«El crimen sexual es un crimen político»

TEXTO FRANCO GIORDA

FOTOGRAFÍAS SECRETARÍA COMUNICACIÓN UADER

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Cientos de mujeres cantan consignas feministas en el salón de actos de la Escuela Normal. La mayoría lleva el pañuelo verde de la campaña por la legalización del aborto. Dos banderas del mismo color caen desde el palco. El lugar está repleto, hay clima festivo y actitudes que rompen con el protocolo de la ceremonia formal que se avecina. Hay sentimientos a flor de piel ante la certeza de que este momento es parte de la ola revolucionaria que busca terminar con el patriarcado.

Todos (todas y todes) esperan la llegada de la antropóloga y activista feminista Rita Segato que será reconocida con el título de Doctora Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader) y que el martes 24 declaró como testigo de contexto en el jury de enjuiciamiento contra el juez Carlos Rossi en el marco del caso del femicidio de Micaela García.

Segato se exilió durante la última dictadura cívico militar y no volvió al país sino recientemente luego de un larguísimo periplo por Venezuela, Irlanda, Estados Unidos y Brasil. En el presente, vive en el pueblo jujeño de Tilcara. Ha publicado varios libros sobre cuestiones de género y es una voz autorizada internacionalmente en la materia. Llevó adelante investigaciones en cárceles y colaboró con organizaciones de mujeres de El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Honduras. Además es reconocida por su militancia en los derechos de las poblaciones indígenas y afrodescendientes.

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Mientras el público espera su llegada, la mujer habla con periodistas de medios televisivos y con 170 Escalones, y dice con tonada latinoamericana: «yo siempre quise recuperar el lugar que había perdido en mi país. Yo creo que en este momento se consolida este reingreso a la patria / matria». También se pronuncia sobre el actual debate en torno a la interrupción voluntaria del embarazo: «Argentina tiene la oportunidad de ser un gran país y estar de nuevo en la vanguardia del continente. He seguido la discusión y he visto que hay personas que han cambiado de lado. Ha habido cambios de posición dentro del debate. Eso es algo rarísimo que enaltece nuestro Congreso nacional. Hay diputados que estaban en contra y cambiaron luego de escuchar las exposiciones de los que estamos a favor. Esto me ha devuelto la fe en el Congreso. Hay gente capaz de oír y de ser sensata para dejar de pensar por lealtades».

Sobre las luchas feministas sostiene: «las mujeres estamos haciendo otro tipo de política. No estamos entrando en las estructuras patriarcales. La manera en la que tomamos la calle es distinta. Es una forma de politicidad en clave femenina y que había quedado muy perdida hacia atrás en la historia. Estamos colocando la cocina y la vincularidad en la calle. Esa forma de ser femenina, de la cual los hombres pueden participar, no es una cuestión de cuerpos sino de sensibilidad y de afectividad. Estamos domesticando la política y creando una nueva era. Esto en la lucha por el aborto se ve claramente”.

Segato entra al salón y la multitud la recibe con una ovación. Se canta el himno y en la estrofa final se levantan los pañuelos, los puños y los dedos en V. La locutora realiza los anuncios de rigor y se proyecta un video que sintetiza la vida de la homenajeada. Al terminar, la protagonista queda visiblemente emocionada..

Por su parte, el rector Aníbal Sattler lleva atado en la muñeca un pañuelo verde y utiliza lenguaje inclusivo en su discurso. Son señales de que el cambio en marcha atraviesa a varias instituciones y que se hace ineludible para las autoridades. Sobre Rita Segato dice que «es desafío, interpelación, provocación a los cimientos de la sociedad, de la cultura, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos». A lo dicho, agrega que con la lectura de su obra “supimos que el día que las mujeres recuperen la soberanía sobre sus cuerpos el mundo será sustancialmente otro porque es el patriarcado la base de otras alienaciones, otras crueldades, sustento del racismo y recurso del coloniaje y el capitalismo». Ella responde que dicho reconocimiento «consolida que existo en mi país».

