18 de abril de 2019

Perdidas en la noche

TEXTO PABLO RUSSO

FOTOGRAFÍAS FLORENCIA SCARANO

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Paisaje, opera prima de Jimena Blanco, propone una deriva protagonizada por cuatro adolescentes mujeres en el centro de Buenos Aires de los años noventa. Ellas son de Ingeniero Maschwitz, donde pasaron una tarde de sol en la pileta, y llegan hasta el corazón de la metrópoli para asistir a un recital de rock. La pérdida de una mochila con el dinero para el regreso las deja atrapadas en la noche porteña, en la que deambulan evitando una razzia policial y los acosos callejeros. Entre diálogos, gestos y silencios irán delineando ese mundo en rápida transformación en el que ayer eran fans de Chiquititas y mañana quizás sean jóvenes madres. La iniciación sexual, la relación con los padres o la amistad son algunos de los tópicos que comparten durante esa experiencia iniciática.

Paisaje es también un convite a un tiempo de desconexión tecnológica hoy inimaginable. No se trata de una vida más inocente –alcohol, porro e insinuaciones sexuales forman parte del relato-, pero sí se da la posibilidad de un escape concreto. Irse y perderse en la ciudad no se soluciona con una aplicación de celular. Antes de su proyección en Paraná -viernes 15 de febrero en el marco de una nueva función del Club de Cine- conversamos con la realizadora durante una pausa de su nuevo trabajo como productora de un corto en Historias Breves.

 

 

¿Cómo nace la película y por qué la ambientación en esa década?

Mi adolescencia la transcurrí en los noventa, ahora tengo 39. No es biográfica, pero es súper referencial, entonces era como que se dio naturalmente la ambientación. Lucila Comeron, la coguionista, también tiene una edad en la que vivió la adolescencia en esa época. No se nos hubiese ocurrido otro tiempo. La idea me surgió porque cuando era adolescente una de mis amigas que tenía otro grupo de amigas se fue con ellas a capital. Yo soy de Maschwitz. Cuando quisieron volver no había más colectivos y se quedaron toda la noche dando vueltas por la ciudad. Siempre me atrajo eso, siempre me pregunté qué me hubiese pasado a mí con mis amigas si hubiese estado una noche perdida en la ciudad. Me pareció que había una película ahí.

¿Tuviste que hacer alguna investigación de época para llevar el guion al rodaje?

No tuve que hacer ninguna investigación porque es la época en la que yo me críe. Hay muchas cosas pensadas desde el guion, como la manera de filmar. Casi todos los detalles de los gestos están desde el guion, aunque después surgen cosas nuevas durante la composición de los personajes que te dan las actrices y en las conversaciones con el resto del equipo de arte y fotografía. A mí me venían más imágenes que texto al momento del guion, pensaba las escenas como imágenes; Lucila me ayudaba a escribirlas después, ella lo hace mejor que yo.

 

 

Proponés un estilo narrativo con una estética en la que abundan los planos cortos, planos detalles y con poca profundidad de campo. ¿Tiene que ver con dificultades de ambientación o es tu modo de filmar?

Un poco y un poco. Yo soy productora, vengo de la producción y sigo produciendo, hace muchos años. Cuando escribimos el guion con Lula siempre tuve en la cabeza la idea del diseño de producción. Los planos más cortos tienen que ver con que quería que la cámara actúe como un quinto personaje, que forme parte de este grupo de amigas. La poca profundidad es porque casi toda la película está filmada con un lente 85, que probé y me gustó; o sea, tiene que ver con la parte estética, pero además no teníamos plata para ponernos a ambientar una ciudad entera. Buenos Aires cambió mucho de los noventa a hoy ¡Ahora está toda pintada de amarillo! La boca del subte, todo… abríamos un plano y se veía todo eso y era un horror. Así que fue un poco de diseño de producción, por falta de plata, y un poco por decisión de arte. Conversamos con la directora de arte, el director de fotografía, y estuvimos de acuerdo que ese era el camino a seguir para sacar mejor provecho de la situación. Eso fue formando parte de la estética de la película. Fue pensado, siempre lo tuve en la cabeza.

¿Cómo les resultó a las actrices (Laura Grandinetti, Camila Rabinovich, Camila Vaccarini, Ana Waisben)  interpretar adolescentes de hace veinte años?

Las chicas nacieron en la era digital, tienen veinte años menos que yo, pero en ningún momento se planteó como un problema esto. Tampoco son para nada telefonito dependientes. Hay algo que trabajamos desde el principio con ellas que fue el vínculo, que existe más allá de los celulares, el Facebook y un montón de esas cosas. A partir del vínculo se crea otra cosa, no tiene que ver con la era digital. Los problemas de los adolescentes son cosas que les pasan y siguen siendo los mismos, con o sin teléfonos. Ahora es peor porque están más expuestos. Si sos mujer tenés mambo con tu cuerpo, con la sexualidad, son cosas que pasan igual. Abordamos los temas y los vínculos a partir de eso.

 

 

¿Cómo pensás que sería filmar esta misma historia en la actualidad?

En el guion original ellas tenían un celular, un Motorola de esos gigantes, que lo metían adentro de la mochila y lo perdían junto con la mochila. Ese es un recurso que también se podría usar ahora tranquilamente: llevarían sus celulares y los dejan en la mochila porque se quieren divertir y pasarla bien. Creo que lo que pasa con las redes sociales es que estamos más expuestos, desde muy chicos se genera como esa realidad paralela en la que tenés que exponer tu vida todo el tiempo, parecer o crear un personaje. Las redes sociales los ponen a los adolescentes en un lugar de tener que parecer más que en la vida real. También crecen mucho más rápido los pibes: yo siento que era una boluda a los 18 años y ahora tienen una velocidad tremenda porque hay como una avalancha de información constante sobre un montón de cosas que antes no existía.

 

Jimena Blano y Lucila Comeron acompañarán la proyección de Paisaje el viernes 15 de febrero a las 22 en la sala 2 del Cine Rex (Monte Caseros 266). El valor de la entrada es de 80 pesos.

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