Seguir en la brecha

· A 50 años del Mayo francés ·

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TEXTO FRANCO GIORDA

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El líder estudiantil del 68, Daniel Cohn Bendit, utilizó la palabra brecha para describir la acción revolucionaria que los jóvenes llevaron adelante durante el mayo parisino. Por aquellos días, sostenía que la cohesión del sistema podía ceder ante el resquicio que los universitarios habían logrado abrir en la sociedad opresiva. No veía una caída inmediata del régimen sino más bien una tarea insurreccional de largo aliento. También afirmaba que la brecha había sido abierta por una minoría activa a la que después le seguiría un movimiento que, a su vez, absorbería al grupo directivo. Prefería pensar que la potencia no estaba en las vanguardias políticas, sino en la efervescencia incontrolable y en las formas de organización espontánea.

Si la atención no se concentra en ese episodio particular sino que se amplía a los procesos de las luchas estudiantiles del siglo XX, podría detectarse que durante la Reforma Universitaria del 18 se había abierto un resquicio en el bloque de la opresión. En términos generales, sin desconocer las características propias de uno y otro caso, el movimiento estudiantil, en ambos contextos, se ha encargado de horadar la muralla para exigir autonomía, libertad, validez científica, soberanía, antiautoritarismo; tanto dentro como fuera de la universidad.

Las actuales conmemoraciones de estos hitos que tienen cien y cincuenta años, respectivamente, llevan a reflexionar sobre qué pasa hoy con esas causas que supieron impulsar los estudiantes y que excedían las reivindicaciones parciales. La pregunta es si existe, en el presente, esa brecha que pone en crisis al bloque dominante y, en tal caso, quién sigue en ella. La respuesta puede encontrarse en la lucha contra el patriarcado, el capitalismo y la sociedad autoritaria que encabeza el movimiento de las mujeres, donde tienen gran protagonismo las estudiantes.

Para sostener lo anterior, cabría señalar, en principio, cuál ha sido el itinerario de este sujeto político (o sujeta política) que actualmente protagoniza la ruptura pero que comenzó en un estado de total marginación. Para decirlo rápidamente, en la Reforma no estuvieron incluidas; durante el 68, aunque la experiencia no fue precisamente feminista, conquistaron un papel protagónico; y, en el presente, son quienes encabezan la abertura hacia otro mundo posible. A través de este periplo se puede detectar que son, justamente, las mujeres las que han sabido sostenerse en la brecha.

Al respecto, ni los estudiantes ni las mujeres son una clase social en sí misma con poder de veto, pero eso no menoscaba su potencialidad de plantarse frente a un sistema que articula la explotación y el patriarcado, entre otras formas de dominación.

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Itinerario

Los autores del Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria apelaron a los «hombres libres» como interlocutores. Más allá del innegable valor moral de los jóvenes del 18, la expresión señalada puede reducirse solamente a los «varones libres». Algunas revisiones históricas indican que hubo reformistas femeninas, pero en los documentos oficiales no aparecen.

Con respecto al Mayo, no son pocas las críticas feministas que se realizan. Si bien en ese marco fueron cuestionadas las relaciones de dominación en las universidades, en las fábricas y en la sociedad, no fueron puestas en tela de juicio con el mismo énfasis las relaciones desiguales que regían entre varones y mujeres. En este debate, también se incluye cuál ha sido la herencia de aquellos días. Al respecto, hay dos posturas: la que desconoce cualquier influencia sobre el feminismo y la que sostiene que el 68 formó parte de las condiciones que dieron lugar, por ejemplo, al Movimiento de Liberación de las Mujeres, constituido dos años después.

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Ciencia

En el Manifiesto del 18 se denunciaba a una universidad ocupada por mediocres y tiranos como «fiel reflejo de estas sociedades decadentes». Se agrega que «los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas».

El cuestionamiento a la educación universitaria se renueva en el 68 a partir de protestas en oposición a la reforma de la enseñanza, que tenía por objetivo modelar el programa de las carreras para formar cuadros integrados al sistema.

En el presente, el feminismo cuestiona la educación sesgada por el patriarcado, el dogma y la razón instrumental. Así es que, por ejemplo, se exige educación sexual integral en el nivel medio y se han desarrollado los estudios de género (con estatuto científico) en las universidades. También ha ganado terreno, aunque todavía quede mucho por conquistar, la incorporación de la perspectiva de género en proyectos de investigación y de extensión, en planes de cátedra y en programas de carreras. No obstante, las críticas continúan en torno a la complicidad institucional en relación a las violencias que padecen las mujeres por la persistencia de prácticas machistas y abusivas. También se pone sobre el tapete la minoría de mujeres presentes en la punta de la pirámide en la carrera de investigación.

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Enemigos

Los del 18 combatieron la opresión del clero y del antiguo régimen. Los del 68 se opusieron al sistema en general, a opresores de toda laya, explotadores, imperialistas, burócratas de partidos políticos y organizaciones sindicales, y, en particular, al régimen de Charles de Gaulle. Los jóvenes no solo se enfrentaron al Estado sino a grupos fascistas. El mayo parisino no fue un hecho aislado, en aquel momento también ocurría la Primavera de Praga, la revuelta estudiantil de Méjico y la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, entre otros. En Argentina, al año siguiente estalló el Cordobazo.

