24 de mayo de 2019

Los curadores de Gloria

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

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A contra reloj. Así trabajan en el Museo Provincial de Bellas Artes los curadores Guillermo Fantoni y Adriana Armando, horas antes de la inauguración oficial de Diarios de viaje, diarios de vida. Obras de Gloria Montoya entre 1955 y 1968. En la sala principal, además de realizaciones que reúnen parte de una antología inédita de la artista paranaense, hay una gran escalera abierta y dos tablones con materiales de trabajo, carpetas y una notebook. Allí conversan Fantoni y Armando con 170 Escalones mientras, de fondo, en intervalos irregulares, suena el taladro de Walter Gonsolin colgando los últimos cuadros en la sala de al lado.

Gloria Montoya (1935-1996) nació y vivió en Paraná. Se formó en la Escuela Provincial de Artes Visuales de la ciudad y en la Escuela Superior de Bellas Artes «Ernesto de la Cárcova» de Buenos Aires. Continuó estudios de Pintura, Composición y Color en la Asociación Mutual de Estudiantes de Bellas Artes y en el taller de Vicente Forte, en la capital. También cursó filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Rosario. En 1960, el gobierno de Entre Ríos le otorgó una beca para realizar estudios de pintura en París, lo que le permitió recorrer diversas capitales de Europa, tomar contacto con los movimientos de vanguardia y con el arte de todos los tiempos. Desde 1961 expuso en forma individual y grupal con sus compañeros del Grupo 633 —Felipe Aldama, Gerardo Zapata y Carlos Asiaín—. Además de artista plástica, fue escritora y docente. Las piezas que se exhiben en esta muestra (pinturas, documentos, manuscritos, fotografías y objetos) corresponden a la colección personal de su hija María Gloria Daneri. El proceso de investigación de los curadores quedará plasmado en un libro con el mismo nombre que la exposición, editado y financiado por María Gloria Daneri, diseñado por el estudio Cosgaya, y que será presentado el público en el Auditorio del museo el 21 de mayo, en el marco de la muestra.

Adriana y Guillermo llevan un tiempo considerable curando muestras y exposiciones en conjunto. Armando es Licenciada en Historia, Profesora Titular de Ideas Estéticas Latinoamericanas en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR e investigadora del Centro de Investigaciones del Arte Argentino y Latinoamericano de esa casa de estudios. Fantoni es Doctor en Humanidades y Artes con mención en Historia, miembro de la Carrera del Investigador Científico del Consejo de Investigaciones de la UNR y profesor titular de Arte Argentino en la Facultad de Humanidades y Artes de esa universidad, donde también dirige el Centro de Investigaciones del Arte Argentino y Latinoamericano y tiene a su cargo la edición de la revista Separata.

 

 

¿Qué significa ser curador de arte?

Guillermo Fantoni Para nosotros la curaduría es una forma de transferencia. Como historiadores podemos producir escritos, ya sea libros, capítulos de libros o artículos en revistas especializadas; al mismo tiempo que participar de un congreso, jornada o evento académico; u organizar la curaduría de una exposición donde llegás a muchísima gente. Más allá de la comunidad de pares, se llega a la comunidad en general, que es nuestro objetivo. Hemos curado muchísimas muestras y siempre hemos tenido en cuenta al público, para nosotros es una variable fundamental del trabajo: hacer algo que tenga densidad desde el punto de vista cultural y al mismo tiempo que sea transferible a todo tipo de público, dese el especializado al no iniciado, que pueda recorrer una muestra en diversos sentidos, que la pueda disfrutar y sedimentar como experiencia estética e histórica. La curaduría es, ante todo, investigación, al menos como nosotros la comprendemos.

Adriana Armando Significa trasvasar una experiencia de investigación, que implica un recorrido visual que es diferente a leer un artículo. Nunca una muestra es exactamente lo que es un trabajo escrito. Tiene que estar muy predispuesta una exposición a comunicar al público a través de las imágenes. Siempre hay un sostén, que es una investigación que nos permite articular núcleos de sentido, ordenar las obras, armar itinerarios que no necesariamente tienen que ser fijos. Entendemos la curaduría de esa manera: como una puesta en práctica de ciertas investigaciones, siempre respetando la idea de que una exposición debe hablar por sí misma a través de las obras. Para nosotros es muy importante hacer una exposición de Gloria Montoya en Paraná, porque es una artista reconocida en la ciudad.

 

 

¿Cómo surge esta exposición?

A. A. Esto tiene muchos años y en principio surge de nuestra amistad con María Gloria Daneri y de una serie de trabajos previos que habíamos hechos sobre la obra de Gloria Montoya. A partir de ahí, el deseo de  María Gloria de hacer una exposición, ordenar la colección, ese fue el puntapié inicial.

¿Qué características tiene?

