20 de agosto de 2019

El impacto de lo imprevisto

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS FRANCO GIORDA

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El encuentro con lo inesperado es una de las bondades que proveen los viajes. Así, una escapada a Rosario derivó azarosamente en una experiencia estética radical que nos transportó a los confines del tiempo y el espacio. Justo el día que decidimos visitar el Museo Histórico Provincial Dr. Julio Marc, emplazado en pleno Parque Independencia, estaba prevista la inauguración de una muestra peculiar en el marco de la conmemoración de los 80 años de la institución. Una pieza anómala en relación al valioso patrimonio con que cuenta la entidad era el centro de atención de la jornada. Los guías del lugar tuvieron el buen tino de preguntar si queríamos ver el objeto en cuestión, previo a iniciar el recorrido tradicional por las salas. La propuesta, además de ser irresistible para cualquier alma curiosa, estaba enriquecida por el misterio de los espectáculos de antaño – como esos que aparecen en películas de Tim Burton o Terry Gilliam donde se despliega un mundo maravilloso detrás de un cortinado de terciopelo –. Es que, efectivamente, para observar el material había que ingresar a un gabinete luego de franquear una gruesa tela negra. La única condición para aventurarse fue dejar los zapatos al ingreso. Nos recomendaron además que, luego de atravesar la frontera textil, nos quedemos quietos por unos instantes hasta que nuestros sentidos se acostumbrasen tanto a la oscuridad como al declive de la superficie.

Una vez dentro de la negrura, sentimos un aire frío y cargado por una fascinante atracción hacia la materia ubicada en el fondo. Fue el tacto de nuestros pies, y no nuestra vista, el que percibió un piso alfombrado y claramente inclinado. Antes de dar el primer paso, pudimos apreciar desde lo alto, gracias a una iluminación precisa, el correspondiente aura del meteorito El Mataco. Ya con nuestras facultades sensoriales adaptadas al ambiente fuimos directo al encuentro con la cosa extraterrestre.

 

 

El sentido de la instalación lo completa cada asistente, pero puede arriesgarse que esa depresión, donde el bólido es exhibido, representa una suerte de cráter, como el que dejó la pieza al sumergirse en el planeta. La propuesta estética también puede predisponer a imaginar la infinidad del cosmos por donde el asteroide original vagó indefinidamente hasta dar con la atmósfera terrestre.

El Mataco fue parte de una lluvia de meteoritos metálicos que impactó la región del Chaco Austral hace cuatro mil años aproximadamente; en una zona que se extiende en parte de lo que en la actualidad son las provincias del Chaco y Santiago del Estero. En la época en que cayó, el lugar era frecuentado por recolectores de miel. Los testigos del fenómeno le adjudicaron un sentido mítico que perduró durante siglos. La superficie de los impactos es conocida como Campo del Cielo, una zona de unos 15 kilómetros de ancho por 70 de largo. No existe en el mundo un lugar equivalente.

Los meteoritos conformaban una masa única de 840 toneladas que se desprendió del Cinturón de Asteroides que orbita entre Marte y Júpiter. Al ingresar a la atmósfera se partió en varios pedazos. Los más grandes, al impactar de manera oblicua, provocaron cráteres de profundidad donde la mayoría de las piezas terminaron enterradas. Por ejemplo, El Chaco, uno de los meteoritos más célebres, ingresó con un ángulo de 9° dejando un túnel de unos 16 metros por lo que quedó enterrado a 5,5 metros de profundidad. La altura de ese meteorito es de 2,2 metros. Hasta el momento, se han contabilizado cerca de treinta cráteres. Hay fundadas sospechas que todavía permanecen enterrados fragmentos del asteroide sin ser descubiertos y, por lo tanto, la búsqueda es constante.

El Mataco fue descubierto en 1937 en la estancia del Dr. Bartolomé Vasallo, que ocupaba parte de lo que fue la zona de la colisión. Vasallo donó la pieza de 998 kilogramos al Museo Histórico de Rosario en 1941. Durante décadas, se exhibió en los jardines de la institución. Desde 1990 fue ubicado dentro del edificio sin encontrar nunca una ubicación que cuadrara con la propuesta museográfica general (organizada a partir de tres ejes: pueblos originarios, colonia y proyecto independentista). En ese contexto, el objeto extraterrestre ha tenido un atractivo particular para visitantes y estudiosos.

