27 de noviembre de 2020

El corredor de fondo

TEXTO FRANCO GIORDA

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Nahuel Ramos empezó a correr maratones a los 33 años. Previamente, nunca había hecho deportes de alto rendimiento. Sin embargo, un día decidió experimentar los 42 kilómetros a la carrera. Así fue que participó, en más de una ocasión, del maratón de Buenos Aires. Luego, para desafiarse a sí mismo, se anotó en un triatlón. Pero no en cualquiera, sino en el medio Ironman (1,9 kilómetros de natación, 90 kilómetros de bicicleta y 21 kilómetros corriendo) que tuvo lugar el año pasado en Río de Janeiro.  A pesar de haberse quebrado un mes antes de esa competencia, pudo concretarla en un tiempo formidable. Entonces, esto le generó aún mayor entusiasmo y decidió hacer el Ironman completo (3,8 km de natación, 180 kilómetros en bicicleta y 42 kilómetros corriendo) que se realizó el 28 de julio pasado en Hamburgo. Este paranaense, ahora de 39 años, fue el único representante de Argentina en la competencia. El recorrido le llevó 12 horas y media de actividad física intensa. Su desempeño lo tiene muy contento. Su próxima meta es completar los seis grandes maratones del mundo (Nueva York, Boston, Chicago, Berlín, Londres y Tokio), una suerte de grand slam de los corredores de fondo. Su voluntad y capacidad de concentración parecen no tener techo al momento de planificar, armar un plan de entrenamiento y sostener en el tiempo un programa que, al principio, no le entraba en la cabeza pero que en su corazón sabía que podía hacer. De esta forma, este atleta aficionado recorre, bajo sus propias reglas, un camino por las competencias extremas. De algún modo, deja entrever en algunas de sus respuestas que su pasión es una forma de afrontar la finitud.

 

 

¿Cómo se te ocurrió correr el Ironman?

Es rarísimo. Yo corrí dos maratones de Buenos Aires. Una en 2013 y otra en 2017, cuando nacieron mis dos hijos, León y Greta. En la segunda llegué Top 1000. Para muchos no debe significar nada, pero para mí fue increíble. Te dan una medalla distintiva. Los 42 kilómetros los hice en tres horas y media. Llegué muy bien. Incluso, al otro día salí a correr para hacer una actividad regenerativa. Eso me re motivó. Después de descansar dos meses, me puse a buscar una carrera para volver a entrenar. Me anoté en los majors, los seis maratones más importantes del mundo, pero no salí sorteado. Si bien siempre admiré a los que podían hacer un Ironman ni siquiera era un sueño para mí, pero empecé a preguntar cuánta gente de Paraná lo había hecho. También me fijé que había algunos que tienen el tatuaje o una remera de la competencia. Entonces, me propuse hacer un medio Ironman. Para mí, eso era alcanzable: nadás 1.900 metros, andás en bici 90 kilómetros y corrés 21 kilómetros. Me puse esa meta. Encontré el de Río de Janeiro y lo elegí porque no tiene tanta pendiente para la bici. Además, estaba bueno ir a Río. Por suerte, a todas las competencias he ido con mi familia. Entonces, organizar el viaje es un proyecto aparte que me gusta mucho. Trato de elegir lugares lindos como un premio al esfuerzo del entrenamiento y para disfrutar con mi familia. La carrera de Río fue en septiembre de 2018 y me fue bien. Tuve la mala fortuna que, a un mes de la carrera, subiendo en bici la cuesta de San Martín se me vinieron dos perros encima: uno me distrajo y el otro me mordió el zapato de la bici y me caí. Me quebré la cúpula radial del codo. Me pusieron un cabestrillo. Fueron 15 días sin poder hacer nada salvo bicicleta fija. A la hora de correr, eso me complicó. Igualmente, a la carrera la hice en seis horas. Para un quebrado ese tiempo es buenísimo. Fue mi primer triatlón. Eso también es raro. Todos me decían que tenía que probar con algo más corto. Yo me había dado cuenta, pero cuando me puse a entrenar era invierno y ya no hay más triatlones. Así que fui igual y me salió tan bien que quise hacer uno completo. De todos modos, lo seguía viendo inalcanzable. Otra cosa que me motivó fue que había leído un artículo que hay más gente menor de 40 años que no termina el Ironman que mayores de 40 que no lo terminan. Entonces, me impuse, como un loquito, hacerla antes de los 40 porque es más exigente. Quería mejorar la estadística de los menores de 40. Busqué en el calendario de competencias con dos condiciones: una, que el circuito de bicicleta sea bastante llano; y la otra, que sea antes de mi cumpleaños, es decir, del 27 de abril de 2020 que es cuando cumplo 40. En paralelo, me puse a hablar con gente que ya lo había hecho y me dijeron que, habiendo hecho un medio Ironman, podía entrenarme en 20 o 25 semanas. Así que arranqué.

