Sonidos de colores

TEXTO FRANCO GIORDA

FOTOGRAFÍAS CINESTESIA

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Hace unos años llegó a Paraná Neil Harbisson, un artista cyborg que tiene implantada una antena en la cabeza. Esto le permite, según cuenta, oír las frecuencias del espectro de luz incluyendo colores invisibles como infrarrojos y ultra violetas. Aquella vez que anduvo por acá no fueron muchos los que se lo tomaron en serio. Hoy, esas experiencias son conocidas mundialmente por las conferencias y performances que lleva adelante en las principales urbes del planeta.

Sin tener un apéndice tecnológico inserto en el cráneo, cualquier hijo de vecino de este lugar en la tierra puede también aproximarse a ese estado transensorial un lunes por la noche. El grupo Cinestesia, conformado por  Lars Hirschfeld, Giu Lafferrara y Nela Reybet, propone para eso una reunión que estimula los sentidos y la razón en un cruce de música, muestras plásticas o fotográficas y proyecciones de cine. Los distintos receptores corporales se agudizan y se superponen entre sí a partir de este proyecto fuera de lo ordinario.

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Justamente la denominación del grupo refiere a eso: «el nombre surgió en Rosario. Un día que la acompañé a Nela a tatuarse y le dije que había visto un sonido. Es la definición de sinestesia: sentir las cosas de otra forma. Cuando empezamos a pensar nombres, propuse cambiarle la s por la c y quedó», explica Lars. «Es un recurso literario que refiere a cosas como oler los colores», agrega Giu en la conversación que las tres mantuvieron con 170 Escalones luego de la última función.

En el diccionario la palabra sinestesia tiene tres acepciones. Una referida a la biología, otra a la psicología y la tercera a la retórica. La segunda dice que es una «imagen o sensación subjetiva, propia de un sentido, determinada por otra sensación que afecta a un sentido diferente». La siguiente refiere a que es un «tropo que consiste en unir dos imágenes o sensaciones procedentes de diferentes dominios sensoriales». Un ejemplo de esto último es la expresión «verde chillón». Esas entradas pueden sonar, más o menos, complicadas pero vivenciar ese rapto no lo parece tanto si se asiste el día menos pensado a Aldea Thai (Monte Caseros 578) a partir de las 20.

Ese lugar de encuentro es «el bar de un hostel. También es un multiespacio. Acá los pibes proponen hacer talleres, eventos, muestras y a nosotros nos dijeron a todo que sí. Nos prestan el espacio que tienen. Re buena onda», dice Nela. El sitio es una casona ambientada con elementos de la cultura budista que conviven con obras de arte contemporáneas. Las impresiones «cinestésicas» pueden completarse con la bebida y la comida de la cantina.

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Cinestesia existe hace dos años. En el primero se reunían ellas solas a ver películas. La primera proyección pública fue el día del amigo de 2017 en el Club Español. Allí permanecieron hasta noviembre de ese año. En Aldea Thai están desde julio último. En este sitio, hasta el momento, han pasado La casa de los mil cuerpos de Rob Zombie, Carretera perdida de David Lynch, Party monster de Fenton Bailey y Randy Barbato, y Sons of Norway de Jens Lien. Ante la pregunta sobre cómo las eligen, Nela cuenta que «hay una gran base de datos mental y también anotada. Varias ya las tenemos súper habladas y charladas. Al principio nos juntábamos todas a ver la película. A veces, veíamos dos o tres y las elegíamos. Después, los tiempos de cada una empezaron a complicarse y ya no lo hacemos». De todos modos, el trabajo conjunto sigue en pie a través de otros medios.

La música que vibra antes y después de las pelis ha estado a cargo de Emi Rey, DJ Internauta (Facundo Reinero), Dual Shock (Pablo Zubizarreta y Raúl Perrier) y Gallagher Plus (Ariel Dutria). Las exposiciones fueron realizadas por Catalina Gripo y Carolina Vidoz (fotos de cuerpos femeninos), Flavio Cortés (pinturas), Nicolás Acosta (fotos). «El espacio se le ofrece a los artistas y ellos lo manipulan como les da la gana. Es libre» dice Nela.

Sobre lo que se viene, cuentan que «están todas las posibilidades de seguir acá (en Aldea Thai) y pasar el verano. Si habilitan terraza, sale terraza» se entusiasman. También comparten que «el proyecto tiene varias patitas. Esto de invitar a otras cosas más allá de lo audiovisual permite también hacer un evento, una fiesta. Quizás ese día no se proyecte una película pero estará la esencia del ciclo con la gente que siempre viene o que ha participado. Eso nos gusta».

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Si bien el día elegido parece ser «muy lunes», la fórmula funciona. La prueba está en que los encuentros multisensoriales son concurridos. «Un lunes es raro pero anda bien. Lo hacemos cada quince días para no cansarnos y que no sea algo tan reiterativo», expresa Giu y Nela agrega: «nos va bien, nos sorprendió. Antes, yo no sabía qué hacer un lunes».

Si bien el elenco estable son las tres cinéfilas, «siempre tenemos amigos que nos ayudan un montón como Pablo Zeta y Juli Cobo que nos consiguió el lugar», revelan.

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Este lunes 10 de septiembre proyectan Call me by your name (2017), de Luca Guadagnino. Un rato antes toca Hermanos del Espíritu Libre. A su vez, Flor Guzman expondrá fotos bajo el título Frágil. El evento arranca a las 20. El valor es de 50 pesos.

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