A. A. No es una exposición que de cuenta del conjunto de la obra de Gloria Montoya, sino que está restringida a un aspecto. Son los inicios de sus trabajos hasta aproximadamente 1968, un período interesante porque es de mucha experimentación, desde estudios naturalistas, poscubistas, al inicio de la abstracción y a sus experiencias matéricas y espaciales. Si mirás el recorrido largo de su obra, esto es un pequeño fragmento, pero muy intenso. Además, está mediada por dos circunstancias: el traslado de Gloria a Buenos Aires para ir a estudiar, y en el año sesenta el viaje a Europa y la estadía en París. Fueron dos aspectos importantes y de alguna manera esta exposición da cuenta de todas esas experiencias, si bien ella misma estaba planteando que ya era informalista hacia fines de la década del cincuenta.

G. F. Se llama Diarios de viaje, diarios de vida porque está fundada justamente en esas dos experiencias significativas en su recorrido: su formación como artista y el viaje a Europa donde se constituye una personalidad estética. París era como un gran laboratorio del arte moderno, más allá de las desgracias ocasionadas por la segunda confrontación mundial y el terrible período de guerra fría, siguió siendo un amparo de los artistas de todo el mundo como espacio de experimentación estética y también de diversas propuestas ideológicas. Ella asimila allí las experiencias más actuales que eran las de la pintura informalista, la abstracción lírica, el tachismo, el arte otro, es decir, una abstracción diferente a la geométrica que rompía una cantidad de convenciones de la pintura modernista y abría camino hacia el arte más contemporáneo. Uno puede ver allí un catálogo de experimentaciones muy denso, en donde cada una de estas formas ella la despliega a través de series y al mismo tiempo de escritura, que es en parte poética y en parte estética. Al mismo tiempo que da cuenta de lo que plantea, también de lo que va palpitando y sintiendo desde una perspectiva existencial. El existencialismo está muy en la base de este tipo de pintura.

 

 

¿Gloria Montoya contextualizaba sus obras, sus estudios?

A. A. Ella tiene una serie de cuadernos. Uno de ellos va narrando lo que va viendo cuando se traslada a Buenos Aires. En realidad, el presupuesto es que ese debía ser un registro de carácter profesional en el sentido de dar cuenta solamente de obras que ha visto, conciertos oídos, recorridos. Es un diario día por día, pero en un momento se interrumpe, da vuelta el cuaderno y ahí empiezan otro tipo de anotaciones: un registro de carácter más poético y existencial. Siempre combina esos dos aspectos. Y en el caso del otro gran documento, que es el diario de viaje a Europa, allí recién al final aparece un texto de carácter más existencial. Es un recorrido pormenorizado de las visitas, lugares donde va, artistas que ve. Es un diario increíble. Es importante tener un registro de su voz, de lo que veía y anotaba, para trazar junto con ella el itinerario. Otra de las cosas que me parece importante es que se trata de una artista mujer, en este contexto de estos últimos años en que se han puesto en cuestión los vínculos entre varones y mujeres y las relaciones de poder que existen volver a configurar a esta artista, no por ser simplemente una mujer, sino porque ha sido una mujer que en su medio tuvo una voz importante. No es el caso de esas artistas mujeres que hay que sacarlas a la luz porque nadie las conoce; en el caso de Paraná, todo el mundo conoce a Gloria Montoya. Lo que sí me parece es que hay que volver a fundamentar el carácter que tiene esa obra, y esa es quizás la deuda.

¿Hay alguna perspectiva feminista que detecten en sus obras?

A. A. Lo que me atrevería a decir es que indudablemente hay un registro, una sensibilidad y preocupaciones que uno puede leer en clave feminista, pero para ella su preocupación central era ser una artista moderna y ser una artista valorada como eran los varones. Tenés que pensar que los registros que estamos trabajando fueron de los cincuenta y sesenta, y allí el tema feminista no estaba dado como está hoy. Su preocupación es la de formarse como una artista moderna. Eso no quiere decir que uno no pueda detectar ciertas cuestiones en su obra que tienen que ver con el hecho de que era una artista mujer. Eso sí aparece con toda claridad en la escritura, ahí sí hay toda una serie de reflexiones, algunas de carácter existencial. En otros casos, cuando relee un texto de Virginia Wolf, está ya pensando en ciertas cuestiones que tienen una clave feminista, pero no está así formulado. Me parece que hoy la podemos pensar desde ahí.

 

 

¿De qué se trata el libro que acompaña la muestra?