Las mujeres y la comunidad trans lidian con el aparato represivo del Estado, contra las burocracias, los misóginos, las organizaciones políticas anquilosadas, etc. El patriarcado y el falocentrismo están metidos en todos lados.

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Expresión

La generación del 18 exigió el derecho a pensar por su propia cuenta y a exteriorizar ese pensamiento en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Esta reivindicación se radicalizó en el 68 cuando los jóvenes salieron a romper las estructuras sociales y culturales. Una de sus formas de expresión tuvo lugar en los muros a través de grafitis y afiches. Hoy, las mujeres han adoptado múltiples formas expresivas, han constituido un lenguaje propio y también han ganado la calle con la presencia física y con las pintadas de textos e imágenes.

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Autogobierno

La Federación Universitaria de Córdoba reclamó democracia y sostuvo que la soberanía y el derecho a darse el gobierno propio radicaban principalmente en los estudiantes. Esta tradición es identificable también en los estudiantes del 68, quienes bregaban por definir la política universitaria en particular y las relaciones de poder en general. Las mujeres en el siglo XXI no quieren que nadie más que ellas mismas sean las que decidan sobre su vida, su cuerpo y sus deseos.

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Maestros

Los reformistas hablaron de la necesidad de una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende. Postularon que solo podrían ser maestros «los creadores de verdad, de belleza y de bien». En el 68, los jóvenes eligieron a muy pocos profesores como sus interlocutores. El más reconocido fue Jean Paul Sartre. El filósofo participaba de las asambleas y mantenía un diálogo fluido con Cohn Bendit.

Las mujeres han elegido también a sus maestras y a sus maestros fuera y dentro de la universidad. Han sabido formular nuevos criterios con perspectiva de género para evaluar el desempeño de formadoras y formadores. Las relaciones pedagógicas dentro y fuera de las aulas están siendo cuestionadas bajo esta perspectiva.

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Huelga

En el 18, los estudiantes llevaron adelante un paro contra un régimen administrativo, un método docente y un concepto de autoridad. En el 68, los estudiantes y profesores hicieron varios paros. Cuando lograron unirse a los obreros la huelga general alcanzó la adhesión de casi diez millones de personas. Las mujeres del presente también organizan este tipo de medidas: el pasado 8 de marzo se llevó adelante un paro internacional. Los motivos fueron la violencia machista, la pobreza y los despidos. «Las mujeres han sido consideradas un sujeto político menor en las luchas anticapitalistas, hasta hoy», dice Agustina Paz Frontera en el artículo «#8M: Hacia la huelga general feminista», publicada en el número de marzo de la revista Los Inrockuptibles.

En el acto central de ese día se sostuvo que el feminismo es anticapitalista, antirrepresivo y diverso, entre otras características. «Paramos para cambiarlo todo», expresaron. «El movimiento feminista ha reconocido la urgencia de enlazar su política con la de otros movimientos sociales, en esta alianza estratégica radica hoy su novedad», explica Paz Frontera. Finalmente, la periodista e integrante del colectivo Ni Una Menos concluye que «la huelga feminista sacude las casas, los bancos, las calles, las escuelas, el paro es imparable, y cobija la sospecha de que detrás de todo gran paro de mujeres, hay un gran paro general».

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Internacionalismo

El internacionalismo es otra de las continuidades de la brecha. Los universitarios cordobeses se autocomprendieron ciudadanos del continente y hablaron de «una hora americana». En el 68, se cantaba La Internacional en las barricadas y en los juicios a los estudiantes. Además, se manifestaba solidaridad con pueblos como el de Vietnam, víctima del imperialismo. Entre los arrestados por la policía, siempre había gran cantidad de extranjeros. Pronto, desde el Estado francés se sacó a relucir que Dany, el rojo (como fue apelado Cohn Bendit) tenía ciudadanía alemana. «Somos todos judíos y alemanes», fue la respuesta ante el destierro del líder. Otro eslogan indicaba: «Pasamos de las fronteras».

En el presente, se impulsa La internacional feminista, una coalición de movimientos, redes, colectivos, personas y organizaciones para impulsar campañas y fortalecer acciones de la lucha feminista en el mundo.

 

Cierre

Más allá de las limitaciones de los casos y de las diferencias en los programas, pueden asociarse las potencialidades de los diferentes momentos a partir de la coincidencia de los puntos señalados. No se trata de forzar interpretaciones, sino de reconocer tradiciones en las que inscribir la lucha por la autonomía y la libertad. Los distintos sujetos han encarnado, no sin contradicciones, causas que no han claudicado en la medida en que continúa la opresión. Aún es identificable una brecha. Son, en el presente, las mujeres las que guían el camino a partir de la denuncia de conocidas alienaciones y de otras que, más bien, han sido omitidas hasta ahora.

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Nota: la imagen que ilustra la nota se compuso en base a un fragmento de uno de los afiches emblemáticos del Mayo francés.

 

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