18 de diciembre de 2018

Un barco no es uno sino dos: Arlt y Paraná

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TEXTO MARCELO MANGIANTE*

Incluye crónica «Secuestrado trajeron a un niño en un vapor», de Roberto Arlt

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En el lapso de su breve vida, Roberto Arlt (1900-1942) marcó un antes y un después en la novela, el cuento, el teatro y el periodismo argentinos. Para febrero de 1927 Arlt ya se había recibido, seis meses antes, de gran novelista con El juguete rabioso. Pero aún no había descollado en ninguno de los otros tres ámbitos. Faltaban cuatro años todavía para que escribiera su primera obra teatral. Como cuentista, si bien había publicado un par de relatos en revistas, todavía no había generado textos que pudieran consagrarlo en ese terreno. Y aunque le habían editado un extenso reportaje sobre Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires (1920) no era aún un hombre de prensa. En ese mes, febrero del 27, Natalio Botana, director del diario Crítica, llama a Arlt y lo incorpora a la sección de noticias policiales. Allí trabajará un año y en 1928 pasará a El Mundo, donde al principio continuará con la crónica negra para luego desarrollar un estilo propio a través de crónicas sociales, culturales, cotidianas, no siempre truculentas, pero siempre cáusticas… los sueltos que le granjearían su fama en el campo del periodismo: las aguafuertes porteñas.

 

 

En marzo del 27, con apenas un mes de experiencia en este asunto de trajinar una redacción y recorrer las calles en busca de asaltos y crímenes, le toca a Arlt redactar la crónica que transcribimos más abajo. Tal vez lo primero que sorprende en ella es el lenguaje apegado en extremo a la jerga y los puntos de vista de las autoridades policiales, algo que hay que adjudicar a su condición de neófito en el oficio y a la prisa por entregar sus líneas de ese día. Lo que testimonia la crónica no es sólo un hecho terrible que no termina de suceder –un secuestro que no pasa a mayores– sino también el proceso de formación de una voz periodística que tampoco termina de suceder, que todavía está en ciernes y vacila. En los meses posteriores, Roberto Arlt tendrá que describir la paciencia glacial con la cual un criminal degüella a su compañero de habitación con un precario, lento cortaplumas. Deberá dar cuenta del horroroso crimen de un padre contra un hijo, al cual le atraviesa el cerebro introduciéndole un alambre por un ojo. Tendrá la experiencia de concurrir con un fotógrafo a la casa de una mujer que avisa al diario que se va a matar y donde la nota periodística resultante no narrará un suicidio sino las peripecias de los dos trabajadores del matutino disuadiendo a la doña tanto de matarse, primero, como de matarlos a ellos, después. Arlt se irá fogueando. Y rápido. Y su paso como observador y narrador del mundillo del  hampa, aunque fue relativamente fugaz, impregnó toda su obra posterior. Pero en esta nota Arlt no es, todavía, «un duro».

