29 de noviembre de 2021

De basura y potrero a cancha y torneo

TEXTO JOHANNA PELTZER

FOTOGRAFÍAS JOHANNA PELTZER Y SUMA DE VOLUNTADES

 

 

Es conocido el trabajo y la asistencia que realiza Suma de Voluntades con las personas en situación de vulnerabilidad en Paraná. Hace unos años atrás, la organización no gubernamental fue por más: la construcción de una canchita de fútbol en el barrio San Martín para que los chicos y chicas de la zona puedan jugar, en serio, al deporte más popular. La red solidaria que se tejió fue tal, que en 2018 se inauguró dando rienda libre al sueño del pibe y de la piba. Hoy están cerca del doblete: una en Antártida Argentina.

Las dos barriadas están pegadas y el paisaje es similar: gris por el humo, sucio por la basura y olvidado por muchos, aunque el contraste con los humedales de fondo hace recordar que todavía hay un mundo afuera. Y sí que lo hay. Un mundo a donde los pibes quieren llegar con la pelota en los pies. ¿Por qué no? Si Maradona salió de Fiorito, ¿por qué no puede salir un diez de Antártida Argentina?

«¿Por qué no?» es la pregunta que se hicieron los voluntarios de Suma de Voluntades cuando uno de los chicos les pidió construir una canchita también en su barrio, después de la experiencia de San Martín Fútbol Club. Y así fue como, antes de la pandemia, comenzaron a convertir el deseo en realidad.

 

 

En una villa nació

No todos los potreros son iguales en el mundo y mucho menos en los barrios más pobres de la Argentina. A veces, correr atrás de una pelota rota en un terreno irregular es un lujo. Pero en Antártida Argentina, el partido era más difícil: había que jugar en pata entre basura, piedra y vidrio, bancarse el olor y esquivar alguna que otra riña. Sin embargo, a los pibes poco parecía importarles, pero ¿hasta dónde se soporta la desigualdad de no poder jugar en una cancha con arcos, redes y césped?

Roberto Arellano fue uno de los vecinos que se puso la 10 con la canchita: era el encargado de organizar las cuadrillas de trabajo, los materiales eran guardados en su casa y hoy en día es quién vigila el lugar hasta su inauguración. «Antes acá no había nada, sólo basura. Fue el primer volcadero, se tiraba de todo y los chicos jugaban igual. Pero después fue cada vez más peligroso porque se podían lastimar y se fueron a otros barrios, hasta que pasó el accidente», contó.

El accidente. Fue algo que cambió la perspectiva de todo el poblado: en una tarde como cualquier otra, los chicos se fueron al polideportivo del barrio Paraná XVI a patear la pelota, pero cerca hubo una balacera. Enzo, de 16 años, recibió una bala perdida en la cabeza. «Fue muy duro y ahí decidimos más que nunca que teníamos que hacer esta cancha», aseguró.

«Después de lo que pasó, mis hijos no volvieron más para allá. Enzo vivía al lado de casa. Él está bien, pero fue muy difícil para todos», dijo Laura Ibarra, responsable del comedor del barrio. «No fue un piedrazo, fue un tiro, y eso no suele pasar acá. No estamos acostumbrados porque la zona está tranquila ahora», agregó otra vecina, Inés Cepeda. «Por suerte, eso quedó atrás y esto cambia todo. Estamos muy contentos. Va a ser el corazón del barrio», cerró orgulloso Arellano.

 

 

Una suma de voluntades

El primer desafío de la construcción de la canchita eran las complejidades del terreno y fue lo primero que Falco Andrés Federik, arquitecto de Paraná, tuvo que resolver. «Me sumé al proyecto en barrio San Martín y sentí la vocación enseguida. Cuando me llamaron para estar en este, no lo dudé. Sin embargo, las complicaciones que había en el Volcadero no se comparaban con las de este lugar: una pendiente marcada y un terreno hecho de basura. No servía», explicó.

Conseguir tierra, broza y maquinarias para nivelar fueron los primeros eslabones de una cadena de favores que continúa hasta hoy. La lista es larga: Ático Constructora, Césped Entre Ríos, Dimaco, Haimovich, Ferrenet, Enersa, Vivero El Bosque, Bulonera del Litoral, Servicios Pedrín, Arenera Farjat, Herrería Martín Salomone, Yugdar Agrimensura, Metal Sur, Vivero Don Felipe, Redes Deportivas Rafaela, Domé Arquitectura, Pelotas Toro, la Escuela Técnica N°1, el Club Atlético Patronato, los organismos estatales Vialidad Provincial y Municipalidad de Paraná, y todo aquel que compró la rifa solidaria hicieron posible este proyecto.

