24 de julio de 2021

Arte para pensar los géneros

TEXTO FRANCO GIORDA

FOTOGRAFÍA GILDA HERMOSA

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Cómo hacerse un cuerpo en el arte es la cuestión que plantea Pablo Farneda a través de su libro, próximo a publicarse por la editorial La Hendija. La obra surge de su tesis de doctorado en Teoría e Historia de las Artes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En su trabajo, estudia la obra de artistas travestis y trans como Susi Shock, Camila Sosa Villada, Nati Menstrual y Effy Beth para reflexionar críticamente, no ya sobre las identidades y las vidas de las integrantes de la comunidad trans, sino sobre los procesos que construyen el género de las personas en general.

Si bien Pablo vive hace varios años en Buenos Aires, mantiene con Paraná un vínculo estrecho motivado por varias razones. En principio, fue la ciudad donde se formó como Licenciado en Comunicación Social por la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER cuando llegó de su Chajarí natal. A su vez, es la ciudad donde cultivó perdurables vínculos afectivos e intelectuales.

En la actualidad es docente investigador en la UBA y en la Universidad Nacional de las Artes. Sus áreas de estudio abarcan el cruce entre arte, política, géneros, feminismos, tecnología y subjetividades contemporáneas.

Cómo hacerse un cuerpo en el arte. Prácticas artísticas y desobediencias al género se encuentra en pre venta en la web de la mencionada editorial; también se puede enviar un WhatsApp a 3434381539. El precio actual es de $1100. La distribución incluye Paraná, Rosario y Buenos Aires. Desde La Hendija explicaron que esta modalidad «es una forma de recaudar dinero para hacer posible la publicación. Lo comprás a un precio más bajo del que tendrá el libro cuando salga a la venta. El libro se entrega una vez finalizado, lo cual se estipula entre los 2 o 3 meses siguientes».

 

 

Sobre el libro por venir, 170 escalones intercambió preguntas y respuestas con su autor.

 

¿Cuál es la razón por la cual elegiste trabajar en tu tesis, específicamente, sobre las ideas de cuerpo, nombre y territorio existencial en relación a las prácticas artísticas trans?

Yo pensé en una lectura y una reflexión críticas de las obras, las performances, la literatura, las poesías, las músicas de personas que forman parte del colectivo travesti trans como si fueran una clave. Son obras que sirven, no solo para descubrir o para escuchar en torno a las identidades y a las vidas de las personas trans, a sus realidades, sino que nos sirven para pensarnos a todos y a todas dado que nos muestran los modos en que se construye el género en el campo social. Entonces, estas artistas trans funcionan en mi escritura, en gran medida, como mis maestras y como mi bibliografía. No como mi objeto de investigación. Ellas me ayudaron a pensar los modos en que los varones cis y las mujeres cis, o sea personas que no somos consideradas en esta sociedad como trans, también atravesamos un montón de procesos de hacernos un cuerpo, un nombre y un territorio, salvo que no identificamos el proceso como tal. Esto, en gran medida, se da de manera inconsciente. La sociedad no reflexiona sobre esos procesos a través de los cuales nos convertimos en varones y en mujeres, pero no hay nadie que no atraviese esos tránsitos y esos procesos. El problema es que hay tránsitos relativamente más fáciles, podríamos decir, y tránsitos altamente dificultosos. Entonces, para mí, estas artistas y sus obras, fudamentalmente, son un lente a través del cual mirar cómo hemos construido una sociedad cis hétero normativa. Son un conjunto de literatura, performances, músicas que nos permiten reflexionar sobre los modos de ser varones y de ser mujeres de todas las personas, no de las personas trans.

 

¿Cómo fue el proceso de gestación e investigación de tu trabajo?

El proceso de investigación surgió primero como un pequeño proyecto para presentarme a CONICET. Todavía vivía en Paraná y estaba buscando horizontes laborales y de vida. Formaba parte de un colectivo hermoso que amo profundamente que me marcó muchísimo que se llama el Foro de diversidad sexual del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo). Fue un espacio que nos brindaron, a un grupo de pibes y pibas, para que nos juntemos a hacer activismo, pero también a tener grupos de pensamiento y de lectura en torno a cuestiones de género y diversidad en el 2009 y 2010. Eso fue una experiencia muy alucinante, de mucho crecimiento, y de compartir un montón de reflexiones y lecturas. Entonces, pensé el proyecto de investigación primero para abordar las discursividades en torno a lo trans. Después, específicamente, las prácticas artísticas. Me interesaba ver estas artistas que tematizaban su experiencia de ser una persona travesti o trans a través de su arte. Entonces, empecé a viajar a Buenos Aires. A finales de 2011 me instalé acá y lo que hice fue entrevistarlas, seguirlas en sus shows, leer sus libros, mirar el mapa de lo que podríamos llamar un under queer, que circulaba en esos años en Buenos Aires. En gran medida, todas estas artistas que forman parte de mi corpus de análisis ya no pertenecen al under. Por ejemplo, Susi Shock es una artista reconocida a nivel internacional, Camila Sosa Villada, publicó Las malas por Tusquets y el libro se posicionó como uno de los más vendidos de la editorial en todo el mundo. Ganó un premio de literatura muy importante a nivel latinoamericano. Nati Menstrual también es una autora muy reconocida en el campo de la literatura argentina y Effy Beth es una performer que falleció en 2014 pero que sin embargo su obra no deja de hacerse cada vez más conocida en Argentina y en el exterior también. En aquel momento, pertenecían a un campo muy under y sus producciones circulaban por centros culturales chiquitos, por fiestas, por espacios autogestivos. Yo me la pasaba ahí, conversando, escuchando, mirando, sacando fotos, entrevistando. Así se fue construyendo esa investigación. Después vino un proceso de escritura que me sumió, por lo menos, un año de encierro a procesar y a pensar muchas cosas de lo que me había ido encontrando. También transité un proceso muy interno a partir de las preguntas sobre qué tenía que ver eso conmigo, por qué me puse a investigar esto, a escribir esto, lo que me llevó a una pregunta muy concreta y muy material que es cómo me interpelan a mí estas construcciones del género y de qué manera me invitan a pensar mis modos de ser varón. Creo que ahí estuvo lo más fuerte de ese encuentro con esas obras. Pensar en cómo me convertí en este varón que soy. Siento que las obras me invitaron a pensar esto que aparece como silenciado, naturalizado que no tenemos ni idea de cómo nos convertimos en estos varones que somos o en estas mujeres que somos. Creo que la tradición de los distintos feminismos, en los últimos 120 años, ha habilitado mucho más la pregunta para las mujeres de lo que se la ha habilitado en nuestra sociedad para los varones.

