La universidad en la calle

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS FRANCO GIORDA

Los pupitres fueron sacados de las aulas para cortar, primero, avenida Almirante Brown y, luego, avenida Ramírez. Por un buen rato, estudiantes y docentes expusieron su humanidad sobre el asfalto para visibilizar el recorte presupuestario y el congelamiento de los salarios que lleva adelante el gobierno nacional. Eso sucedió frente a la sede de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) y fue el inicio de una semana de protesta. Las medidas gubernamentales generan alarma tanto en los sectores más movilizados de la comunidad académica como en el propio rectorado.

Ese lunes se escucharon discursos de los diferentes actores ante un público nutrido de ciudadanos universitarios de los diferentes claustros y unidades académicas. Allí se habló de una avanzada «neoliberal» ante la cual se planteó la necesidad de una mayor organización y presencia en las calles. En este sentido, se bregó por la defensa de la universidad pública, se pronosticó un conflicto prolongado y se instó a una resistencia de largo aliento.

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«Para mucha gente es una incógnita lo que sucede dentro de la universidad, les resulta muy lejano y desconocido lo que hacemos, y mucho menos imagina su potencialidad para cambiar la realidad. Eso nos lleva a las calles y a contar nuestra historia. Es imprescindible hacerlo porque como hay tanta gente que vive explotada y ha naturalizado sus salarios y sus condiciones de trabajo le parecen excesivos nuestros reclamos, o no los comprende. Por eso salimos. Pero a la vez, también empiezo a notar un hartazgo colectivo por la mala situación económica y pequeños gestos de simpatía y solidaridad. Es bueno, porque a la sociedad no le conviene degradar más a la universidad si quiere tener chances de vivir en un país más desarrollado y con menos desigualdades» dijo a 170 Escalones, Diego Fainstein, docente y miembro del Sindicato de Trabajadores Docentes Universitarios de Entre Ríos (Sitradu).

Las acciones fueron coordinadas por miembros de diferentes agrupaciones y gremios. Incluso, estuvieron juntos sectores que no suelen acordar ante distintas coyunturas. Sin embargo, el panorama actual genera tal espanto que primó la unión entre corrientes con marcadas diferencias ideológicas.

«La situación presupuestaria y salarial es tan grave que los propios funcionarios de alto rango de la universidad han manifestado su preocupación y eso ha alentado a muchos docentes a sentirse autorizados a protestar, por lo que hay una mayor adhesión a la huelga que en los meses anteriores. Cada uno decide qué hacer de acuerdo a sus concepciones respecto de la lucha, y en esto tenemos diferencias los que proponemos siempre medidas activas con los que paran completamente y vacían los espacios» dijo Fainstein y agregó «una diferencia respecto del pasado reciente es que ya no hay organizaciones aliadas al gobierno, como sucedió durante el kirchnerismo, cuando una de las dos federaciones nacionales de docentes universitarios cumplía un papel más pasivo. Hoy en día, incluso los trabajadores que pudieron haber votado al macrismo están experimentando el efecto de la inflación, el ajuste y los tarifazos sobre sus salarios, así que se ven empujados a protestar. Hay un clima de insatisfacción generalizada».

El martes, todos se tomaron la mano y dieron la vuelta al edificio donde funciona la Facultad de Ciencias Económicas. En ese momento, también hablaron algunos representantes que insistieron en las consecuencias del recorte sobre ámbitos sensibles de la vida estudiantil como es el comedor, los sistemas de beca y de extensión, entre otros. La profesora Graciela Mingo de Asociación Gremial de Docentes Universitarios (AGDU) resaltó la presencia de los diferentes actores en defensa de la educación pública. Luego del abrazo simbólico tuvo lugar una charla técnica sobre el impacto que genera el ajuste en el financiamiento de la educación superior.

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La estudiante de Ciencias de la Educación y consejera superior Luna Badaracco Berduc expresó a este medio que «los aumentos del transporte, el alquiler, la comida, la inflación y los tarifazos son moneda corriente en nuestra vida. Es la juventud la que vive más profundamente la precarización laboral. Para que se pueda garantizar nuestro derecho a la educación se necesita más presupuesto destinado a becas sin prestación de servicios, algo que casi no existe en la UNER; más aún con la caída de las becas nacionales. Es necesario que se revea la prestación de servicios para algunos tipos de becas porque somos nosotros los que estamos haciendo trabajo en negro o precario en la universidad» y agregó «las políticas de becas, comedores y fotocopias se ven imposibilitadas por el recorte presupuestario de 3000 millones de este año, pero también por los presupuestos ridículos o irrisorios que vienen hace tiempo teniendo las universidades públicas y que claramente no alcanzan. También tenemos que darnos una discusión en relación a cual es el presupuesto genuino, de dónde llega plata y con qué lineamientos. En este sentido el recorte afecta y mucho a nuestro derecho a la educación, al claustro estudiantil, y es por eso que hoy damos la pelea en conjunto con los docentes por salarios dignos y por presupuesto genuino».

