11 de diciembre de 2019

Horacio González y el continente en transición

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

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El sociólogo, docente y ensayista Horacio González expuso algunas de sus ideas ante un auditorio atento convocado el martes por la noche en el primer piso de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Bajo el título «Desafíos políticos y culturales de la Argentina que viene» -organizado por el proyecto de investigación «Intelectuales y política en la argentina contemporánea. El ciclo kirchnerista»-, el ex director de la Biblioteca Nacional compartió conceptos claves a partir de una presentación con saltos cronológicos y geográficos, como así también poblado de pensamientos derivados. El golpe de estado en Bolivia fue, inevitablemente, el punto de partida para hablar de la necesaria unidad latinoamericana, a pesar de la diversidad de sus pueblos.

 

 

«Evidentemente, atravesamos un momento difícil, álgido, riesgoso, y no podemos decir que estemos sorprendidos por eso. Siempre hay un abismo por delante de nosotros», introdujo González. «Imaginamos, con gran rapidez, que hay una unidad y una homogeneidad que Latinoamérica está lejos de poseer. Sin embargo, la razón utópica siempre nos indica que es posible pensar niveles de compatibilización y unidad entre los diversos pueblos latinoamericanos», proyectó. Recordó entonces el nacimiento de la UNASUR y la CELAC, que hoy persisten en la memoria, y comparó esas instituciones con la OEA, a la que calificó de organización golpista. «Hay una situación que ha vulnerado instituciones, leyes, y ha vulnerado también creencias muy profundas en este ideal latinoamericano que tiene, por lo menos, tantos años como la idea de Latinoamérica, que proviene de finales del siglo XIX y principios del XX. No es una idea que existió siempre. Incluso sustituye de una manera sutil el nombre de Hispanoamérica, relativizando la presencia hispánica; y, al mismo tiempo, el de indo América, relativizando la presencia indígena. Es un nombre de transición o transacción el de Latinoamérica», señaló.

«¿Qué hacer con esa diversidad?», se preguntó. Diversidad étnica, lingüística y además religiosa, como otro elemento a tener en cuenta: el crecimiento de las religiones evangélicas en expresiones novedosas (es decir, no luteranismo y calvinismo clásico, que de algún modo fueron compañeros de formación del capitalismo). Y también con nuevas formulaciones racistas que no existían desde hace décadas, resaltó. «De modo que un panorama idílico de Latinoamérica, hoy no lo tenemos. Tenemos un panorama que se parece mucho a los momentos en que aún no existía la idea latinoamericanista, cuando los países, después de la retirada de España, comenzaron distintas guerras locales y regionales para definir sus fronteras, puesto que los virreinatos no tenían fronteras nítidas», indicó el referente de Carta Abierta. Repasó algunas de estas guerras y sus determinaciones. A pesar de lo artificial que es el trazado de las naciones y lo dificultosas que son porque los Estados nacionales marcan homogeneidades que muchas veces son arbitrarias, estas importan mucho, dijo. Si hoy desaparecieran –que es una tendencia que la globalización lleva en su seno, aclaró-, si no estuvieran, se resentiría el bienestar popular, cierta forma de protección, de distribución de la renta, de atención social, las redes hospitalarias y otras cosas que sin el Estado no se podrían hacer, aseveró.

 

 

A pesar de la globalización, las naciones y los Estados siguen existiendo «bajo la forma sospechosamente reiterada de guerra», remarcó. Indagó entonces en Bolivia: «¿Cómo se crea Bolivia? ¿Qué es ese círculo que no tiene salida al mar? Es un emisor de rayos y energías, si nos pusiéramos un poco cósmicos, y no dejan de ser cósmicas las grandes religiones incaicas. Bolivia es un lugar excepcional y está encerrada en un círculo que la fue coaccionando territorialmente durante todo el siglo XIX y XX», expresó González, que repasó luego las guerras de Bolivia con Brasil, Paraguay, Argentina y Chile. «El territorio se mueve, es una forma viva, casi tiene las funciones de un ser humano, por alguna razón decimos “Amazonas es un pulmón y Bolivia es una arteria”, es un cuerpo humano, transferido metafóricamente a la tierra», caviló.

¿Por qué tantas guerras? ¿Cuál es el motivo? Las interpelaciones lo llevaron a rescatar el pensamiento humanista y antimilitarista de Juan Bautista Alberdi en su libro El crimen de la guerra (sobre la guerra con Paraguay). «Tenemos que seguir trabajando la unidad latinoamericana y espero que el gobierno de Alberto Fernández lo haga», apuntó. «De Chile sale la mayor exigencia política que hay hoy en Latinoamérica. Una, sin duda, es la reposición de Evo, que cada uno juzgará qué dificultades tiene ante un golpe de la magnitud que hubo en Bolivia. El mundo contemporáneo es muy fructífero en aprendizajes: aprendimos que un golpe puede ser una sugerencia», ironizó. Hay trazados débiles que relacionan presidentes entre sí, y los únicos que hay relacionables como presidentes son Andrés Manuel López Obrador y Alberto Fernández, manifestó. «Nuestra preocupación tiene que ir hacia cómo generamos ámbitos del debate en torno a esta cuestión (de la unidad latinoamericana)», agregó.

«Puede haber un futuro, quizás con palabras que no conocemos, que sean de índole libertaria siempre, que permitan rearmar el cuadro nacional. Por eso, ese nuevo latinoamericanismo  tiene que tener en cuenta no solo a Grecia y a Roma; sino también a los mayas, los aztecas, los wichis, los comechingones, y los selknam», propuso.

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