18 de abril de 2021

«Biblioteca feminista» se presenta en Paraná

TEXTO FRANCO GIORDA

 

 

Todas las luchas por la libertad y la conquista de derechos cuentan con una tradición, más o menos prolongada, que puede rastrearse a lo largo del tiempo. A pesar de que muchas veces esa raigambre política intenta ser borrada siempre sigue allí para ser redescubierta y resignificada. La revolución feminista en marcha no es la excepción, hunde sus raíces a lo largo de más de dos siglos en los cuales ha habido importantes procesos y debates en torno a las relaciones de género. Justamente, el libro Biblioteca feminista (2020) de la periodista, escritora y ensayista Florencia Abbate permite reconstruir las discusiones, la producción teórica, las intervenciones políticas y las continuidades e interrupciones que se han dado desde 1789 hasta la contemporaneidad en el campo de los feminismos. Este recorrido lo plantea a través de la elaboración de perfiles de autoras que han marcado hitos en la mencionada historia no siempre visibilizada.

Este trabajo de divulgación será presentado en Paraná el sábado 3 de abril a las 19 en el Puente de los Suspiros, en el corazón del Parque Urquiza. La actividad es organizada desde la editorial de la Municipalidad de Paraná. En este marco, también está previsto un taller de lectura para el mismo día a las 10 de la mañana en Casa de la Costa, ubicada en el Puerto Nuevo.

Además de la obra mencionada, Florencia ha publicado numerosos libros de diferentes géneros; desde narrativa como las novelas El grito (2004) o Magic Resort (2007), literatura infantil, poesía, otros libros de divulgación como Gilles Deleuze para principiantes (2001) y ensayos como Apuntes sobre transexualidad (1998) o su tesis El espesor del presente. Tiempo e Historia en las novelas de Juan José Saer (2014). A su vez, la autora fue parte del grupo de comunicadoras y activistas que impulsó la primera marcha de Ni Una Menos en 2015.

 

 

En Biblioteca feminista se recopilan las historias personales y políticas de mujeres como Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, Flora Tristán, Alexandra Kollontai, Simone De Beauvoir, Angela Davis, Monique Wittig o Judith Butler, entre muchas otras. En el prólogo, Abbate manifiesta la voluntad de recuperar la historia soslayada y contextualizar la vida de estas referentes en el marco de procesos colectivos que dieron lugar a las diferentes corrientes del feminismo.

A modo de adelanto de la conversación que seguramente se dará entre Florencia y el público que asista a la presentación, 170 Escalones le propuso un intercambio de preguntas y respuestas que se reproduce a continuación:

 

¿Cómo surgió la idea de reunir los perfiles de las autoras feministas elegidas?

Surgió con la idea de recuperar toda una tradición de pensamiento feminista que comienza hace más de dos siglos. Desde el ámbito académico se venían leyendo a autoras feministas desde hace veinte o treinta años, pero incluso dentro de ese ámbito, el pensamiento feminista quedó confinado a seminarios o revistas especializadas, y no se incorporó a las materias obligatorias de las carreras, mucho menos a las lecturas de los colegios. En ese sentido me parecía necesario contribuir a democratizar ese saber y producir un libro que llegara a un público amplio. Muchos feminismos han hecho hincapié en la importancia de construir genealogías porque esto permite recuperar legados, valorizar los aportes del pensamiento feminista y comprender la situación de mujeres y de las personas LGTBI+ en perspectiva histórica. Nada de lo que está sucediendo comenzó anteayer ni surgió de la nada. Como digo en el epílogo “hacer memoria también es tomar conciencia de todo aquello con lo que contamos”, y agrego que “la amnesia ha sido una estrategia para restarnos poder”.

 

El recorte temporal empieza en la emblemática fecha de 1789 y llega hasta el presente ¿Por qué elegiste ese período que coincide con buena parte de la Modernidad?

Empieza ahí porque existe cierto consenso en que ese es el contexto en que surgen por primera vez los reclamos por los derechos de las mujeres como sujeto colectivo. El libro tiene un hilo narrativo que intenta ir más allá de los nombres de las autoras en cuestión. La idea era que a partir de esas autoras se pudiera armar un recorrido a través de las distintas épocas, como una suerte de viaje en el tiempo, que permitiera ver en perspectiva histórica las luchas y debates en torno a las desigualdades de género, desde fines del siglo XVIII hasta nuestros días. Elegí a estas activistas y pensadoras porque sus vidas y sus obras me parecen fascinantes y porque son representativas de ciertos movimientos que se extendieron más allá de las fronteras nacionales y tuvieron representantes en muchos países, incluido el nuestro. Muchas de ellas son autoras que podríamos llamar “clásicas”, en el sentido de que ya han sido reconocidas en el campo de los estudios feministas a nivel global, como Mary Wollstonecraft o Simone de Beauvoir. Construir una memoria histórica de las luchas feministas a partir de la modernidad me parece una tarea política y cultural fundamental. Los libros conservan una herencia cultural que se trasmite a través de la lectura; y en el caso de los feminismos, me parece, es la herencia de un pensamiento crítico y emancipatorio, y de una militancia imaginativa y audaz. Eso es lo que quise mostrar en el libro.

 

¿Cómo fue el proceso de selección de las mujeres incluidas en la publicación?