 

 

El aniversario fue la ocasión para que el Museo convoque a Guillermo Faivovich (Buenos Aires, 1977) y Nicolás Goldberg (París, 1978), quienes se han ocupado de concebir a los meteoritos como objetos de arte. Ellos son los autores de la instalación que tiene como epicentro a El Mataco. Estos artistas se destacan por realizar, desde hace aproximadamente una década y media, diferentes intervenciones en torno a los cuerpos provenientes del espacio exterior. Una de sus acciones fue reunir las dos mitades del meteorito El Taco, también proveniente de Campo del Cielo, que fuera diseccionado hace más de 40 años (una de sus partes se encontraba en el planetario de Buenos Aires y la otra en el Instituto Smithsoniano de Estados Unidos). La reunión de los trozos se produjo en una muestra en Frankfurt, en 2010.

Otro de sus antecedentes es el diseño del sello postal en tres dimensiones Meteoritos de Campo del Cielo, emitido el 28 de julio de 2007 por el Correo Argentino. Su intento más ambicioso fue llevar El Chaco a la Muestra Documenta de Kassel, en Alemania. A pesar de haber contado con los avales de la Legislatura del Chaco y del Concejo Mocoví, el hecho generó tal polémica que los artistas abortaron la idea. De todos modos, el proyecto y la investigación quedaron recopilados en un libro y, finalmente, presentaron producciones derivadas. A su vez, en 2016, exhibieron Decomiso, un registro en video sobre el intento de contrabando de 410 meteoritos con un peso de 3,5 toneladas, que fueron incautados en Santiago del Estero.

 

 

Las producciones de Faivovich & Goldberg proponen sentidos y problemas que incitan a una reflexión crítica. Parte de su trabajo puede verse en el documental El ojo en el cielo (2013), de Andrés Di Tella y Darío Schvarzstein. A propósito del trabajo realizado en relación a El Mataco, el texto curatorial de la muestra en el Marc dice: «La experiencia que ahora nos proponen (…) convierte a la sala en un pabellón para su óptima exhibición, apelando a lo sensible y emotivo, pero también posibilitando una reflexión sobre la materia, el espacio, el planeta, el tiempo, el arte y la historia».

La fiebre por los meteoritos de Campo del Cielo se remonta al siglo XVI, cuando los conquistadores observaron que las etnias originarias de la zona contaban con puntas de flecha y boleadoras de hierro. Entonces, hubo varias expediciones en busca de una mina de metales. La primera fue en 1576 en la que se avistó el Mesón de Fierro (gran meteorito con forma de mesa que se observaba en la superficie) de la que quedaron testimonios, dibujos y referencias de su morfología y tamaño. Según afirmaron diferentes expedicionarios, el objeto fue visto en varias ocasiones, pero dado que se ha perdido su rastro tiene, en la actualidad, un estatus mítico. En el siglo XIX y XX, bajo la mirada científica y estatal, siguieron las investigaciones en torno a esta presencia metálica y extraterrestre. Incluso, los minerales encontrados y recolectados en la zona se utilizaron para fabricar fusiles. Los últimos grandes hallazgos son de las décadas del 20, el 30 y el 60 del siglo pasado. En 1997 se encontró el Tañigó II que hoy está desaparecido; en 2005 La Sorpresa; y en 2016 El Gancedo (el más grande ubicado hasta el momento). Algunos están en su lugar de aterrizaje y otros en ciudades de Argentina y del mundo. La zona suele ser merodeada por contrabandistas de meteoritos. Es conocido el intento del coleccionista norteamericano Robert Haag por robarse El Chaco (que pesa más de 20 toneladas) en un camión. Este «cazador de meteoritos», según su autopercepción, es uno de los personajes retratados en el documental de Sergio Wolf El color que cayó del cielo (2014).

Desde 2007 existe la Ley Nacional 26.306 que declara a los meteoritos caídos en territorio argentino como bienes culturales de la Nación y prohíbe expresamente su comercialización.

Los meteoritos de Campo del Cielo se caracterizan por ser una aleación metálica compuesta por hierro (92,9%), níquel (6,67%), cobalto (0,43%), fósforo (0,25%) y otros elementos como el galio (87 ppm), germanio (407 ppm) e iridio (3.6 ppm).

 

 

En el lugar del estremecimiento se constituyó en el 2000 la Reserva Natural Cultural Pigüem N´Onaxa de unas 100 hectáreas, en las que hay un circuito donde se exhiben meteoritos de gran tamaño. El lugar tiene camping y un Centro de Interpretación. Se encuentra a 20 kilómetros de la localidad de Gancedo, ubicada al sudoeste del Chaco y a 350 kilómetros de Resistencia. Allí, todos los años, se realiza la Fiesta Nacional del Meteorito.

En cuanto a la muestra de El Mataco de Faivovich & Goldberg, queda decir que fue inaugurada el pasado lunes 8 de julio y permanecerá hasta el 8 de marzo de 2020 en el Museo Histórico Provincial de Rosario Dr. Julio Marc.

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