Los guerreros del parque

TEXTO FRANCO GIORDA

FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

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En medio de los árboles, los líderes de los equipos Piro y Bestiario plantan los estandartes y preparan el campo de batalla. El espacio delimitado se llama Pangea en referencia al único continente que surgió en el planeta hace 300 millones de año. Para los luchadores, a punto de batirse, significa «la tierra unida».

En esa extensión, real e imaginaria, en medio del parque Urquiza, se posicionan guerreros antiguos y medievales. En una fusión de tiempos y espacios se enfrentan nórdicos, mesoamericanos, cruzados, griegos, orientales, otomanos; agrupados en una u otra tropa. Cada quien elige a qué bandera defender con espada, puñal, hacha, escudo y casco, según la cultura representada. Una vez que comienza, se nota que el combate requiere esfuerzo e inteligencia de parte de los participantes.

Ante las escaramuzas, la gente que camina por la zona del monumento al intendente Francisco Bertozzi, se detiene a observar a los combatientes. El espectáculo genera curiosidad y rápidamente los paseanderos sacan sus celulares para fotografiar y preguntan a otros testigos de qué se trata. No falta el que hace algún comentario despectivo ante la imposibilidad de entender una acción que rompe con lo común. A los participantes poco le importa: «fuera de la Pangea no existe nada. Hay solo bruma», cuentan a 170 escalones.

Las batallas se repiten todos los fines de semanas. Un sábado por la mañana y el siguiente por la tarde. Después de cuatro encuentros, el choque tiene lugar un domingo. Los guerreros son varones y mujeres mayores de 18 y respetan un reglamento básico: los puntos de contacto son cinco; si el golpe es en el torso, la herida es letal; si el toque es en una de las extremidades, esta queda inmovilizada.

«A pesar de los golpes, no hay lesiones ni tampoco enojos. Nunca hubo puteadas. Sentimos felicidad por lo que hacemos», asegura Geralt Ragnar, referente de Bestiario. «Uno no pelea contra otro sino contra uno mismo. Contra las propias debilidades y limitaciones. Cuando el otro está al 100% y uno también llega al 100%, al terminar nos agradecemos mutuamente por haber dado esa pelea. No importa el resultado de la batalla; importa quiénes fuimos en ese momento», agrega Agustín Riso Lugo, uno de los líderes de Piro.

La disciplina se llama REF (Rush Earth Fight, algo así como «pelea rápida sobre la tierra») y ha sido inventada por sus propios protagonistas. No existe, por el momento, algo equivalente en otro lugar. La actividad consiste en diferentes juegos que tienen nombres como Captura de la bandera, Último hombre en pie o Bandera móvil. Si bien estas están basadas en las luchas cuerpo a cuerpo cada tipo de partida tiene su objetivo específico. También hay competencias que involucran la arquería.

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EQUIPAMIENTO

Cada guerrero desarrolla sus propias armas, vestuario y apariencia. Los pertrechos se fabrican en un taller especialmente adaptado para esta función. La estructura de las espadas, cuchillos y lanzas es de fibra de vidrio y tienen una cubierta de goma. Entre ambos, se superponen otros materiales como polietileno y telas antidesgarro.

No se trata de hacer un equipamiento de acuerdo al gusto o la fantasía de cada jugador sino que buscan recrear los componentes históricos que efectivamente usaron los diferentes pueblos. «En ese sentido, tratamos de que tengan el mismo peso, aspecto, formato y proporciones», cuentan los hacedores. Con el conocimiento adquirido a través del tiempo, los modelos han sido mejorados. «Las nuevas armas son más finas. No son hojas de acero, pero se ven mucho más estéticas», aseguran.

Rita Cáceres, otra de las combatientes, cuenta que el vínculo con los elementos «es algo íntimo. Nos ponemos las pilas para que sea históricamente correcto y que nos represente a nosotros como peleadores. En eso van nuestras ganas de hacerlo, nuestra dedicación, nuestro compromiso».

Por su parte, Geralt Ragnar comenta que «sabemos bien que los guerreros antiguos tenían sus horas de preparación. Le daban importancia a su estética para intimidar. También representamos ese aspecto». En este sentido, suelen pintarse la cara y el cuerpo con franjas o símbolos para presentarse en la Pangea.

En relación a la indumentaria, Cáceres narra: «Comenzamos tomando moldes. Te fijás en las imágenes que podés rescatar de internet o de los libros de historia y las adecuás a la funcionalidad de tu cuerpo. Uno tiene que tomar las dos partes: el estándar y lo que tu cuerpo necesita. Hacés una fusión. Cortás y te lo vas armando. Cada quien compone su vestimenta».

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CULTURA

Queda en la responsabilidad de cada jugador estudiar la cultura que más le interese. Tienen que conocer, además de la estética de los guerreros, otras cuestiones como entrenamiento, disciplina, códigos, creencias. Entre los participantes, se pasan libros de historia y comparten la información accesible en la red.

«En el juego se desarrollan todas las culturas. Básicamente son cinco con sus respectivas divisiones. Están los mesoamericanos o ígneos porque están en la cordillera fueguina; los celtas, estelares o rúnicos; después tenemos a los del desierto: genízaros, otomanos, sarracenos. Con las películas estamos más familiarizados con los guerreros de elites como los samuráis o los vikingos, pero en el juego también ponemos otros aunque hoy no tengan tanto auge», cuenta Agustín Riso Lugo.

