11 de julio de 2020

Dibujar la memoria

TEXTO PABLO RUSSO

ILUSTRACIONES ALUMNES DE ARTES VISUALES

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Una particular muestra de dibujos se exhibirá este primer viernes de diciembre en la calle, frente al Tribunal Oral Federal de Paraná, en Urquiza 872. Se trata de la producción de un grupo de alumnos y alumnas estudiantes de Artes Visuales de la Universidad Autónoma de Entre Ríos, que fueron convocados por la docente y abogada Lucía Tejera para que registren las audiencias judiciales en la causa de lesa humanidad conocida como Céparo II.

Son casi veinte piezas producidas por estudiantes de la cátedra de Derechos Humanos y Memorias Sociales -materia transversal a todas las carreras de Humanidades de la UADER- que serán expuestos en el espacio público mientras se aguarda sentencia a Atilio Ricardo Céparo, quien durante la última dictadura cívico militar era oficial de la Policía de Entre Ríos y formaba parte de los grupos de tareas de esa fuerza que secuestraban y torturaban en la capital entrerriana. La idea se basa en la experiencia Dibujos Urgentes, un trabajo militante que comenzó en 2010 en Buenos Aires, cuando un tribunal prohibió el registro con cámaras de los juicios de lesa humanidad. En ese momento, la agrupación HIJOS, junto al Instituto Nacional del Arte, invitaron a «clases con modelo vivo en Comodoro Py». Esas ilustraciones, que siguen creciendo, se convirtieron en archivo visual de lo que ocurre en esas audiencias. En el marco de la causa Céparo II no hubo prohibición de fotografías o filmar, pero a Tejera le pareció aunar sus clases en la institución pública con el juicio en curso. «Los invité, se recontra coparon los pibes, se compenetraron y conmovieron porque nunca habían estado en una audiencia», le dijo Lucía a 170 Escalones. «Siempre me interesó, desde que doy clases, poder entrecruzar la universidad con lo que pasa en la calle», agregó.

La consigna no fue rígida: simplemente utilizar papel como soporte y recoger las palabras que escucharan y les llamaran la atención. «En la audiencia a la que fui no estaba Céparo, sino su defensor, y presencié dos testimonios. Por ser de Artes Visuales que íbamos a dibujar nos dieron los primeros lugares, así que estuvimos bastante cómodos en cuanto al plano que teníamos y la vista tanto de las testigos, como de los defensores y de la jueza», contó Julieta Terenzio, una de las dibujantes que eligió lápiz y grafito en hojas A4. «Retraté a las dos testigos y fui anotando alrededor del dibujo los relatos que ellas iban contando. Cuando arrancó la audiencia anoté los juramentos de cada una, que para mí fue muy fuerte, y algunas partes de los testimonios», comentó. La estudiante de 21 años confesó que, en lo personal, se trató de una experiencia nutritiva: «por más que se nos enseñe y leamos sobre la historia argentina y la última dictadura cívico militar, es fuerte ver a las personas que realmente sufrieron y escucharlos en primera persona. Estar ahí es otra cosa, ver llorar, escuchar la cruda realidad que pasaron. Fue fuerte, pero también valioso para darnos cuenta de lo que pasó y lo que nunca más tiene que volver a pasar», señaló.

Agustina Flores, de 22 años, utilizó crayones y lápiz de grafito. «Traté de resaltar algunos rasgos como la mirada, y anotar lo que iban diciendo. Después, con unos recortes de diarios del año 82 de la guerra de Malvinas que tengo guardados, le hice como un collage que contrasta la información: lo duro de los recortes de los diarios con lo humano de un testimonio que devela la verdad después de tanto tiempo», compartió. «Escuchamos a las señoras que estuvieron secuestradas y contaron sus experiencias; fue muy movilizador. Ellas estudiaban cosas relacionadas a las ciencias sociales, y era como sentir que nos podría pasar a nosotras. Llevarlo a la piel y escucharlas fue muy rico, de mucho aprendizaje, porque te hace abrir la cabeza y valorar a la gente que, a pesar de todo lo movilizante que puede ser dar un testimonio, la pelea por la justicia y la verdad», remarcó. «Estábamos muy nerviosos y ansiosos por ir, nunca había ido a un juzgado con jueza y todo eso; fue una experiencia totalmente distinta y estoy muy agradecida por haberla compartido», remató Agustina.

En el marco del juicio que comenzó el 17 de octubre pasado, a Céparo se le imputan tres hechos de privación ilegal de la libertad y aplicación de tormentos. Las víctimas son tres mujeres que fueron secuestradas en noviembre de 1976 en Cipoletti, en la provincia de Neuquén, y luego trasladadas a Paraná en donde se las mantuvo detenidas ilegalmente. Este viernes hay actos procesales, réplicas y dúplicas, además de las últimas palabras del imputado de 70 años que cumple prisión domiciliaria en La Paz por otra sentencia anterior de lesa humanidad, y que también fue chofer del Poder Judicial de Entre Ríos a las órdenes de su yerno Emilio Castrillón, actual presidente del Superior Tribunal de Justicia. Luego de un cuarto intermedio, habrá veredicto. La idea es que el montaje de las ilustraciones en el espacio público sirva para visibilizar que en Paraná se están juzgando genocidas. Lucía Tejera tiene pensado, además, juntar estos dibujos con las fotografías de Juan Martín Casalla durante la inspección ocular en el marco del juicio, para hacer una muestra en otro espacio durante más tiempo.

«Todos saben que hay juicios a los genocidas pero muchos no van a las audiencias, aunque son públicas. No se sienten convocados y no es por la temática, porque en la calle cuando marchamos los 24 de marzo somos un montón», reflexionó Tejera, que en esta causa brindó un alegato, junto a Sofía Uranga, a través del Registro Único de la Verdad, en calidad de Amigos del Tribunal. «Creo que no se sienten convocados porque es un ámbito del Poder Judical, algo tan ajeno y cargado de simbolismos para quien no lo recorre cotidianamente. Quienes sí vamos a las audiencias, sabemos que una vez que presencias las testimoniales de las víctimas o de familiares, salís movilizada: no pasa desapercibido, no te da lo mismo», añadió. «Entonces, entendiendo a los juicios como uno de los escenarios en donde se da la disputa de sentidos -porque el reconocimiento de los hechos como verdad jurídica tiene para las víctimas un calor difícil de explicar-, nos interesa que gente que no está metida en el tema pueda presenciar los relatos de las víctimas, que cada vez que se sientan ahí vuelven a ponerle el cuerpo al horror», concluyó Tejera.

 

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