En mi selección cada autora tenía que cumplir tres requisitos: que hubiera participado de algún hito histórico o marcado un hito conceptual, que me permitiera reconstruir un movimiento colectivo, y que me llevara a debates actuales. El libro comienza con un gran hito histórico: el surgimiento de los discursos feministas durante la Revolución Francesa, y en ese contexto es que analizo las obras de Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft. Del mismo modo, cuando hablo de las vidas y las obras de Clara Zetkin y Alexandra Kollontai a principios del siglo XX, no me refiero sólo a ellas, sino que reconstruyo la historia del movimiento de mujeres socialistas y trabajadoras y las conquistas políticas que lograron; hay que estudiar esas luchas para entender por qué, por ejemplo, las mujeres que trabajamos contamos hoy en día con algo que se llama “licencia por maternidad”. Me interesaba reconstruir los movimientos y las luchas porque, en definitiva, todo logro es siempre colectivo. Y también me importaba abordar temas que estuvieran relacionados con los debates actuales y con nuestro propio contexto: la Argentina de hoy. Por ejemplo, presentar a Emma Goldman como una pionera de la educación sexual, por haber sido la primera mujer en explicar públicamente el uso de los anticonceptivos en una conferencia de 1915, tiene interés en un contexto en que estamos hablando de la importancia de la ESI (Educación Sexual Integral). También me importaba explicar conceptos que hoy se utilizan bastante y mucha gente no sabe de dónde provienen. Por eso, por ejemplo, me dedico a explicar cómo se fue forjando el concepto de “interseccionalidad”, que proviene de la riquísima tradición de los feminismos afro. Por ejemplo, Angela Davis y Audre Lorde teorizaron sobre la importancia de considerar factores como la raza y la clase social, además del género, e hicieron una crítica fuerte a la mirada de las feministas blancas y burguesas que no consideraban la realidad de las mujeres negras de clase trabajadora. Pero no llegaron a este tema de un modo abstracto, sino porque ellas sufrieron en carne propia la discriminación. En otros capítulos me dedico a explicar el concepto de “género” y su estrecha relación con la cuestión de la educación. Por ejemplo, notamos que las últimas décadas la forma de educar a las mujeres ha cambiado, pero también observamos lo difícil que es erradicar del todo algunas costumbres de la educación de género. Todavía muchas veces se sigue trasmitiendo la idea de que “los varones no lloran”, que deben ser fuertes, o que las nenas deben comportarse de un modo diferente, se espera que sean “más buenitas, colaboradoras y condescendientes”, y esto tiene consecuencias, porque muchas veces se les enseña a las niñas a aprender a tolerar que los varones les impongan cosas o que deben estar siempre dispuestas a atenderlos. La cuestión de que “la feminidad” y “la masculinidad” se trasmiten a través de la educación y de los hábitos culturales es un aporte central de Mary Wollstonecraft que, como muestro en el libro, va a estar presente más tarde en las ideas de Simone de Beauvoir, Kate Millett e incluso Judith Butler, ya que todas ellas piensan el género como una construcción cultural. La idea era que el libro brindara herramientas para comprender mejor los debates del presente y, de paso, estimular a construir una cultura más igualitaria.

 

 

¿Qué vínculo encontrás entre tu participación en el movimiento Ni una menos y este trabajo de divulgación?

En el 2015, cuando lanzamos la convocatoria Ni Una Menos, viví una experiencia muy emocionante que me marcó. Fue impresionante ver cómo se viralizó la consigna, explotó en Twitter y en Facebook y de ahí pasó a los grandes medios, pero también se había ramificado por debajo: había entrado a cada casa, a cada institución, desde las escuelas hasta los ministerios, pasando por los cuarteles de bomberos y las redacciones, la consigna Ni Una Menos había permeado en toda la sociedad. Nosotras habíamos hecho la convocatoria para la Plaza del Congreso, pero en una semana esa convocatoria se multiplicó y al final se organizaron marchas Ni Una Menos en casi cien ciudades de la Argentina. Fue increíble. El 3 de junio de 2015 se convirtió en una fecha bisagra, porque de alguna manera a partir de ahí hubo en nuestro país un cambio en cuanto al sentido común, y muchos reclamos que venían desde hace décadas cobraron más fuerza. El hecho de que se hayan sumado al feminismo las nuevas generaciones, que fueron protagonistas centrales en los últimos años, fue también un estímulo importante para desear escribir este libro, que creo que sirve para formarse y para descubrir la historia de estas luchas y poder reconocerse como parte de una larga historia. Por ejemplo, si miramos lo que pasaba hace un siglo: a los hijos varones los mandaban a la universidad, a mujeres no; los varones podían trabajar, mientras que las mujeres necesitaban un permiso y sólo accedían a los peores puestos de trabajo; la patria potestad era exclusivamente de los padres, aunque fueran las madres quienes parían y criaban; los varones votaban, las mujeres no; y así con muchas cosas. Tomar conciencia de que las cosas son históricas reafirma la idea de que pueden ser transformadas, y que cada persona, desde su propio y pequeño lugar, puede contribuir a esa transformación.

 

¿Cuál ha sido la recepción del libro, en el marco de la pandemia, desde que salió publicado hace aproximadamente un año?

Ha sido una recepción muy buena aunque, por la pandemia, no tuve la posibilidad de hacer presentaciones o de intercambiar en forma presencial con muchas personas que leyeron el libro y que me invitaban a charlas, por ejemplo, en profesorados y otras instituciones. Por eso estoy muy entusiasmada con la visita a Paraná, donde haremos una presentación al aire libre y en un lugar tan lindo como el Parque Urquiza. Es una gran oportunidad para juntarnos y charlar y compartir inquietudes y experiencias. Les espero con muchas ganas.

 

 

La presentación del libro Biblioteca Feminista tendrá lugar el sábado 3 a las 19 en el Puente de los Suspiros. También habrá música de Candi Montiel. Antes, por la mañana, se realizará el taller de lectura a las 10 en Casa de la Costa, en el Puerto Nuevo. Esta actividad es gratuita, pero requiere de inscripción previa a editorialmunicipalparana@gmail.com

 

 

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