G. F. Es un ensayo en el que damos cuenta de ese itinerario que comienza en 1955, una fecha paradigmática donde de algún modo, a partir de la crisis política, uno puede comenzar a ver un proceso de modernización cada vez más intenso en el marco de numerosísimas situaciones conflictivas y tensas de la vida histórica, y culmina en otra fecha paradigmática que es 1968. Lo que uno ve en el trasfondo de este proceso son estas dos experiencias donde ella se constituye en una artista moderna y de experimentación, una artista de vanguardia, de avanzada, que forma parte de un grupo que curiosamente de algún modo le da cohesión y cierto liderazgo (considerando que por lo general los liderazgos han sido masculinos). En el libro, por otra parte, además del ensayo donde se rescata la voz de Gloria, lo que aparece es un conjunto de imágenes que hemos seleccionado, que trasciende lo que se exhibe en esta exposición. Esas imágenes muestran todas estas variaciones que van del poscubismo al nacimiento de una geometría libre y de ahí a una suerte de informalismo inicial que progresivamente se va haciendo cada vez más radical en el sentido de la exploración de la materia, del gesto, del espacio, del color e, incluso, del campo del objeto. Y lo que aparece en el ensayo es la complejidad de la vida parisina, donde hay artistas de todas parte del mundo que, igual que ella, van a hacer sus experiencia, se radican en esa gran metrópoli y van contribuyendo al desarrollo del arte moderno: artistas chinos, surcoreanos, del norte del África, de América latina, del este de Europa y otras locaciones.

A. A. Lo otro a destacar respecto al libro es que hay mucho de la voz de ella: hemos transcrito párrafos largos sobre su estancia en el Louvre, el impacto que tuvo sobre ciertas piezas, sobre el arte asirio, por ejemplo. En el libro hay un registro de obra mucho mayor que el que está acá.

Ustedes son los curadores, pero María Gloria Daneri también es artista y sabe de la obra de su madre ¿Cómo funciona el trabajo curatorial en este caso?

A. A. Creo que María Gloria depositó en nosotros una confianza que hace que se charlen muchas cuestiones, pero es una relación armoniosa en ese sentido. Nos ha dado mucha libertad para organizar la muestra como hemos querido, aunque siempre lo conversamos con ella. Condicionamientos ninguno, conflictos tampoco. En principio lo que hicimos fue un registro fotográfico de buena parte de la obra, que es la colección de María Gloria y, a partir de ahí, empezamos a diseñar una exposición con las posibilidades de espacio que teníamos. En esa selección el criterio fue el nuestro, porque el criterio estaba ligado a las obras que fueron puntuando esa investigación que estábamos haciendo. Entonces no es meramente caprichosa la selección, sino que tiene que ver con el texto que lo sustenta.

Y esto de que la curaduría es investigación que se dispone en el espacio de un museo ¿Cómo condiciona la muestra esa disposición espacial?

A. A. Los espacios condicionan el recorrido. De todos modos esta muestra se podría trasladar, con adaptaciones por los espacios, pero no necesariamente se alteraría su sentido profundo. Es perfectamente adaptable a una sala con características diferentes.

 

 

¿Que es lo más llamativo que puede encontrar el visitante al museo?

A. A. A mí, por lo menos, me parece que hay una cuestión clave: el ejercicio de una abstracción temprana y en la década del sesenta esa actitud de experimentar constantemente con los materiales. Es realmente una artista de vanguardia para el medio entrerriano. Hay que pensar en la dinámica propia de Paraná y del rol que ella tiene en este medio, y más allá de esta significación particular es necesario insertar a Gloria Montoya en una versión mucho más amplia del arte argentino.

G. F. En ese sentido nosotros rompemos con la idea de centros y periferias, capitales e interiores, abogamos por otro tipo de problemáticas y trazados que sean mucho más comprensivos. Considerar las diversas escenas o núcleo de la producción artística regional, con sus figuras relevantes, permite jugar en un plano más amplio cuyo resultante puede ser un arte argentino, que está permanentemente en dialogo también con el mundo. Hay que romper con la idea de que los artistas argentinos están aislados y desinformados, sino que han participado en distintos momentos de sus recorridos -o en sus recorridos completos- de lo que se estaba produciendo en otros espacios, y con eso han dialogado. Gloria Montoya en la escena parisina de los años sesenta está interactuando, estudiando y participando -aún como audiencia- de la elaboración de un arte moderno. Esto modifica la idea de una historia del arte argentino ensimismada a la cual a menudo se le arroja una connotación provincial. Nosotros, en ese sentido, trabajamos abriendo los espacios, las dimensiones. Los visitantes de la muestra se pueden sorprender, por un lado, con la solidez estética; y al mismo tiempo con la apertura al experimento.

La sorpresa tal vez no venga solamente por las obras inéditas, ya que posiblemente en la ciudad sea más conocida de nombre que por su obra…

G. F. Esa es una deuda que tienen todas las ciudades con sus artistas. Para mi es importante que se muestren los artistas entrerrianos, los santafecinos; es fundamental para nuestro enriquecimiento como sociedad.

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Diarios de viaje, diarios de vida. Obras de Gloria Montoya entre 1955 y 1968 se puede visitar desde el viernes 26 de abril hasta el sábado 8 de junio, con acceso libre y gratuito, en el Museo Provincial de Bellas Artes Dr. Pedro E. Martínez, Buenos Aires 355, Paraná.

El museo ofrece visitas guiadas gratuitas especialmente diseñadas para todos los públicos. Los turnos se piden de martes a viernes 8 a 13 y de 15 a 20 al 0343 4207868/918 o personalmente en la sede.

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Comentarios (1)
  1. Mercedes dice:

    Impecable muestra y bellisima entrevista!!

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