25 de septiembre de 2021

Cuando el río no suena, conversatorio

TEXTO Y CAPTURAS DE PANTALLA PABLO RUSSO

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Se realizó un conversatorio virtual convocado por el Museo Provincial de Bellas Artes Dr. Pedro E. Martínez hace unos días atrás, más precisamente el miércoles 25 de agosto. La desventaja de la reunión, titulada Cuando el río no suena, fue la imposibilidad propia de estos tiempos de ocupar un espacio conjunto; aunque una de sus prerrogativas es la oportunidad de verlo a la carta, ya que la grabación quedó disponible en el canal de YouTube de la institución dependiente de la Secretaría de Cultura del Gobierno de Entre Ríos.

 

 

El encuentro, vinculado a la muestra «Patrimonio Humedal. De la representación del paisaje al compromiso con el ambiente», reunió un grupo de artistas cuyos trabajos están relacionados a la reflexión crítica del ambiente, el territorio y sus comunidades, desde un abordaje práctico del arte contemporáneo. Con presentación de Marcela Canalis, directora del museo, y moderación de Diana Campos, expusieron sus ideas y compartieron parte de sus trabajos –a través de las pantallas– Marisa Núñez Caminos, Lorena Ledesma Magni, Oscar Tucho Salarí, Paula Ruiz Díaz y Lucía Affranchino.

Canalis comenzó presentando la exposición, de la que dijo que no es otra cosa que una muestra sobre el tema que preocupa hoy, mirado a través de piezas que el patrimonio del museo ha ido incorporando a lo largo de los años. «Desde que empezamos esta muestra sabíamos que teníamos que contar esa otra parte del arte que no necesariamente puede ser contenida dentro de los límites del museo, y esa es la razón por la que compartimos este encuentro», afirmó, destacando a su vez que la práctica artística del arte contemporáneo en territorio, generalmente consiste en obras efímeras. Lo que se comparte es el registro, en fotografía y video, que va conformando el recorrido de cada artista. «A medida que fueron pasando los días, los meses, pensamos en este conversatorio y que no podíamos no actualizarlo: si íbamos a hablar de los humedales no podíamos no habar de la bajante histórica que estamos atravesando en el río Paraná, cuyas consecuencias desconocemos», dijo Canalis. «Esto es aquello que el museo no puede contener entre sus límites, pero que tiene que ver con el camino, con la sensibilidad, las poéticas y el recorrido de nuestros artistas en la provincia de Entre Ríos respecto de nuestro ambiente, no ya como paisaje romántico, bucólico que solemos disfrutar, sino como el entorno que nos contiene y del que somos responsables», señaló.

A su turno, Diana Campos rescató la memoria del museo como vigía del arte contemporáneo y se refirió a las prácticas artísticas en marcos no establecidos pero reales, «en marcos de una cultura del agua que nos hacía sumergirnos en un paisaje que hoy no estamos encontrando». Según Campos, esta práctica artística permite, desde sus poéticas, construir conciencias, que es lo que el arte contemporáneo posibilita: como agentes culturales, construir ese canal comunicador. Cuando el río suena trae abundancia, trae cosas, pasan cosas, construye el imaginario de la región, pero «¿Qué es lo que nos pasa cuando el río no suena? ¿Y que es lo que les pasa a las y los artistas cuando el río no suena?», preguntó a modo de disparador para reflexionar a partir de esta interpelación de un río seco.

 

 

«La ronda», como la definió Campos, fue seguida por varias decenas de personas al momento de su transmisión en vivo, y casi una semana más tarde tenía unas 350 reproducciones.

La primera de las artistas en exponer fue la ceramista y escultora Marisa Núñez, de Victoria. Marisa contó que cuando empezó la bajante y los incendios en las islas no le bastaban la arcilla ni la escultura para generar un gesto de intención, de símbolo y de discurso en su obra. Entonces comenzó a indagar en el arte acción, inspirada en lo performático. «Empecé a trabajar con la arcilla y con el cuerpo. El cuerpo nos pide», expresó. Barro, cuerpo y elementos de la naturaleza son sus elementos para indagar en temáticas como los pueblos originarios, la mujer y el medio ambiente. «La cerámica ha mutado, quedó atrás, no alcanza con la transformación del fuego, sigue el camino de las búsquedas poniendo ahora el cuerpo, sobre todo de mujer, que ahora es guía, la que pide respeto, igualdad y todo lo que reclamamos como mujeres. Acá está Pacha como mujer gritando y pidiendo concientización», expresó mientras mostraba rastros fotográficos de sus acciones a las que enmarcó como neo expresionismo con impulso ecológico y feminista.

