29 de septiembre de 2020

Arte y memoria en el espacio público

TEXTO PABLO RUSSO

FOTOGRAFÍAS ARCHIVO FAMILIA PIÉROLA

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Las conmemoraciones y sus significaciones para los pueblos son, a veces, algo extrañas. Un acontecimiento punzante, un episodio más del Terrorismo de Estado como fue la Noche de los lápices (La Plata, 1976) puede, a su vez, reconvertirse a partir de la construcción colectiva de la historia en un evento que es también de satisfacción: la inauguración del Monumento a la Memoria en la Plaza Sáenz Peña (Paraná, 1995). Dolor y alegría combinados en la misma fecha a partir del accionar de la dictadura cívico militar y la respuesta de la sociedad organizada en la evocación de las víctimas directas de esa maquinaria de secuestros, tortura, desapariciones y muertes.

La Plaza Sáenz Peña está más vacía que nunca desde hace meses por el contexto de pandemia. Cerca de la esquina de Enrique Carbó e Hipólito Irigoyen, la obra de Amanda Mayor impulsada por la Asociación de Familiares y Amigos de Desaparecidos Entrerrianos y en Entre Ríos (AFADER) sigue cargando de sentido ese rincón del espacio público, del que hoy se cumple un cuarto de siglo de su emplazamiento.

 

 

 

La obra

El bloque presenta cinco cuadros de gran tamaño, que pueden interpretarse en forma cronológica de izquierda a derecha. La figura calada de un hombre entre rejas en el primero, se transforma en fantasma en el siguiente, con los hierros que se esfuman y la madrecita llorando con el rostro cubierto a sus pies. A continuación, la imagen recortada sobre el granito es la del territorio de la República Argentina, con la frase «Nunca Más» en su interior. La cuarta moldura presenta una silueta más polisémica, que puede ser la Justicia vistiendo toga, o quizá el contorno de Cristo. El relato icónico finaliza con una madre gigante, que nace de lo anterior y se desprende en relieve, sentada sobre las gradas que sostienen el gran panel, con su pañuelo en la cabeza, alzando una bandera que la envuelve. En la parte de atrás se lee la dedicatoria de la autora: «A los desaparecidos por causas de un ideal, a todas las madres que luchan por la paz, la verdad y la justicia, a los que mantienen viva la memoria de los pueblos para que nunca más haya un genocidio». Desde principios de 2019, a pocos pasos del monumento se encuentra la baldosa con el código QR del proyecto Trama. Paisaje Cultural que redirige a una web en la que se cuenta esta historia y se comparten imágenes y videos.

 

 

La lucha por el monumento

A principios de los años noventa, luego de los infames indultos de Carlos Menem a los máximos responsables militares del Terrorismo de Estado que culminó un proceso iniciado con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final de Raúl Alfonsín, surge entre los organismos de derechos humanos la idea de visibilizar en una placa los nombres de los desaparecidos entrerrianos en la Plaza de Mayo, en el año 1991. Mario Moine, por entonces intendente de Paraná, ordena que sea retirada al día siguiente de su colocación. Los organismos tendrán que lidiar entonces con un período de trámites burocráticos y discusiones políticas, hasta lograr que la placa sea restablecida en la Plaza Alvear, sobre la calle Laprida, el 24 de marzo de 1992. Poco tiempo después, integrando su trabajo como artista plástica con la lucha por encontrar el cuerpo de su hijo Fernando Piérola, asesinado por el Ejército Argentino y la policía provincial en Chaco durante la Masacre de Margarita Belén (13 de diciembre de 1976), Amanda Mayor idea este homenaje junto a la Coordinadora por los Derechos Humanos. El Monumento a la Memoria, inaugurado en el aniversario de la Noche de los lápices, el 16 de septiembre de 1995, fue el primero del país en recordar a los desaparecidos, mucho antes que la memoria sobre lo que pasó en la dictadura se convierta en política de Estado durante los gobiernos kirchneristas. En un principio, la intención era que estuviera en el mismo lugar que la placa con los nombres, pero los funcionarios de turno (durante la intendencia de Julio Solanas) argumentaron que alteraba cuestiones paisajísticas y estilísticas de la arquitectura de la Plaza Alvear, por lo que se lo destinó a la Plaza Roque Sáenz Peña. Surge entonces AFADER para apoyar la iniciativa. Desde entonces, el lugar es punto de concentración para los actos del 16 de septiembre y la marcha del Día de la Memoria (24 de marzo) que traza su recorrido desde Enrique Carbó hasta la calle Laprida. En este particular 2020, ambos actos fueron suspendidos por razones sanitarias.

 

 

Para su construcción, Amanda trabajó durante quince meses. El panel del fondo lo hizo directamente en hierro y cemento con granito, en la casa de su hijo Gustavo. Para la escultura de la madre, de grandes dimensiones, le prestaron un galpón de Vialidad Provincial. En su labor, fue asistida por su ayudante habitual Graciela Roset, y también por el herrero el indio Ortiz y Jano Medrano, que le dio el pulido final. «La construcción de las madres se hizo en arcilla en base a un boceto, ella las moldeaba y después las baño con yeso. Los moldes de yeso transportados al lugar definitivo, fueron luego rellenados con cemento y granito», le contó Cristela Piérola, una de sus hijas, a 170 Escalones. El mástil de la bandera que sostiene la madre es un caño donado por Escape Paraná, un taller que era propiedad de Delia Costa; el diseño que acompaña la estructura -la base, los canteros, la iluminación- fue un aporte de los arquitectos Carmen y Juanjo Acosta. Para la financiación de los materiales, la artista había impreso bonos contribución pro-monumento, de los cuales su familia atesora algunos en una carpeta, junto a bocetos originales, recortes de diarios, actas con gastos y ordenanzas municipales.

 

 

Amanda Mayor de Piérola, una de las artistas más importantes de la ciudad, nació en Paraná en 1929. Se recibió de Profesora y Maestra en Artes Plásticas, con especialidad en pintura y escultura, en la Escuela Provincial de Artes Visuales Profesor López Carnelli. Ejerció la docencia y actuó como coordinadora y asesora de Artes Plásticas en la provincia. Tuvo una intensa actividad como muralista, pintora, escultora y escritora, además de ser una luchadora por los derechos humanos. Obtuvo numerosos premios nacionales e internacionales y sus obras fueron adquiridas en Estados Unidos y varios países europeos. Algunas de sus trabajos en la ciudad son el mural La Creación, que está en la calle Corrientes al lado de la Municipalidad, y la réplica de la escultura Venus saliendo del baño, en el Parque Urquiza. En Chaco pintó el mural Argentina Dolor y Esperanza en el aula magna de la Universidad Nacional del Nordeste; y en Concordia realizó la estatua El Principito en el Parque Rivadavia. Es autora de letras de varias canciones, y publicó poesía y prosa en libros y revistas. Falleció el 7 de junio de 2005.

 

 

La plaza en la que se encuentra la escultura, segunda más antigua de Paraná luego de la 1°de Mayo, fue cuartel general de Francisco Ramírez en 1820. Su fisonomía actual data de la década de 1930. En 1937 se colocó el busto a Roque Sáenz Peña, ideólogo de la Reforma Electoral sancionada en 1912, y en el mismo año que el Monumento a la Memoria también se inauguró una efigie en homenaje al presidente Arturo Illia, derrocado por un golpe militar en 1963. En la Saénz Peña, el patrimonio cultural mixtura arte y política en la construcción de memoria, verdad y justicia.

 

 

 

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