20 de agosto de 2019

Kafka

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS FRANCO GIORDA

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Los clásicos son inagotables. Esa es su virtud. Su vigencia incesable permite abordarlos en diferentes momentos de la historia personal y de la historia de la humanidad. Kafka es un caso. Su lectura resiste el tiempo y Franz sigue allí, esperándonos en las tinieblas del aislamiento o en los insondables e intrincados meandros del alma y la sociedad humana. Capaz de componer uno de los inicios más citados de la literatura universal (“Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”), su obra permanece al acecho de quienes están dispuestos a extraviarse en los insensatos pasillos de la opresión externa e interna.

En nuestro caso, el último ataque que recibimos de este autor se dio de la Biblioteca Popular del Paraná. Camuflado entre volúmenes, nos esperaba la bestia metamorfoseada en un libro titulado, de manera contundente, Kafka con textos de David Zane Mairowitz e ilustraciones de Robert Crumb.

Contra los prejuicios, cabe decir de entrada que no se trata de una de esas publicaciones para principiantes (categoría inventada por el mercado) sino que es un estudio crítico de su biografía y de su producción que funciona tanto para quien ha leído al autor nacido en Praga como para quien está buscando una vía de ingreso.

Mairowitz es un escritor norteamericano, nacido en 1943, con residencia en Francia que tiene una larga trayectoria como periodista, traductor, dramaturgo y directora de radio. Crumb también es de 1943, norteamericano y con vida en Francia. Es uno de los padres fundadores del cómic underground y además es músico.

Como corresponde a un autor de la talla de Kafka, estos dos secuaces, se meten con temas pesados: la religión, el sexo, la familia, sus patologías, la formación intelectual, el antisemitismo de la época; a su vez, dan cuenta de las lecturas que se han hecho desde distintas perspectivas de su obra literaria y no esquivan temas controversiales como la censura del régimen soviético y la transformación de Kafka en una mera mercancía (a partir de la industria del suvenir) por parte del capitalismo.

La propuesta de Mairowitz y Crumb consiste en intercalar el estudio biográfico con la crítica literaria. Entonces, la historia personal del autor es desplegada en combinación con las reseñas de sus obras. Los textos y las ilustraciones permiten percibir un todo que, como la vida misma, sólo admite separaciones con fines analíticos.

La profusa correspondencia del escritor es una de las fuentes que les permite representar sus estados anímicos, su salud y sus relaciones, entre otras cuestiones. Lo destacable es que Mairowitz y Crumb no son condescendientes con Kafka. Más bien, intentan reconstruir el perfil de un sujeto no exento de contradicciones (característica común a todos los mortales).

“No tenía una cosmovisión discernible, que se haya reflejado en su obra, ni una filosofía orientadora, sino sólo esos sorprendentes relatos que extraía de su clima reconocible, misterioso y difícil de señalar con precisión, que permitió que los “carniceros” de la cultura moderna lo convirtieran en un adjetivo”, sostiene el dúo de biógrafos. El fragmento permite reconocer una lectura reflexiva y, al mismo tiempo, un rechazo al snobismo que se ha apropiado de la figura checa.

El texto y las ilustraciones son de 1993. La marca editora lo publicó en Argentina en 2018 con la traducción de Leandro Wolfson. El libro corresponde a la colección Dúo, en la que se reúnen ediciones donde participan un escritor y un artista. La factura de estos ejemplares se distingue por sus tapas de cartón y la ausencia de lomo. La serie se completa con Bartleby, el escribiente de Hermann Melville con ilustraciones del argentino Luis Scafati y la traducción de Jorge Luis Borges; Escrito en el aire de Rafael Alberti y León Ferrari; y Sobre el comercio de los pensamientos de Jean-Luc Nancy y Antonio Seguí. Los dos últimos también están disponibles en la Biblioteca Popular del Paraná.

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