Sin embargo, lo que nos impulsa a publicar por primera vez en internet este suelto del autor porteño, a 91 años de su aparición en Crítica de Buenos Aires, es que dos de los protagonistas del caso son paranaenses: un muchachito de Puerto Viejo y el hombre que lo rapta. Arlt conocería Paraná –y se tomaría el trabajo de contar cuántos escalones (170) componían las escalinatas del Parque Urquiza– en 1933, pero la capital entrerriana no le parecería, seis años después del relato que aquí presentamos, un territorio capaz de albergar secuestros, asaltos a mano armada, asesinos feroces o, aunque sea, conflictos entre patrones y laburantes. Paraná –una de las escalas de su viaje a bordo de un barco a vapor que partió de Buenos Aires, llegó hasta Resistencia y Corrientes y volvió al punto de partida– le parecería la «ciudad más limpia del mundo» y le inspiraría tres aguafuertes bucólicas («Paraná, tacita de porcelana»; «Vida suave y tranquila»; «Calles de Paraná», en El Mundo, 16-18/08/1933); notas que están recopiladas en tres libros, nada menos: las Aguafuertes fluviales de Paraná (EDUNER, 2015), El país del río. Crónicas y aguafuertes [de] Rodolfo Walsh y Roberto Arlt (UNER-UNL, 2016) y las Aguafuertes fluviales de Roberto Arlt, antología que prepararan Silvio Méndez y Emilia Elizar y publicó La Hendija (2016). Una ciudadana paranaense le recordó en aquel tiempo, vía carta de lectora a El mundo, que en Paraná también «pasaban cosas» (no sólo en Buenos Aires). Si Arlt, al bajar del buque Rodolfo Aebi en Puerto Nuevo, hubiera rememorado lo que él mismo había publicado un sexenio antes, cuando era un repórter novato, mil aguafuertes y crónicas policiales atrás, tal vez habría pisado suelo paranaense con la misma mirada filosa e implacable que exploraba el alma no ya de los malandrines sino de toda la sociedad porteña, habría detectado conflictos y no hubiera necesitado que una provinciana le señalara públicamente que la limpieza y el encanto suelen no ser atributos naturales sino poses, simulaciones, como cuando te dicen «acompañame» y te encierran en el sótano de un barco. ¡Un barco, por cierto, igualito, Roberto, a ese del cual acabás de bajar!

 

* Profesor y licenciado en Comunicación Social (UNER); actualmente está elaborando una tesis sobre Roberto Arlt en el marco del Doctorado en Humanidades (UNL).

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Secuestrado trajeron a un niño en un vapor

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TEXTO ROBERTO ARLT*

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Esta mañana el Destacamento de la Boca de la Prefectura Marítima logró el esclarecimiento de un hecho en el cual aparecía secuestrado un menor de 15 años.

La investigación había sido iniciada hace varios días, con motivo de haber llegado a ese destacamento rumores de que un menor, que había sido traído engañado desde Paraná, se hallaba extraviado en la Ribera.

Inmediatamente, se encomendó al subalmirante Marcelino Alberto Martín, a cargo del destacamento de la Boca, para que iniciara los procedimientos del caso.

Las averiguaciones del referido empleado lograron establecer que el día 9 del corriente, en el buque motor La Elegante, amarrado en la Vuelta de Rocha, había sido traído, secuestrado por otra persona, un menor de 15 años, llamado Vicente Paredes, con residencia en la ciudad de Paraná, en el lugar denominado Puerto Viejo, de donde había sido raptado.

Las averiguaciones motivaron alarmantes dudas sobre la suerte que había ocurrido al mencionado menor, e inmediatamente se hizo comparecer al dueño de la embarcación, que resultó llamarse Francisco Ambrosio, italiano, de 47 años de edad, y domiciliado en Bernal, calle Chiclana 725.

El dueño de la embarcación fue obligado a comparecer esta mañana en el destacamento de la Boca.

A las preguntas que se le hicieron respondió que, efectivamente, en su barco que había salido de Paraná el 5 del corriente, estuvo secuestrado por una persona llamada Cecilio Camargo, el menor Paredes.

Agregó que se había enterado de ello una vez que el barco de su propiedad se encontraba lejos de la ciudad de Paraná. Apenas lo supo –según sus declaraciones– recriminó a Camargo por su proceder que, por otra parte, iba a poner en conocimiento de la Prefectura una vez que llegara a ésta. Un constipado que sufre desde hace varios días, le impidió denunciar el hecho, como era su propósito.

Preguntado sobre el paradero del menor Paredes, dijo que actualmente se hallaba en su domicilio de Bernal.

Se destacó, entonces, esta mañana a un marinero de la Prefectura quien acompañado por el propietario del barco, debía traer al menor.

Ambrosio condujo al marinero, no a su domicilio en Bernal, donde dijo se hallaba Paredes, sino al barco La Elegante, donde se encontraba oculto el niño que se buscaba.

Trasladado al local del Departamento, el menor prestó la siguiente declaración, que horas más tarde ratificó ante un reporter de Crítica.

