22 de octubre de 2020

Artista total

TEXTO FRANCO GIORDA

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Fernando Callero hizo de su vida una obra que impresionó a todos; tanto a quienes fueron sus amigos más cercanos como a quienes se lo cruzaron esporádicamente, incluso, sin siquiera intercambiar palabra. Nadie quedó igual luego de presenciar o participar de sus presentaciones en las que se exponía al máximo. Esas experiencias vitales quedarán en la memoria colectiva de una generación que transitó una escena poética y musical en la que Callero fue una estrella, en el mejor sentido de la palabra. Su poesía, su narrativa y sus canciones perdurarán en el tiempo para que siempre alguien las pueda actualizar.

Desde los 90 su nombre circuló como una referencia entre quienes buscaban en la música un lugar para estar en libertad. Con el correr del tiempo, sus grabaciones se pasaban de mano en mano y cada vez que actuaba en vivo, haya sido a uno u otro lado del río, la cita era ineludible. No son pocos los que se saben las letras de sus temas y las cantan con muchas ganas cuando suenan en sus auriculares, salen por los parlantes de la computadora o se reproducen en algún dispositivo musical. Incluso, para conmemorarlo, en estos días, alguien cantó a capella el estribillo de Un corazón en un audio de whatsapp. En una canción era capaz de dar referencias literarias, hablar de química o criticar al rock y a los artistas. La vibración que le imprimía a su voz era una de las marcas inconfundibles de sus virtudes.

 

 

Callero habitó el litoral de una manera inolvidable. Transitó el espacio sin andar por lugares comunes o senderos mil veces recorridos. Esquivó lo que ya estaba hecho, lo seguro y lo instalado. Supo hacer su propio paisaje. A su paso cambiaba la naturaleza (la «natureza» tan mentada en sus producciones). Cada vez que llegaba a Paraná, un rayo atravesaba la ciudad. La voz corría veloz y esa noche seguro que pasaba algo trascendente. Fernando traía poesía, música, baile y descontrol.

Los datos biográficos conocidos son que nació en Concordia en 1971 y se mudó a Santo Tomé en 1995. Desde esa base irradió su poder de poeta y, al mismo tiempo, su casa se convirtió en un punto ineludible para los jóvenes que lo eligieron como maestro. Ni siquiera el destino absurdo que lo postró en los últimos años, producto de haber caído con su bicicleta en un pozo de una obra en construcción sin señalética, le opacó su energía artística.

Ser artista es un misterio y ser un sabio es otro misterio. No se necesitan títulos, formalidades ni instituciones para elevarse a esas alturas de la humanidad. Es algo que tal vez no se elija. El público y los discípulos son los que eligen quién es artista y quién es maestro. Pues bien, Callero fue elegido para ambas cosas.

No fue condescendiente y podía ser punzante. Le gustaba provocar y no le temía al escándalo. Por momentos, parecía que el mundo le quedaba chico.

En estos días, sus amigos y conocidos lo despiden en las redes. Muchos cuentan alguna anécdota personal vivida junto a Fernando. Lo notable es que nadie se olvida lo experimentado junto a él. Su presencia hacía que el tiempo sea diferente a lo ordinario. Su impronta seguirá influenciando al espíritu de la época y más allá también.

Afortunadamente, publicó mucho. Sus obras, más o menos, se pueden rastrear. Lo último conocido por estas tierras es Martín Rosas, un aficionado a los barcos con show, libro de poesía de 2019, editado por Abrazo Ediciones de Maxi Sanguinetti y Fernanda Puglisi. Callero hizo su última incursión por Paraná para presentar esa obra el 20 de diciembre del año pasado en la librería Vaporeso. La foto de esta nota es de esa reunión. En un momento de la noche dijo «me quiero ir con este recuerdo hermoso» y los amigos que lo habían traído lo llevaron de vuelta. La audiencia quedó atónita y siguió la reunión en la pizzería de la esquina para asimilar el sentido de lo vivenciado.

A pesar de su muerte el pasado jueves 17 de septiembre, Callero siempre seguirá vivo después de todo.

 

 

 

 

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Comentarios (1)
  1. Viviana dice:

    Conoci a Fernando cuando era adolescente unos 13 años, de aspecto tan flaco que parecia desaparecer. Estoy convencida que era esos seres que deambulan por este mundo …pero no pertenecen a Él… porque no exite un formato que lo encuadre.

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