29 de noviembre de 2021

Circuito de sal

TEXTO FRANCO GIORDA

FOTOGRAFÍAS FLORIANA LAZZANEO

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La realizadora audiovisual, Floriana Lazzaneo, la artista del movimiento, Victoria Roldán, y la artista sonora, Jenny Ramírez Osorio, presentarán Sal, un concierto performático creado a partir de la exploración de las relaciones entre el cuerpo, la memoria y el feminismo. Esta propuesta estética será consumada este viernes 19 a las 21:30 en La Vieja Usina (Gregoria Matorras 861).

 

 

Jenny comentó a 170 Escalones que «el proyecto surgió desde el deseo de una transformación para, de algún modo, desnaturalizar nuestras prácticas establecidas o cotidianas. Esto se enmarca en un proceso donde las tres ya veníamos entrelazadas compartiendo ideas. Así es que Floriana nos contó que había escrito un guion y que tenía una idea con la palabra “sal”. Entonces, entre las tres empezamos a intercambiar pareceres porque venimos de disciplinas diferentes» y añadió que «leímos a poetas latinoamericanas, incluidas en el relato de Floriana, que estaban enlazadas por un hilito de sal, yo diría. Desde ahí, vimos qué posibilidades de interacción había entre las disciplinas y los dispositivos propios de cada una».

Esa búsqueda de las tres artistas estuvo guiada por algunas preguntas: ¿Cómo se siente la sal? ¿Cómo se ve la sal? ¿Cómo se escucha la sal? ¿Qué pasa cuando la sal entra en contacto con otro material? ¿Conduce electricidad? También surgieron otros interrogantes conceptuales del siguiente orden: ¿Cómo conectar tres lenguajes diferentes y que las personas puedan entrar en esa comunicación?

 

 

Por su parte, Floriana sostuvo que «el diálogo es siempre un desafío y es la meta a su vez.  Hace tiempo vengo encontrándome en situaciones y trabajos desde la interdisciplinariedad y es allí donde me siento cómoda. No es hacer una foto o video y ya, sino poner a dialogar qué sonidos me traen los materiales, qué textos, qué recuerdos, qué gestos y a partir de eso que la deriva sea infinita. El proceso creativo de Sal tuvo mucho de eso. A partir de una frase de Karen Blixen, una escritora danesa, que dice algo así como “la cura para todo es el agua salada: en el sudor, las lágrimas o el mar”. Entonces, a partir de esos tres elementos, sudor, lágrimas y mar, empezamos a construir y desarrollar un universo con Jenny y Vicky. Fueron muchos encuentros para charlar qué quería cada una, qué teníamos ganas de mostrar y cómo hacerlo. Juntarnos a trabajar implicó tardes de ver artistas referentes y estudiar sus obras, leer autoras que nos conmueven como Suely Rolnik, Diana Szeinblum, Donna Haraway, Alejandra Pizarnik, entre otras. También hicimos pruebas de materiales, proyección sobre éstos, generamos sonidos. Fue un proceso colectivo súper enriquecedor y gratificante».

Finalmente, Victoria Roldán dijo, en relación al factor común que desarrollan las tres artistas, que «en uno de los primeros encuentros de esta última etapa de Sal anoté: seguir a lo que le da ganas a cada una y abordarlo conjuntamente. Son anotaciones de derivas, entre deseos, ocurrencias, limitaciones y experimentos» y agregó «las tres queremos salirnos de la distancia de la obra con las espectadoras y también de los lugares en los cuales nos vamos encapsulando con el régimen del arte, cada una desde el lenguaje que practica. Entonces, tuvimos el gesto de mezclar un poco todo, hablar de nuestras vidas mientras todas soldamos cables, cortamos maderas, nos dejamos caer hacia un colchón, tocamos y nos tiramos sal, leemos, nos hacemos preguntas, comemos y hasta filmamos fragmentos. Una especie de tráfico de información desde el cual fuimos dibujando recorridos posibles. Por eso, Sal es una experiencia afectiva».

 

 

El proyecto performático es abordado, entonces, desde una interdisciplinariedad que incluye música, danza, movimiento y visuales en vivo. En esta confluencia, las tres artistas indagan sobre la memoria y el feminismo. Afirman no haber estado solas en el proceso y por eso agradecen la asistencia técnica y colaboración de Sergio Fabri, Daniela Osella, Ana Julia Claro, Santiago Chávez Novaro y el Centro Cultural La Vieja Usina. Sal cuenta con el apoyo del Fondo Nacional de las Artes y La Taller. Para la entrada, se propone una colaboración voluntaria de 200 pesos.

 

 

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