La siguió Lorena Ledesma Magni en representación de Artistas Para el Pueblo, grupalidad de la que también forma parte Hernán Guerrero. Para comprender el contexto social de las luchas ambientalistas, Lorena partió de una pregunta formulada por el comandante Hugo Chávez Frías hace más de quince años: ¿Puede una tierra finita soportar un proyecto infinito? A partir de eso, propuso pensar la crisis del capitalismo, del desarrollo de un modelo destructivo, para entender lo que pasa. «Ese capitalismo es el destructor del mundo», sentenció Ledesma Magni como introducción a la muestra de la gráfica contemporánea popular, comunitaria y colectiva que trabaja sobre el territorio urbano de la ciudad de Paraná. Se trata de una «poética situada contemporánea» que trabaja con afiches tipográficos con el peso de la tradición y el seriado, con papeles que se destruyen y que se arman en una frase en formato de espejo. Como cierre de su exposición leyó un poema de Regina José Galindo, una artista plástica guatemalteca.

El concordiense Tucho Salarí repasó su trabajo con la flora, fauna y leyendas del litoral. «Decidí que me interesaba la plástica aplicada a algo útil, entonces la tarea que seguí con gusto es la de difundir qué pasa dentro del monte, qué animales hay, qué plantas, qué universos mágicos», relató. «Basta de ver ositos y elefantes, hay que llevar a los chicos a ver un poco más de esto. Ahora está de moda, por suerte, pero cuando empecé tenía que explicarlo muchas veces. Y seguía adelante con esto porque plásticamente es interminable», añadió. En su producción interactiva Fábulas del Monte, un carpincho ayuda a un yacaré que perdió el rumbo al agua por la sequía. Salarí también experimentó animación en base a arcilla de la costa del río Uruguay, cuyo resultado lleva el nombre de Leyendas del litoral.

 

 

Paula Ruiz Díaz se presentó como integrante de Río Feminista, conformado por una red de mujeres que habitan, producen, aman y desean en el territorio del delta del Paraná y del Río de la Plata. Esta grupalidad surge de Taller Flotante de Victoria, de quienes adoptan el método del andar, el encuentro y el compartir. Paula contó cómo recorrieron la zona de islas en lanchas, conectando con mujeres que hoy forman parte del colectivo. «Vamos a los lugares, conocemos el territorio, hay mucha escucha, mucho saber de lo que tienen que decir, de lo que nos tienen que contar. Ellas son las que les están dando este sonido a rio feminista», indicó. La actividad artística que encaran es interdisciplinaria: «el agua del río, el paisaje y el andar nos fue despertando crónicas poéticas, pensamientos filosóficos, construcciones discursivas que quedan como insumo para generar imágenes, líneas, sonidos». La intervención del espacio público resulta una consecuencia inevitable más que una decisión artística, opinó. Además, en la virtualidad encontraron una ampliación de ese espacio público hacia otros lugares, como sitio de circulación, intercambio y visualización. El trabajo, fundamentalmente centrado a visibilizar la actividad de las mujeres en el río, se expuso en diversas muestras de diferentes ciudades desde 2019 (como los proyectorazos con transmisiones en vivo durante la pandemia, por ejemplo en el Quinto Cuartel de Victoria). «Nos reconocemos como defensoras ambientales en nuestro accionar» y «el arte es nuestra herramienta para poder activar pensamientos políticos» fueron dos definiciones claves que compartió Paula en el encuentro del miércoles 25.

A la fotógrafa y realizadora audiovisual Lucia Afranchino, de Victoria, le tocó la exposición final. La artista compartió imágenes en proceso de su proyecto Bodegón, una pieza audiovisual breve que fue pensada a raíz de lo que ocurre en los humedales. «La intención es trabajarlo desde un concepto de siniestro», aclaró. «El terror, el suspenso y lo siniestro es el lenguaje que elijo para poder representar o comunicar mi manera de ver y hacer sentir a través de lo audiovisual», detalló. En Bodegón, Afranchino presenta a la naturaleza muerta contemporánea propiamente dicha, la explotación de los seres más vulnerables como del río. «Estamos en un momento crucial cuando hablamos del medio ambiente, donde sometemos a lo diferente y nos convertimos en empresarios de la gula, en los monstruos de la era moderna; entonces, me es inevitable no pensar en todo esto como una especie de película de terror, donde vemos muerte, sequías, ausencia. Este proyecto trata la pobreza, lo escaso, queda el registro de eso que fue abundante: es la naturaleza muerta desde un nuevo bodegón», definió. Lo siniestro, según Afranchino, además del estilo, es el despojo del río, el desamor al humedal, la naturalización de aquello que nos condena.

Cuando la transmisión se acercaba a las dos horas de conversación, Marcela Canalis compartió unas palabras a modo de cierre. «Para el museo no es una opción no estar presente en estos temas que nos atraviesan como comunidad, en lo que es la agenda pública y lo que llamo la agenda popular. Somos una institución de cultura pública y tratamos que, a través de estas acciones, esa palabra “pública” comience a conformarse en la palabra “popular”». El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma, parafraseó a Bertolt Bretch.

 

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