CAMINO ESPIRITUAL

Los participantes del REF han decidido tomar el Camino del Guerrero. Esto, según explican, responde a vivir como el guerrero que quieren interpretar. En este itinerario espiritual se plantean preguntas como «¿por qué pelear?» o «¿cuál es la lucha interna de cada uno?». El mencionado líder de Piro comenta que «esto implica verse a uno mismo como un guerrero. Se trata de una búsqueda interior. Eso significa mucho en el campo de batalla».

En este marco, antes de los combates hay una especie de ritual para «limpiar» el área ya que la consideran un templo. «Nosotros nos presentamos. Cuidamos la naturaleza del parque. Venimos a orar y a dejar nuestra espiritualidad», asegura Riso Lugo.

–¿Hay algún tipo de iniciación antes de pararse en el campo? — quiso saber 170 Escalones.

–No. Si viene alguien y pide pelear, le decimos que lo haga. Las reglas son sencillas. Se pelean y son libres pero también se encuentran con otra cosa. Esto es algo más espiritual y profundo. Acá no venimos a pegarnos. La persona que se para en el campo trabajó para estar ahí. Tiene un propósito y un objetivo. De eso se da cuenta la mayoría de los que vienen — dice Agustín.

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ORIGEN

El grupo comenzó hace cinco años a practicar lo que se conoce como Soft Combat. Esta es una disciplina estandarizada que se realiza en varios países. En este caso, no hay un respeto estricto de la representación histórica y cultural sino que está asociado a la fantasía y a mundos imaginarios como el que desarrolló J. R. R. Tolkien en El señor de los anillos.

Sin embargo, después de pasar dos temporadas jugando a aquello, se dieron cuenta que no les satisfacía ese marco. «Nuestro juego es más brusco. En el Soft Combat las armas no se la bancan. Se trata solo de toquecitos» sentencia Geralt Ragnar. Entonces, decidieron inventar otra cosa y le cambiaron el nombre. Idearon sus propias reglas, mejoraron las armas, plantearon otro tipo de combate que requiere una mayor exigencia física. «Elegimos ser libres a la hora de jugar», dicen al respecto.

A partir de su invención tienen en mente hacer una asociación civil. Su objetivo es instituir la actividad como deporte. «Estamos trabajando con psicólogos y abogados que nos están ayudando porque el juego cumple con los requisitos de un deporte a nivel psicológico y físico. A nivel legal también. No nos queremos apurar mucho porque todos tenemos nuestras actividades además de esto. Preparar un equipo lleva mucho tiempo. Si la demanda llega a ser grande no queremos defraudar», sostiene Riso Lugo, uno de los ideólogo de los juegos.

En cuanto a la cantidad de gente que convocan, el año pasado terminaron practicando alrededor de 65 jóvenes. Este año, se mantiene un número estable en unos 30. La cantidad de asiduos varía según la época del año.

VOZ GUERRERA

En primera persona, distintos jugadores cuentan a quiénes encarnan:

«Yo siempre tuve una fascinación por las culturas nórdicas. De los antiguos son los que más me atraen. No tanto por su faceta de guerrero sino por su faceta espiritual. Fueron un pueblo cuya espiritualidad era la base de su civilización. Siempre sentí esa misticidad. Al traerlo acá, me siento ese guerrero. Yo no estoy en esta época. Estoy siendo ese guerrero. Termino golpeado y cansado pero lleno de felicidad», dijo Geralt Ragnar.

«A mí me gusta mucho Europa. No tengo un tipo de guerrero específico pero me acerco, desde la estética, al caballero español. Estoy haciendo mi equipamiento. Yo soy descendiente de italianos e Italia tiene una historia muy rica en tipos de armaduras. Leyendo me enteré que hay un movimiento para investigar cómo eran esas armaduras, cómo se peleaba y cuál era el contexto», indicó Elián Stafaloni.

«Lo mío empezó por averiguar qué tipo de técnica de pelea me llenaba más. Me gusta el contacto fuerte. Yo siempre fui del choque. Así que decidí tomar el guerrero nórdico y armarme de escudo y espada.  La identificación también tiene que ver con lo espiritual. Mi familia ha sido muy abierta en cuanto a mentalidad y desarrollo espiritual. No al punto del fanatismo sino solo de darle la importancia suficiente porque, al final del día, en gran parte, eso es lo que importa. Se trata de sentirse bien con lo que uno hace. Lo demás son trivialidades. Hay que encontrarse con lo que uno tiene adentro», señaló Rita Cáceres.

«A mí me gusta ser versátil. Jugué como hoplita griego. Como los que se ven en la película 300. Formaban uno al lado del otro. No eran guerreros sino soldados porque tenían una función y eran un engranaje en una máquina. Eso es lo que hacía la fuerza. También jugué como samurai porque me gusta la disciplina de oriente y como nórdico por su fuerza espiritual y el Valhalla. Estudiar esas culturas para saber lo que fue el guerrero en la antigüedad te da un panorama para vivir. Sentir el guerrero de distintas culturas es fantástico», concluyó Agustín Riso Lugo.

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