El día 3 del corriente, a las 11 de la mañana, en circunstancias en que, en la casa de mi madre en Paraná me hallaba ayudándole a sacar agua de un pozo, llegó al rancho Cecilio Camargo, a quien sólo conocíamos de vista.

Camargo pidió a la madre que permitiese al menor Paredes ayudarle para transportar sus ropas al buque La Elegante, donde iba a partir para Buenos Aires en busca de trabajo.

La madre accedió, pero recomendándole que el muchacho regresase pronto, pues a la tarde debía ir al colegio. Al llevar la ropa de Camargo a la embarcación, y pocos instantes antes de que La Elegante partiese –declara el menor– aquél lo obligó a entrar en el interior del sitio denominado «rancho» en los pequeños barcos y cerró la puerta.

Ante esta actitud el menor le preguntó qué se proponía hacer, pues el barco iba a partir enseguida.

—Te voy a llevar conmigo a Buenos Aires, le contestó Camargo.

El menor se puso a gritar para que acudiese alguno a liberarlo, pero Camargo corrió hacia él y le tapó fuertemente la boca con la mano, para que su demanda de socorro no fuera oída.

Dos días después que el barco había emprendido la marcha, Camargo dejó salir al menor, alcanzando entonces a ser visto por el dueño de la embarcación.

Cecilio Camargo, que según se supo después es un individuo de malos antecedentes, dijo al dueño del barco, al pedirle pasaje, que venía a Buenos Aires a buscar trabajo.

Una vez secuestrado Paredes, el autor del hecho atinó a decirle lo mismo, y durante la travesía varias veces lo manfiestó:

—En Buenos Aires trabajarás conmigo, serás mi compañero.

Ningún acto cometió contra él Camargo durante la travesía, pero una vez arribada al Riachuelo la embarcación, como el menor le enrostrara su proceder aquel le golpeó brutalmente.

Camargo llevó a vivir al menor a casa de un hermano, que vive en la Boca. Pero hace pocos días, los dos hermanos tuvieron una fuerte pelea y a consecuencia de ello, Camargo, después de volver a golpear brutalmente al muchacho, le ordenó que se volviese al barco.

Allí, como ya informamos, fue recogido por un marinero del destacamento de la Boca, a pesar de las declaraciones del dueño del barco que lo hacían aparecer viviendo en su casa de Bernal.

Las averiguaciones para dar con el autor del secuestro del menor, se iniciaron prestamente y tuvieron feliz resultado.

Cecilio Camargo fue detenido esta mañana misma, en la Ribera del Riachuelo, a la altura del tercer puente, y conducido al lugar del destacamento, Pedro de Mendoza y Lamadrid.

En su declaración el detenido manifestó que sólo tenía 18 años, comprobándose poco después que había mentido, pues documentos hallados en su poder, comprueba que tiene 27 años. Su aspecto físico, por otra parte, demuestra esa edad.

Se ha logrado establecer que hace tiempo no trabajaba y que tuvo una entrada por robo en la policía de Paraná. Rigurosamente incomunicado Camargo ha sido trasladado a la isla Demarchi.

Del hecho se ha dado conocimiento al juez federal, doctor Miguel Jantus.

Entretanto, el destacamento de la Boca que instruye el sumario, prosigue realizando averiguaciones para dejar suficientemente aclaradas las circunstancias del secuestro.

El estado de espíritu del menor es bastante abatido y de rato en rato llora silenciosamente.

Se ha citado al dueño del barco, Francisco Ambrosio, para que amplíe y ratifique su declaración anterior.

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* Nota publicada en diario Crítica, Buenos Aires, 18 de marzo de 1927. La crónica fue recuperada en El facineroso (Del Nuevo Extremo, Buenos Aires, 2017), antología de las crónicas policiales de Arlt, 1927-28, donde el editor, Álvaro Abós, la retituló como «Niño secuestrado». Devolvemos aquí el título original a la nota; en todo lo demás transcribimos fielmente la versión que consta en el libro.

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Comentarios (1)
  1. Leo Ramone dice:

    Me gusta cómo se complementa la introducción junto con la crónica de Arlt. Un manjar literario. Abrazo!

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