convertido en realidad. La conmoción y caída en todas las bolsas del mundo y la suba del petróleo también eran parte de las noticias. El ejemplar cerraba con un recuerdo a doble página de los ataques a la Embajada israelí y la AMIA. En el Clarín del miércoles 12 de septiembre el titular era: «La guerra», y una pequeña fotografía de Bin Laden se mostraba en tapa.

 

 

La Nación también había publicado una edición excepcional horas después de los ataques: «Conmoción mundial por el masivo ataque contra EE.UU», era su titular con una gran fotografía de plano general de las Torres humeantes. Al día siguiente: «Alerta mundial por el más grave atentado de la historia», anunciaba el diario sábana fundado por Bartolomé Mitre. La fotografía del estallido de una de las torres ocupaba casi la mitad de la tapa de ese diario. La segunda página titulaba con «Una devastadora ola de atentados sacudió a Nueva York y a Washington» y «Un país paralizado por el terror; la sorpresa y la incertidumbre». Ben Laden aparecía en página 6, aunque ya había sido nombrado en la bajada del título de portada. Los cuarenta argentinos desaparecidos y los kamikaze como parte del arsenal eran información destacada. En la página 7, José Claudio Escribano analizaba: «Quienes interpretan con carácter retrospectivo los desenvolvimientos políticos, sociales y culturales de la Humanidad han coincidido en los últimos años en juzgar que el siglo XX había concluido en 1991, con la implosión de la Unión Soviética. Según esa interpretación, el siglo de las ideologías había concluido, después de la capitulación más temprana del fascismo y del nazismo, con la caída del imperio político levantado por Lenin y sus epígonos. ¿Pero invitará la violencia homérica de ayer a corregir aquella interpretación? ¿No podrá decirse, acaso, que verdaderamente el siglo XXI se abrió el día en que el terrorismo perforó la seguridad interna de los Estados Unidos, lo atacó en sus centros vitales y lo sumió en una tragedia de atrocidad sin precedente en el corazón de su territorio, instando a todos, a norteamericanos y aliados, a una nueva y profunda reflexión sobre las cuestiones mundiales y las leyes que las rigen?». Al igual que Lerer en Clarín el día anterior, Fernando López escribió “El cine ya lo había imaginado”. La fotografía que acompaña esa nota de página 13 es de Día de la independencia, cuando una nave extraterrestre destruía Nueva York. Otros títulos: Se espera una mayor recesión global; «No hay ninguna amenaza en el país» (textual del entonces presidente argentino Fernando De la Rúa) y «Policías trabajan en la Triple Frontera».

 

 

Página 12, por su parte, tituló «Un mundo nuevo» sobre una foto en horizontal (generalmente el diario es vertical) de los escombros de las Torres derrumbadas. En la imagen se ve a un hombre de espaldas, cubierto de cenizas, con un matafuego en la mano. «El ataque terrorista sobre Estados Unidos golpeó el símbolo del poder económico, las Torres Gemelas, y del poder militar, el Pentágono. Utilizaron suicidas que secuestraron aviones de pasajeros para estrellarlos contra sus blancos. Se habla de 10.000 muertos. Bush decretó el alerta nuclear y promete fuertes represalias». Otros textos indicaban que en Estados Unidos todos recuerdan Pearl Harbor; que se derrumbaron los mercados del mundo y había temores de una crisis económica mundial; y que en Argentina se decretó el alerta máximo. «Hoy no hay chiste», señalaba la clásica viñeta superior de Daniel Paz y Rudy. «Si es el principio o el final de algo es un interrogante abierto a la espera de respuesta, flotando entre otras intrigantes cuestiones sobre la inolvidable pila de escombros y cadáveres que conmueve desde ayer al mundo entero», escribía José María Pasquini Durán en el suelto de tapa que continuaba en contratapa. En esa última página, la 40 de la edición, Rep presentaba tres cuadritos en los que dos argentinos le pedían a alguien que les saque una foto con las Twin Towers de fondo, pero este se demoraba y ya no aparecían de fondo, generando el mal humor de los retratados. La nota central de la doble página 2 y 3 titulaba «El día que paralizaron el imperio». Un perfil del sospechoso número 1 (que ya había sido nombrado en tapa) tenía su desarrollo en la página 5. En una columna de opinión de Washington Uranga, en página 6, este afirmaba que «Para entender lo ocurrido ayer es necesario describir un escenario en el cual, si bien hay una potencia hegemónica, ésta coexiste con intereses y fuerzas multipolares y con grupos periféricos que en su exclusión encuentran razón valedera para la violencia irracional, fanática, suicida y asesina. Frente al cinismo de los poderosos irrumpe el fundamentalismo de los impotentes». A pesar de dedicarle gran parte de la edición, Página también daba lugar a otras noticias en sus secciones correspondientes, entre ellas, la emisión en Canal 7 de El último combate de Salvador Allende, un documental sobre la trama secreta del golpe de estado en Chile, también ocurrido el 11 de septiembre, pero de 1973.

El 2001 fue, ciertamente, un año bisagra en muchos aspectos. Faltaban aún poco más de tres meses para que estallara el gobierno de la Alianza cuando ese martes 11 el mundo cambiaría bruscamente, para siempre.

 

 

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