Evangelina Ramallo, periodista y conductora paranaense, también forma parte de Suma de Voluntades y fue una de las caras más reconocidas de la campaña: «Cuando sabes que vale la pena el resultado final, no te frena nada. Lo positivo es que siempre hay una buena respuesta y eso no deja de sorprenderme. Es mágico. Es realmente una suma de voluntades. Muchas veces sentimos que no íbamos a poder terminar la obra, pero también teníamos la fe de que esa mano que necesitábamos iba a aparecer y siempre apareció», indicó. 

 

 

La mano de Dios

Articular con empresas privadas y organismos estatales no es tarea sencilla, y a veces, el fin más noble puede tener piedras en el camino. Una fue la pandemia, y otra, la situación económica del país que complicaba las manos más solidarias. «Desde el inicio, los tiempos fueron otros porque eran los propios vecinos que trabajaban en la obra, pero el coronavirus retrasó los plazos y no conseguir ciertos fondos o recursos también. Así fue que dimos con Javier Saviola y Romanela Amato», contó Evangelina.

El Conejito riverplatense y la modelo paranaense fueron contactados por la ONG y no dudaron en ser parte: hoy son los padrinos. «Hicieron una donación de dinero muy importante que nos volvió a poner en marcha con lo que faltaba. Además, nos pusieron en contacto con la fundación Gol Solidari de Andorra, quienes también sumaron capital y otro tipo de elementos», agregó Ramallo.

Como buenos padrinos, Saviola y Amato tuvieron su visita al barrio: «Fue una revolución. Había camisetas de River por todos lados, los chicos les pidieron autógrafos, se sacaron fotos y jugaron un picadito. Fue increíble. Sin dudas, el fútbol mueve multitudes en el mundo y acá movió un grupo de vecinos para que sus hijos y nietos puedan contar con un espacio de inclusión. La canchita no es el final, es el inicio de la transformación del barrio», cerró.

 

 

Para escapar, el fulbo

El trabajo de contención en niños, niñas y adolescentes puede darse de diferentes maneras, pero del deporte sin dudas es una de las herramientas de inclusión social más importantes. Y el fútbol, el más popular: fomenta el compañerismo, el trabajo en equipo, hoy no distingue géneros y, de yapa, se puede jugar en cualquier lado con hasta una pelota improvisada.

Los chicos quieren, abrazan y se proyectan en el fútbol: «Acá yo veo muchos pibes sin oportunidades y con este espacio queremos revertir eso. Un chico en la cancha es un chico menos en la calle. Queremos y trabajamos para que puedan soñar con otras cosas», aseguró Ayelén Foti, voluntaria de la ONG.

En Antártida Argentina hay en promedio unos 150 chicos registrados en el comedor del barrio, donde reciben merienda y almuerzo todos los días. La mayoría va junto a sus familias y totalizan así más de 200 personas que son asistidas en el lugar. «Se ha incrementado mucho la demanda y a veces vienen de otros lugares. Empezamos haciendo comida para 50 personas, cocinando medio tacho, y ahora hacemos dos. Son familias enteras: papá, mamá, hijos y a veces abuelos», indicó Laura Ibarra.

«Cubrir las necesidades básicas en el barrio cuesta», aseguran las voluntarias. Hay cuestiones de vivienda, alimentación, educación y contención que escasean y mecanismos que no dan abasto. Pero la obra de la canchita es una esperanza. Hoy en día, está con un avance del 85% y sólo restan detalles finales como los arcos, banco de suplentes, luminarias y el portón. ¿La fecha estimativa? Enero.

Sin dudas, este espacio recuperado es el inicio de la transformación de uno de los sectores más postergados de la capital entrerriana, pero el trabajo no termina con la inauguración. Una escuelita de fútbol y la organización de torneos son la premisa para el arranque. Además, proyectan un espacio de juegos para los más pequeños y un Salón de Usos Múltiples para dar clases, brindar la merienda y tener un vestuario. «¿Por qué no?» fue la pregunta que se hizo Suma de Voluntades hace dos años y hoy está más que clara la respuesta: que empiece a rodar.

 

 

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