29 de septiembre de 2020

El 693, jugar y trabajar

TEXTO FRANCO GIORDA

FOTOGRAFÍAS 693

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Es difícil encontrar una palabra, una definición o una fórmula conocida para dar cuenta de lo que ocurre en el 693 de la calle Villaguay. Ese lugar es, al mismo tiempo, un punto de reunión, un espacio artístico, una galería, un proyecto colectivo, un club, un equipo de gestores. «Nos hemos preguntado muchas veces qué somos. Por lo pronto, un grupo de amigos vinculado a la cultura, el arte y lo social. Igual, no queremos limitarnos a una definición», dice Pablo Olguín, uno de los promotores del multiespacio, a 170 Escalones.

Allí, jóvenes veinteañeros desarrollan variadas expresiones vinculadas a la cultura y el emprendedorismo. Esta confluencia genera un sentimiento de pertenencia que queda de manifiesto cada vez que los habitantes de este centro de producción se refieren al «693» con expreso orgullo.

 

 

La casona, en cuyo frente crece un magnífico par de tipas, ha cumplido recientemente un año de existencia. En los meses previos a la pandemia tuvieron lugar allí varias presentaciones y ferias. En el marco del aislamiento debieron reconvertirse y ofrecer el lugar, por ejemplo, como escenografía de las actuaciones por streaming.

La propuesta no es producto de la generación espontánea, sino que hubo un plan muy bien pensado para que la cosa funcione. La idea fue gestada por Pablo y por Julieta D’giovanni. «Hace dos años hicimos un estudio social y económico en vistas a lo que después surgió» señaló Olguín. En esa búsqueda identificaron problemas y posibles alternativas para construir el lugar que, en la actualidad, se encuentra en pleno despegue. Ambos se comprometieron seriamente para lograr su propósito. Así fue que Pablo trabajó durante cuatro meses en el servicio de limpieza y ordenanza de un hotel y restaurante de Utah, Estados Unidos, con el objetivo de generar ahorros que le permitieran realizar la inversión inicial. Viajó con esa idea y volvió con lo que fue a buscar. Mientras tanto, durante ese tiempo, Julieta avanzó en las gestiones necesarias para concretar la propuesta.

 

 

De este modo, lo primero que instalaron fue el local de ropa Icosad. No había transcurrido un mes del estreno y se sumaron la peluquería Underground style y el estudio de tatuajes Venus tatoo. Las propuestas funcionan en diferentes habitaciones del inmueble y se agrupan bajo el concepto de galería. Recientemente, se añadió también la carpintería Air Decó que ocupa un galpón del patio.

En paralelo, el lugar está dispuesto para artistas de diferentes disciplinas como música, plástica o escultura. Estas expresiones podrían ubicarse en lo que se conoce como cultura under y autogestiva. «Elegimos el under porque es de donde salen las cosas nuevas», explicó Pablo. La estética predominante es la del hip hop pero también se convocan otros estilos.

«Durante un año estuvimos pensando una propuesta ante la falta de lugares para artistas y emprendedores. No solo producimos encuentros, recitales, videos, muestras, etc. sino también ferias con libros, indumentaria y accesorios que, hasta la pandemia, realizábamos dos veces al mes».

Los dos tipos de actividades confluían, por ejemplo, en «cenas shows» donde la presentación de diferentes artistas se acompañaba con propuestas gastronómicas y de cervezas artesanales. En relación a esto, Pablo dijo «queremos impulsar a los artistas porque vemos gran potencial en la escena. El hecho de que puedan mostrar sus trabajos les permite seguir generando más arte. Es bueno que sigan haciendo lo que les gusta más allá que vivan de otros laburos» y agregó «nos interesa generar un público que sepa de nuestra propuesta, de nuestra impronta».

 

 

El lugar ofrece un escenario para las presentaciones y el registro en video. «Muchos artistas han hecho sus primeras presentaciones en este marco. También les pagamos por su trabajo. En el actual contexto, brindamos el servicio para que se presenten en sesiones de streaming. En este caso, las actuaciones en vez de ser delante de un público son delante de la cámara, pero con las mismas condiciones» comentó Pablo.

Estas actividades se sustentan con la publicidad, retribuida en canjes y dinero, de los emprendimientos vinculados a la comunidad del 693. Para las producciones, hay un equipo estable de unas veinte personas que se divide las tareas. Algunos se encargan de la escenografía y otros de atender a los artistas, la cámara, el audio, la recaudación. Además de ese elenco, otras treinta o cuarenta personas van rotando en relación a las distintas actividades.

Por ahora, lo recaudado se reinvierte en equipamiento. Para el futuro, en un mundo postpandemia, están proyectando acciones vinculadas al aprendizaje como talleres o acompañamientos.

El espíritu de la propuesta en general se condensa, de alguna manera, en las siguientes palabras de Pablo: «Como nos gusta escuchar música, hacer videos y grabar, se nos confunde la idea de trabajar y de jugar».

El lugar tiene, con sus características propias, el carácter de esos espacios, centros o bares que surgen cada tanto y dejan huella en las generaciones que los vivencian dado que irradian parte importante del espíritu creativo de una época.

 

 

 

 

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