La propuesta del Honoris Causa fue realizada desde el Programa Género, Derechos y Salud y votada por unanimidad en el Consejo Superior de la Uader. El hecho también fue declarado de interés por el Senado de la Nación, de la Provincia y por el Concejo Deliberante. El legislador Ángel Giano (PJ) y la edila Stefanía Cora (PJ) suben al escenario para entregarle los respectivos honores.

Luego de la formalidad, invitada por la Asamblea de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans, Segato participa de un conversatorio, en el que teje su vivencia personal con la historia compartida. El eje de ese recorrido es su postura en relación al garantismo, el antipunitivismo y el feminismo que fueron la base de su declaración en el jury. Su participación en esta instancia judicial como testigo de contexto –por su especialización en casos de delitos sexuales–  junto al psiquiatra Enrique Stola fue propuesta por la mencionada organización. El proceso se lleva adelante contra el juez Rossi por haber dejado en libertad condicional a Sebastián Wagner, autor del femicidio de Micaela García, estudiante de Uader.

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En este marco, cuenta su experiencia en investigaciones en las cárceles de Brasil y Argentina, la defensa de los derechos humanos de los presos y su militancia feminista. Estas líneas corren el riesgo de ir en sentido contrario dado que femicidas y violadores suponen una dificultad específica. La autora lo expresa como «el choque de mis dos militancias». La situación plantea el dilema de dónde poner el acento de las garantías constitucionales. Al respecto, sostiene que los garantistas se equivocan en los casos de crímenes sexuales. En este marco, se encarga de criticar especialmente al ex ministro de la Corte Suprema, Eugenio Zafaroni.

Sobre el asunto, asegura que el garantismo tiene por detrás la discriminación positiva de los quienes han sido desfavorecidos por la historia y de sujetos vulnerables que cometieron delito, pero en los crímenes de género, afirma, eso se invierte porque la víctima es la vulnerable dado que no es considerada ciudadana o persona plena. Por eso, la garantía tiene que ser para la víctima.

En la conferencia de prensa que tuvo lugar después de su participación en los tribunales, había dicho que «es necesario pensar la especificidad del crimen de género. En estos casos, el garantismo debe jugar en el sentido opuesto, en el equipo contrario. El garantismo no existiría si no existiesen sujetos en la sociedad que no tienen garantías. Sujetos pobres, no blancos, que en general son los ofensores que van a la cárcel porque los ricos y blancos no van a la cárcel. Las cárceles son de los negros villeros. En cambio, en los crímenes de género el perpetrador es el poderoso. En los otros casos, el agresor es un oprimido al que el garantismo sale a defender y eso es necesario. En el caso del violador, el garantismo debería funcionar al contrario protegiendo a la víctima».

Haciendo referencia al mismo problema, en el conversatorio dice que los crímenes contra las mujeres son considerados menores. «Es un crimen para el cual el Estado no tiene orejas. Hay algo ahí que es estructural. El discurso de las mujeres no consigue instalarse en la oreja estatal. Aún cuando se encuentre un cuerpo de mujer destrozado, fragmentado, ensangrentado en el medio de la calle siempre nuestro imaginario lo ubica en la intimidad del deseo sexual, de la libido. Todo lo que tiene que ver con nosotras se privatiza; se transporta al espacio de lo íntimo. Es muy difícil comprobar que una violación es una tortura política. Cuando se trata de una violación se lo recluye en el recinto de la intimidad. Es un error. El crimen sexual es un crimen político, de poder» manifiesta.

En paralelo, plantea que el problema de la violencia sexual tampoco se resuelve en la cárcel sino en la sociedad porque para que alguien llegue al femicidio o a la violación tiene que haber participado en una larga historia, en un magma, en un caldo de cultivo, en el que las mujeres son permanentemente agredidas.

El diálogo con el público, que desborda las butacas ocupando los pasillos y también sentado en el suelo, se desarrolla entre palabras y aplausos para luego pasan a un intercambio de preguntas y respuestas. Las obras de la autora esperan, a quienes quieran ahondar en sus ideas, en mesas de librerías ambulantes y partidos políticos que se ubican en la salida del auditorio. Entre otras, se venden Las estructuras elementales de la violencia, La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, La crítica de la colonialidad en ocho ensayos.

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