 

 

¿Cómo llegaste a resolver el título y qué sentidos buscaste poner en juego?

Era el título de un capítulo. Me parecía que podía obviar los tradicionales títulos académicos de una tesis doctoral. Pensé el título del libro de una manera mucho más lúdica. Juego con una pregunta que no tiene que ver con responder qué es un cuerpo trans, una identidad trans o una subjetividad cis sino cómo nos hacemos un cuerpo a través de un montón de procedimientos sociales, de mandatos, de valores, de sentidos, de imágenes, y cómo el arte también es un territorio en donde los cuerpos se hacen y se deshacen, se ensayan, se construyen, se deconstruyen. Me parece que el campo tiene esa potencia política de habilitar ensayos, modos de construcción y transformación de los cuerpos. Podríamos decir que, si la imagen publicitaria pareciera hoy construir los cuerpos en un sentido puramente hegemónico, el arte guarda la potencia de interrumpir esas hegemonías. En ese sentido, me interesaba este título Cómo hacerse un cuerpo en el arte porque es una escritura en torno a un montón de prácticas de hacerse por las que todos y todas pasamos. No hay nadie que no se haga un cuerpo solo que esos procesos están invisibilizados y el arte es un campo donde yo creo que estas artistas lo exponen. A través del arte exponen esos procesos por los cuales todos y todas nos hacemos un cuerpo.

 

Cruzás arte y conocimiento ¿Qué tipo de vínculo estableces entre esos dos campos?

El arte es un modo de producción de conocimientos que podemos llamar de conocimiento sensible. A mí me gusta decir que el arte, mas que producción de conocimiento, es un modo de producción de pensamiento sensible. No es exactamente lo mismo el conocimiento que el pensamiento. Yo creo que en el arte y en el arte contemporáneo hay mucha reflexión. Específicamente desde los años 50 hasta acá, el campo de las artes en Occidente ha devenido profundamente conceptual. El arte siempre es un territorio del pensamiento. Es un territorio del pensamiento a partir de una interpelación sensible. El arte apunta a una cierta conmoción, a una cierta sensibilidad, el arte no está ahí para gustar ni para decorar paredes. Ese es un imaginario muy naif o muy del sentido común del arte: comprar un cuadro para decorar una casa y que me haga juego con el sillón. No digo que esté mal y no digo que no lo hagamos. Lo que digo es que el arte no muere en eso ni siquiera empieza ahí. El arte empieza y acontece allí donde se produce algún tipo de conmoción en la percepción y en la sensibilidad. Lo que va a ser arte para cada uno de nosotros y nosotras es eso que pueda conmovernos, sensibilizarnos. Entonces, eso ya no tiene que ver con los ideales de belleza del arte en el sentido más clásico, ni cómo pensó la modernidad estética el arte. Los parámetros de belleza no se juegan particularmente en el arte contemporáneo. El arte contemporáneo pasa por otras zonas de exploración. Explora mucho más lo abyecto, lo inconsciente, los bordes, lo extraño, lo raro, lo feo, lo inmenso, lo incomensurable, lo otro, la diferencia. En este sentido, el arte está produciendo pensamiento. Está produciendo mucha resonancia con los problemas sociales, no porque los represente o pretenda reflejarlos sino porque entra en resonancias.

 

¿Por qué decidiste publicar con La Hendija?

Primero porque es mi familia y porque Paraná también es mi ciudad, aunque no haya nacido ahí. Los 12 años que pasé en Paraná marcaron mi vida de manera tal que yo me siento profundamente, paranaense. Cuando terminé la tesis, se empezaron a abrir cada vez más cosas acá en Buenos Aires. Muchas ofertas editoriales hermosas y me sentí muy honrado por distintas propuestas, pero yo seguí mi deseo autogestivo de publicar este libro con mi familia. La Hendija es mi familia. Es un lugar que amo profundamente desde que llegué a Paraná, del que me siento parte para siempre, aunque hace mucho tiempo que no hago cosas ahí. Así que me da mucha alegría publicar en Paraná este libro. Me parece que está muy bien publicarlo ahí. Es orgánico para mí.

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