17 de octubre de 2019

Lo que revela la intimidad de la historia

TEXTO LUZ ALCAIN

FOTOGRAFÍAS DEMOCRACIA EM VERTIGEM

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La historia reciente de Brasil, el nacimiento y el ocaso de un sueño colectivo, un presente sombrío y los resortes detrás del devenir de los hechos. De eso trata Al filo de la democracia (Democracia em Vertigem, 2019), de Petra Costa. Trata de eso, narrado desde la intimidad.

 

 

Los hechos se conocen, más o menos. La historia de Luis Inacio Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores; su lucha sindical y sus tres derrotas consecutivas como candidato a presidente. En 2002 llega al poder y se abre allí un proceso en América Latina que intenta ponerle márgenes al capitalismo, aunque el documental centra su enfoque en Brasil, «el país que toma su nombre de un árbol».

Se sabe ya. Llega luego el tiempo de Dilma Rousseff, las causas de corrupción, el proceso de Lava Jato y la decisión de la presidenta de habilitar la delación premiada: empresarios delatan en prisión para ser liberados con la consecuente caída de la dirigencia política, la del PT. La Justicia, los medios, las redes sociales harían el resto: el impeachment con el que se derroca a Dilma sin prueba de delito alguno; la proscripción de Lula como candidato, el dirigente con más chances de alzarse con el triunfo; y la condena a ese líder que hoy, si puede, mira este documental desde una cárcel de Curitiba, la ciudad de un país que gobierna Jair Bolsonaro. Así de triste.

 

 

 

Desde adentro

Es desde la intimidad que se narra. Desde la historia de vida de la directora que sopla un par de velitas en un video familiar. Con su voz en off presenta a sus padres que aplauden y celebran el cumpleaños de la beba: fueron militantes políticos que resistieron la dictadura en prisión y luego como clandestinos. Ella sopla las velitas, siendo una bebé, y sabemos que se llama Pedra en honor a un hombre, referente político de sus padres, ese hombre que ahora, en la pantalla, yace asesinado a balazos por las armas de la dictadura.

También la intimidad la lleva a la directora a contar la otra parte de su historia, la de la familia materna, expresión cabal de la oligarquía, propietaria de una de las empresas constructoras, contratistas del Estado en todos los tiempos del Brasil.

Porque así lo decide, y porque el testimonio es invaluable, la directora recupera la palabra de su madre, la interroga, le pide opinión en un primer plano registrado en un viaje en auto, presumiblemente a un encuentro buscado con Dilma Rousseff. Un encuentro íntimo, otra vez. La cámara espía el contacto, la charla fresca entre dos mujeres, ex militantes, ex presas políticas, militantes desde sus orígenes del PT, que sin embargo no se conocen.

La intimidad es también la que se elige para mostrar a Lula y a Dilma en su paso por el poder. Primerísimos planos, la gestión y maniobra de las instituciones en los gestos más cotidianos. También la intimidad en la desesperación por el fin del PT en el poder, Lula asfixiado en un ascensor, atestado de uniformados que lo llevan a declarar ante la Justicia; el personal de Dilma guardando sus prendas. Es inevitable la pregunta acerca de cómo se lograron tales registros.

Instituciones de la democracia también en la intimidad. La cámara recorre pasillos, lentamente, disfruta ventanales, se detiene en esculturas, mira desde arriba la ciudad de Brasilia, sus rutas, su diseño moderno. Vuelve a los interiores del palacio, repasa la labor de un puñado de trabajadoras pasando el trapo, sacando lustre mientras opinan del impeachment. Registra todo el tiempo que lleva, en una tela de alfombra azul, peinar el tejido hasta dejar impresa la bandera y las letras «ordem e progresso».

 

 

 

Resortes

Petra Costa tiene opinión. Cómo no si es su historia. El documental remarca la permanencia de los sectores de poder en una democracia endeble; cuestiona con dolor que el PT no haya sabido o podido hacer política sin caer en la trampa de una alianza corrupta con «los dueños del país».

Devela, para los que no estamos en Brasil, la serie de pruebas incontrastables que explican cómo se confabularon la Justicia, sectores empresarios y referentes políticos de la derecha y la centroderecha para que el proceso iniciado en 2002 con Lula como presidente se terminara con un golpe institucional.

De fondo siempre los medios. Lula lo señala cuando confiesa arrepentirse de «no haber realizado la regulación de los medios de comunicación». «Son nueve familias las que los manejan en Brasil. Son siglos de dominación de las clases altas y las clases bajas siempre fueron maltratadas», resume.

El documental arranca con la detención de Lula en Curitiba; finaliza con Jair Bolsonaro ingresando al Palacio de Planalto. La cámara se detiene en los rostros de quienes invaden la sede oficial: «Machos, amantes de las armas y las biblias. Celebran después de años de pedir permiso para entrar».

Lamenta que tras el paso del PT por el poder se haya sostenido «una estructura de corrupción diseñada para hacer imposible cualquier cambio». Sombrío final, con un repaso de las medidas tomadas primero por Michel Temer -en el gobierno provisorio-; luego por Bolsonaro en un país, tan parecido a otros en América Latina, en el que una minoría «puede apagar o encender las instituciones según sus propios intereses».

 

Al filo de la democracia está disponible en la plataforma Netflix.

 

 

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