 

¿Tenías un recorrido previo en deportes de alto rendimiento?

Lo único que hice de adolescente relacionado con algo aeróbico fue remo en el Rowing. Ahí salíamos a correr, calculo que unos cuatro o cinco kilómetros. Eso solamente. De más grande, mi viejo dejó el cigarrillo y se puso a correr. Eso me motivó a mí también. Lo primero que hice de alto rendimiento fue la maratón de Buenos Aires en 2013.

 

¿Qué características tiene un Ironman?

Es una franquicia, así como un Mc Donalds. La organiza quien compra la marca. De esas distancias (tres ochocientos nadando, 180 en bici y 42 corriendo) hay varias carreras. Por ejemplo, hay una que se llama Challenge. El Ironman es la más famosa. Hay otras que no son tan conocidas pero que también tienen las mismas distancias y son muy lindas como una que se corre en Bolivia. El slogan de Ironman es anything is possible, es decir, todo es posible. Yo lo pensé y me entrené en menos de un año.

 

 

¿Ese entrenamiento lo hiciste solo o asesorado?

Más o menos. Leí mucho en internet. En youtube hay mucha gente que te enseña a nadar para triatlón que no es lo mismo que nadar para pileta. Yo seguí mucho un canal que se llama Julián Trainer; es un argentino que se fue a vivir a España y que es muy bueno. También consulté a gente de Paraná que ya había hecho la carrera. De todos modos, los entrenamientos son muy particulares. Más allá de que la planificación de uno u otro, los cuerpos son muy distintos. Hay gente que mide dos metros, hay gente que pesa 100 kilos, hay gente que pesa 60, hay gente que pesa 70 como yo. Las bicicletas son más grandes o más chicas. Entonces, no es el mismo entrenamiento para todos. Hay gente que toma suplementos, otros que no toman nada.

 

¿Cómo adaptaste el entrenamiento a tus características?

Busqué muchos entrenamientos en internet de distintas páginas conocidas, relativamente validados. En base a eso, opté por uno. No hice un mix de varios. En las semanas críticas, de mucha carga, lo validé con gente que ya lo había hecho.

 

¿Entrenabas todos los días?

Todos los días menos uno.

 

¿Cuántas horas?

Empezás con ocho horas semanales, después 10, después 12. Como yo hice un entrenamiento de 20 semanas, en la 15 es el pico y son 16 horas por semana. En las tres últimas semanas de entrenamiento, hay una reducción bastante rápida de la actividad para llegar al día de la carrera en el que no hacés casi nada. En esa etapa hay que descansar, no salir mucho, no tomar cerveza, disminuir la ingesta de alimentos.

 

¿En algún momento dudaste en hacerlo?

Si. El entrenamiento y la carrera son una montaña rusa de emociones. Tenés momentos que te sentís Superman y otros en los que no querés salir porque estás cansado o no tenés ganas porque te quema la cabeza. Todas las actividades largas las tenés sueltas. Pueden ser dos horas de natación, seis horas de bici o 30 kilómetros corriendo. Nunca se juntan dos de esas. Lo máximo combinado pueden ser tres horas de bici y una hora corriendo. El tema es que cuando pensás la carrera tenés que nadar una hora y media, después subirte seis horas a la bicicleta y a eso le tenés que sumar una maratón completa. Eso no entra en la cabeza y cuesta. Por eso dicen que la carrera es mental.

