La humanidad sostenida por una mirada

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS FRANCO GIORDA

 .

.

Los deformes, marginales, nudistas, contorsionistas, niños, alterados, travestis y enfermos retratados por la fotógrafa Diane Arbus son una provocación. Los personajes sostienen la mirada ante la cámara y clavan sus ojos en los espectadores. En esa tenacidad, parecen preguntar ¿qué es la normalidad?, ¿cuál es la regla?, ¿quién es un extraño?

Arbus es una de las fotógrafas más destacadas del siglo XX. Nunca, hasta ahora, se había visto una muestra de ella en Argentina. Desde julio están montadas una centena de sus imágenes en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba). El recorte elegido son sus trabajos iniciales, desarrollados entre el 56 y el 62. El título de la propuesta es Arbus en el principio. La mayoría de estas fotos permanecieron inéditas hasta el año pasado, cuando se realizó una exhibición en Nueva York.

El espacio dispuesto para la experiencia estética es penumbroso. La iluminación apunta exclusivamente a las impresiones fotográficas. El resto queda en una tenue oscuridad. Las obras fueron colocadas a cada lado de paneles que se levantan, angostos y altos, en medio de la sala. Esa disposición podría asociarse con una suerte de laberinto urbano habitado por seres fenomenales y objetos infrecuentes.

Las imágenes proponen una introspección. Ante la mirada de «los raros» puede haber un acicate para el autoconocimiento. En su acción, Arbus no disimulaba la cámara (como lo habían hecho muchos documentalistas hasta ese momento): el disparo era explícito y sin ocultamientos. Ese instante de conexión frontal interroga a quien mira la fotografía sobre su propia naturaleza.

Si bien todas las tomas fueron en Nueva York, eso no le quita carácter universal a la obra. En alguno de sus textos, Arbus hace hincapié en la diferencia. Sin embargo, esa diferencia parece más accidental que constitutiva de los humanos fotografiados. ¿Qué tan distinta es la autora de sus retratados? ¿Qué tan distinto es el espectador? Parece primar un reconocimiento antes que un distanciamiento. Se produce un diálogo no verbal más allá del tiempo y el espacio. En un punto, es una vivencia comunicativa.

La propia Diane dijo: «Para mí, el sujeto de la foto es siempre más importante que la foto. Y más complejo». Eso es una pauta para pensar en una mirada que busca, afuera y adentro, más allá de las apariencias impactantes. De todos modos, su obra genera polémica: algunos la emparentan con el humanismo y otros con la crueldad.

El material pertenece al archivo del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (MET). El curador de la exposición es Jeff Rosenheim, responsable del departamento de fotografía de esa entidad.

En las reseñas y catálogos se indica que Diana Nemerov (tal su apellido del documento) vivió en Nueva York entre 1923 y 1971. Fue hija de una familia judía, dueña de una tienda de pieles y, a los 18, se casó con Allan Arbus, un empleado de la compañía. La pareja montó un estudio de fotografía publicitaria. Ella se encargaba de la dirección de arte y él de hacer las imágenes. Luego, en 1956, Diane tomó definitivamente la cámara para plasmar su visión de las personas. A partir de ese momento, se dedicó sistemáticamente a su obra. Desde 1960 publicará retratos y ensayos fotográficos en varias revistas. Ganó dos becas Guggenheim. Al año siguiente de su suicidio fue la primera fotógrafa en ser incluida en el pabellón estadounidense de la Bienal de Venecia; por su parte, el Museo de Arte Moderno (MOMA) presentó una muestra con sus fotografías.

A modo de bonus track, el recorrido por el claroscuro laberíntico construido en el Malba finaliza con el portfolio «Una caja de diez fotografías» que Arbus armó entre 1970 y 1971 e incluye sus afamados retratos de formato cuadrado.

En cada una de las paradas de esta travesía fotográfica se presenta la posibilidad de sostener la mirada ante lo sórdido, lo humano y «lo divino en las cosas ordinarias», según lo expresó su autora a los 16 años.

.

.

 

 

 

Nota: Los trabajos se podrán ver hasta el 9 de octubre en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415, CABA). La entrada vale 100 pesos. Hay visitas guiadas los jueves, viernes y domingos a las 17.

Compartir Compartir en Facebook Compartir en Twitter
Comentarios (0)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *