24 de agosto de 2019

La Asamblea marca la cancha

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

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Despertó la Asamblea por el Derecho a la Cultura de Paraná. La misma que hace poco más de dos años tuvo gran visibilidad con la primera manifestación pública contra la gestión municipal; pero a su vez distinta, renovada en sus expectativas de cara a las próximas elecciones. La primera reunión de esta nueva etapa se dio el lunes 20 por la noche en la Escuela de Música, Danza y Teatro «Profesor Constancio Carminio». Allí, más de cincuenta personas decidieron la redacción de una Carta abierta a la comunidad y a los futuros funcionarios públicos.

«Con fuerza de voz colectiva, nos dirigimos a quienes asuman sus responsabilidades de representante estatal, tanto en la Intendencia como en la Gobernación, de la ciudad y la provincia respectivamente», sostienen. Entre los puntos de la asamblea se destaca la idea de construir gestión cultural pública evitando ser «un calendario de eventos aislados». Además, se pide reflexionar y atender a las prácticas cotidianas con perspectiva de género; fomentar estrategias y canales de diálogos en relación a las expresiones culturales emergentes y a las problemáticas que se manifiestan por los movimientos culturales comunitarios. Asimismo, se pide regularización legislativa de Estatutos de Trabajadores de la Cultura, Estamentos Institucionales y Edilicios. Vale la pena leerla completa.

 

 

En febrero de 2017 -luego de una serie de reuniones de fines del años anterior-, una colorida movilización de la que participaron más de 500 personas había transitado las calles céntricas denunciando el «vaciamiento cultural en la ciudad» y exigiendo la renuncia de Magda Mastaglia de Varisco, secretaria de cultura municipal. El gallo y su canto pidiendo que la cultura despierte pasó a ser el símbolo de esta grupalidad, que luego de algunas acciones similares en el espacio público se fue diluyendo en participación. No pudieron, en ese entonces, cumplir su objetivo de constituirse como un órgano de consulta y hacer valer los derechos de los hacedores culturales. Tampoco lograron la renuncia de la madre del intendente. Pero la iniciativa asamblearia nunca se extinguió del todo, sino que fue «un fuego más pequeñito», puntualiza Nadia Grandón. «La asamblea no estuvo inactiva, hubo acciones menos visibles y masivas, pero estuvo generando redes. Varios de los integrantes seguimos en contacto, generando acciones, pensando, planificando, debatiendo sobre las políticas culturales de la ciudad y también diseñando lo que creemos que debería ser una política cultural pública», agrega. «Este gobierno neoliberal nos ha dado por todos lados y eso ha hecho que muchos de los y las integrantes de la asamblea estuvieran en otros frentes. No hay cansancio, siempre se está reavivando la brasita, así que acá estamos con la esperanza de que vengan nuevos y nuevas funcionarios que sí puedan dialogar con la Asamblea, que es un actor muy importante en la comunidad. La asamblea estuvo, está y seguramente estará porque creemos en una cultura participativa, sea el funcionario que sea», afirma Grandón.

 

 

«La reactivación de la asamblea está muy ligada a la preocupación del sector en lo que respecta a las políticas públicas. Mucho influye lo que ha venido sucediendo, el estado de crisis de los derechos culturales de las personas, saber siempre que el área de cultura ha sido bastardeada en sus dimensiones presupuestarias y en el trabajo territorial. Ante esa preocupación hemos decidido retomar las reuniones», explica Sergio Otero. «No queremos ni permitiremos que la cultura sea un área relegada, de relleno de las estructuras gubernamentales», avisa Otero. María Elena Vázquez define el «estado asambleario» como práctica de encuentro y de reflexión que revierte decisiones antidemocráticas o descontextualizadas: «La asamblea tiene como relevancia, el haber mancomunado sectores, crear nuevos espacios de voz y crear adhesiones. Invita al encuentro, a la reflexión, al debate, a la disertación. Permite visibilizar problemáticas, como la defunción de un obrero o un incendio, ambos ocurridos en el Centro Cultural Gloria Montoya», sostiene. «La asamblea vendría a despertar, a poner otra vez en la mesa de debate la pluralidad de requerimientos del sector. El estado asambleario, aún en sus momentos de reposo o meseta, permite dar cuenta de lo que nos está sucediendo. Permite buscar modos de organizarnos en pos de lo que deseamos. El estado asambleario nos permite pensar a futuro, ir detrás de los deseos y fortalecer la toma de decisiones en conjunto con las diferentes organizaciones», considera Vázquez.

Con las esperanzas encendidas, reuniendo experimentados y nuevos actores en su seno, la Asamblea por el Derecho al a Cultura da un nuevo paso y deja en claro en esta carta pública cuáles son las exigencias del colectivo, gane quien gane en las urnas.

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