25 de septiembre de 2021

Buscar luz en el desamparo

TEXTO PABLO RUSSO

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La sección entrerriana arranca hoy en el Festival Internacional de Cine de Entre Ríos (FICER) con la proyección de una película que el crespense Eduardo Crespo estrenara en 2012 en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Se trata de su opera prima Tan cerca como pueda (75’, ATP), ficción que narra el regreso de un hombre a su pueblo en el que debe convivir con un sobrino en su departamento. Crespo, quien presentará la función de las 17:15 en la sala 2 de la Planta Baja del Centro Provincial de Convenciones, conversó con 170 Escalones sobre esta producción y sobre el eterno retorno a su ciudad de origen.

 

 

¿Cómo fue la experiencia de realizar esta película?

Tan cerca como pueda la filmé en Crespo allá por el 2011 y se estrenó en 2012 en el Festival de Mar del Plata. La idea de filmar la película en Crespo es algo que hacía mucho venía craneando. Quería hacer mi primera película y tenía que ver de qué forma hacerla, porque siempre es mucha presión cuando uno quiere filmar algo tan grande. Es una decisión importante y que lleva mucho trabajo. Fue un impulso de volcar todas las ideas que tenía en la cabeza y que venían madurando con el tiempo, había que hacerlo y fue algo impulsivo de salir a filmar.

 

¿A quiénes implicaste en esta filmación?

Tenía ganas de filmar a mi familia, algo de lo que ya había vivido en Crespo en toda mi adolescencia. El título de la película resume esta idea de querer acércame lo más posible y encontré una especie de cuento o de ficción para que ellos se entreguen un poco y poder filmarlos más de cerca sin que haya incomodidad. Trabajé con no actores, con gente de Crespo, amigos y parientes. La idea fue un poco eso, juntarlos a todos y filmar esta especie de registro que a mí me interesaba: los vínculos y afectos que hay en un grupo de personas en un pueblo, y cómo se da esa red de contención entre distintas generaciones; esa es la idea de la película. Los protagonistas son parientes, un tío y un adolescente que se le instala a vivir en la casa del tipo que viene con algunas frustraciones a rehacer su vida. Este joven, desde otro punto etario, también tiene que empezar a construir algo de su vida y hacerse alguien, con su personalidad y su identidad.

 

 

¿Cómo la ves ahora con el paso del tiempo?

Con el tiempo la voy sintiendo más cercana a pesar de que han cambiado ideas dentro de mí, pero creo que estuvo bien filmar en ese momento cuando uno todavía tenía algunas ideas no tan claras pero cierta libertad que hoy no. Hoy tengo más condiciones para filmar, fue medio como un arrebato, mandarse, producir independientemente con un fondo del Festival de Rotterdam. Con esa plata que era para escribirla, desarrollarla, pude afrontar los gastos de toda la película, fue muy independiente pero de un disfrute compartido con muchos amigos. También el equipo técnico fueron todos amigos con los que habíamos arrancado con la idea de hacer cine; y, de repente, hacer las películas de verdad es un momento que disfrutábamos mucho. Entre ellos, Ivan (Fund) y Maxi (Schonfeld).

 

Sigue siendo actual en el contexto en que vivimos.

Hay algo del tema de la película que se torna un poco actual, algo de rebuscársela en la crisis, eso de que quizás de las crisis salen algunas cosas luminosas. No para todos y siempre, pero algo de buscar un poco de luz en semejante desamparo. Este chico teniendo que trabajar y no teniendo muchas cualidades ni habiendo estudiado tiene que hacerse un poco de abajo y empieza haciendo tinglados, un trabajo en negro, nada muy claro, pero ahí encuentra unos amigos con los que comparte alguna cerveza. Me gustaba que en ese panorama sin mucha esperanza se encontraba algo mínimo. Y este tipo que llega de haberse divorciado y otros quilombos, un poco grande para promesas, de repente se cruza con una mujer y se puede ver un comienzo de relación, que por poquito que sea ya es un montón para ese panorama con el que viene surfeando.

 

 

¿Te beneficia o te complica tener el mismo apellido que tu ciudad?

Lo de Crespo de Crespo ya es un chiste un tanto común, pero siempre sirve para recordar de dónde vengo. En Crespo ayuda un poco a abrir puertas eso de que a uno lo conozcan. Por eso siempre vuelvo a filmar, porque uno se siente cómodo en el lugar donde lo reciben tan bien. Así que seguiremos filmando algunas películas más en nuestra querida ciudad.

 

¿Qué opinás del festival?

Me parece súper importante esta segunda edición que llega para consolidar la propuesta. Es atractiva la programación y el nivel de invitados internacionales que llegaron, pero sobre todo las películas: está buenísimo que lleguen a la provincia y ojalá pueda haber muchos más espacios donde verlas más allá del festival. Es un gran comienzo y espero que sea una gran edición para que el festival siga muchos años más.

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