 

¿Cuántos participantes hubo en esta edición?

Dos mil.

 

¿En qué posición llegaste?

No me acuerdo. Hay tres posiciones: categoría por edad, en mi caso es la de 34 a 39; la categoría masculina; y la general. Una particularidad de esta carrera es que hubo un 10% que no la pudo terminar porque hacía mucho calor. El promedio de abandono es un 4% o 5%. Esta vez fue el doble.

 

 

¿Qué sentiste cuando te tiraste al agua?

Un vago me había dicho que los nervios se te van cuando te tirás y es así. Apenas largas te ponés a pensar en la estrategia de la carrera. Estás atento a tu cuerpo. En las otras disciplinas no tanto porque venís más cansado.

 

¿Tuviste algún momento crítico durante la carrera?

No. Nunca sentí que no podía más. En general, me sentí súper bien. Incluso, al otro día estaba bien. Eso me sorprendió. Lo único que hice fue tomarme un diclofenax preventivo. Salí a correr en Berlín porque notaba los cuádriceps un poco duros y necesitaba calentar para elongar. Yo quería estar bien porque seguía viaje con mi familia.

 

¿Las mujeres hacen la misma competencia?

Si. Eso es buenísimo. En mi nivel, no hay diferencias entre varones y mujeres. En los profesionales, sí hay un poco de diferenciación. Capaz que el primero hizo 8 horas 10 minutos y la primera mujer demoró 15 minutos más. De todas maneras, es muy poco.

 

¿Cómo te organizaste con la alimentación?

Muchos me dijeron que tenía que ir a un nutricionista. No lo hice, pero seguramente es lo que conviene. De todos modos, nunca tuve problemas. Me recomendaban tomar protectores hepáticos porque comés tanto que en un momento te puede caer mal la comida. Hice un cambio gigante en la dieta, pero sin mucha planificación. Comí muy variado; mucha verdura, mucha fruta, carne, semillas, frutos secos, barritas de cereales. Tomé un litro de leche por día. Antes tomaba entera y cambié a descremada. Al final del entrenamiento bajé el consumo de grasa. Yo me lo tomé muy tranqui a ese tema. Cada tanto, me tomaba una cerveza y me comía un asado.

 

¿Por qué la corriste?

Se fueron dando las cosas. No era un sueño.

 

Entonces, ¿por qué corriste el primer maratón?

Para agradecerle a algo, no sé a qué, por haber sido papá. Por eso, corrí en 2013 con León y en 2017 con Greta. Después del primer medio Ironman se abrieron las puertas para pensar que podía hacer uno completo.

 

 

¿Correrías otro?

Si, más vale. Lo que me gusta, siempre que dé la economía, es la posibilidad de hacer un viaje después. Por ejemplo, mi mujer quiere conocer Italia y ahí hay una que es muy buena. Entonces, puedo ir a competir y después a conocer. También tengo otro desafío, en lo que me queda de mi vida, que son las seis maratones majors del mundo. Si las hacés a todas, te dan una medalla especial y entrás a un grupo selecto de unas tres mil personas, más o menos, que son las que ya lo lograron.

 

¿Te tatuarías el logo del Ironman?

Si. Seguro. Quería hacérmelo en Berlín porque supongo que debe haber buenos tatuadores ahí. Yo no tengo tatuajes, entonces quería buscarme el mejor lugar porque tal vez sea el único que vaya a tener. La cuestión es que después de Berlín tenía un viaje de playa y no daba tatuarme por el cuidado que hay que tener con el sol y la arena. Tenía un diseño armado en la cabeza. Como tal vez me sale la ciudadanía alemana y como lo corrí en Alemania quería armar algo con las dos banderas. Siempre con la M del logo. Lo pienso para la pantorrilla.

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