El viernes, se renovó el reclamo. La manifestación fue en Oro Verde, sede de las facultades de Ingeniería y Agronomía de la mencionada universidad. En el cruce de la avenida de Los Eucaliptos y la Ruta 11 se realizó una olla popular. Allí también hubo micrófono abierto. Algunos oradores, como el profesor Fernando Sassetti, expresaron con gran sensibilidad la vulneración de derechos que padecen no solo los universitarios sino también buena parte de la sociedad. A su vez, habló del diálogo y los vínculos existentes entre la comunidad académica y su entorno social.

Con ironía, ese mediodía se armó una mesa en la que estaban los rostros del presidente Mauricio Macri, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y la presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. En torno a esa intervención había carteles con reclamos y se efectuó una volanteada entre los automovilistas que frenaban en el semáforo.

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Por otra parte, Fainstein sostuvo que «las asambleas vienen siendo nutridas y motorizaron muchas acciones en estos primeros días de protesta organizada. Hubo un gran número de profesores y estudiantes poniendo el cuerpo en actividades en la calle, realizadas con el propósito de visibilizar la decisión de no iniciar las clases en esta segunda parte del año. Estamos haciendo todo lo posible para que no pase desapercibido que por decisión del gobierno la educación pública está en peligro».

Lo que se pone sobre el tapete en esas asambleas es el avance de la pobreza y la consecuente expulsión de los jóvenes del sistema educativo formal. El profesor Fainstein también señaló que en las reuniones interclaustros se plantea, asimismo, «la necesidad de producir conocimientos de utilidad social, función que no tiene reemplazo ya que ninguna empresa privada se dedica a tareas que no deparen una ganancia económica».

En cuanto al rol de los estudiantes, Badaracco Berduc señaló que «el movimiento estudiantil tiene mucha historia en la universidad argentina y su rol principal es potenciar las luchas por la defensa de la universidad pública y profundizar los reclamos. Son dos cuestiones que vienen de la mano. Los estudiantes somos el claustro mayoritario. Puede haber una universidad sin docentes pero no puede haber una universidad sin estudiantes y entendiendo eso, es que tenemos un montón de tareas por delante. Nosotros acompañamos la lucha salarial de los docentes y es muy importante la unidad para lograr cualquier tipo de reclamo pero también comprendemos que los estudiantes tenemos nuestras reivindicaciones históricas que rehacemos frente a las coyunturas políticas. Hoy en día en nuestra universidad los estudiantes tenemos la obligación de poner en agenda ciertos temas como es el cogobierno, la necesidad de la democratización y resaltar que la mayoría estudiantil es inversa en la representación del cogobierno. El movimiento es muy potente y tiene el desafío gigante de defender lo que hoy tenemos, plantear lo que nos falta y garantizar el derecho a la universidad pública, laica y gratuita. Esto depende de la capacidad de organización que nos demos al interior de nuestro claustro y de la universidad en su conjunto».

 

UNIVERSIDAD FEMINISTA

En el marco de las protestas, se hizo referencia, en más de una ocasión, al potencial del feminismo en el marco de la lucha universitaria. «Hoy las que están enseñando a pelear y a ganar derechos son las feministas. Más allá del resultado del 8 de agosto han conseguido la legitimidad del aborto. Nosotras no vamos a abortar nunca más en la clandestinidad. En ese sentido, la universidad tiene que ver cómo albergar ese movimiento, esa marea que no para de crecer. Claramente, la universidad está muy por detrás del movimiento feminista que se está animando a replantear absolutamente todo. A la vez, luchamos por una universidad feminista. Ahí hay un punto de confluencia. La lucha feminista se tiene que traer a la universidad pública y a partir de ahí entender que el feminismo engloba muchísimas cuestiones que hasta hace poco no nos imaginábamos. El feminismo puede responder a diferente problemáticas sociales que se pueden ver desde la perspectiva de género y feminista. Entonces, no es ajeno el feminismo a la lucha por la educación pública. Hoy en día no podemos pensar una universidad que no sea feminista y dar espacio a esos debates. Tenemos que entender que el feminismo nos está mostrando la clave de los métodos de unidad, de perseverancia, concentración y creatividad para continuar y ganar las luchas» apuntó Luna Badaracco Berduc.

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LO QUE SIGUE

«Lo que se avecina es un test de nuestra voluntad por exigir ingresos que permitan una vida razonable y no una economía de subsistencia. Para mí todo va a depender de aunar fuerzas con otros sectores y contagiarnos de ganas cuando unos u otros consigamos aumentos que nos acerquen a lo que consideramos justo. Y no se trata de exigir lo que no hay, porque la economía se puede organizar de una u otra manera para que todos vivamos mejor, el tema sigue siendo quiénes generan la riqueza y cómo se distribuye» concluyó el profesor Fainstein.

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