15 de diciembre de 2019

El arte como una línea de flotación

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS FRANCO GIORDA

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En el museo Rosa Galisteo está montada una selección de obras de artistas jóvenes de Entre Ríos que conforma la exposición 71 % de agua. El hecho estético actualiza el interrogante sobre la relación entre territorio y producción artística.

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Papeles picados, cerveza tirada y ánimo festivo se conjugaron en la inauguración de una exposición en Santa Fe que plantea la pregunta sobre la identidad de un arte joven y entrerriano. Lo dicho puede parecer paradójico pero no lo es en absoluto. Por supuesto, el encuentro fue mucho más que eso y necesita una mejor explicación. En definitiva, lo potente son las obras, la confluencia de artistas y la propuesta de encontrarse a uno u otro lado del río. Entonces, la cuestión se vuelve bien interesante porque pone sobre el tapete la pregunta sobre qué relación existe entre un territorio dividido y la producción artística.

El marco es 71­ % de agua, una muestra de realizadores de diferentes ciudades entrerrianas que tiene lugar en el Primer Piso del museo Rosa Galisteo de la capital santafesina. Ese espacio dentro de la institución es planteado como una «geografía» destinada a ser habitada por artistas de entre 20 y 35 años que producen fuera de la provincia anfitriona. Otra línea que atraviesa el plano es el trabajo colectivo de artistas y curadores en vistas a generar nuevas experiencias dentro del campo de la producción cultural.

La idea pertenece a la nueva directora de la institución, Analía Solomonoff: «Es la posibilidad de potenciar redes y diálogos entre artistas de diferentes provincias y de realidades que de alguna manera son paralelas. Esto se puede dar desde la celebración, el debate, la crítica, la charla amistosa, el taller», dice.

Artistas para el pueblo (Cerrito y Basavilbaso), Carla Botto (Gualeguaychú), Estaban Alba (Concepción del Uruguay), Fernando Márquez (Concordia), Inés Marcó (Concordia), Mana (Victoria), Reina Heels (Paraná), Santiago Moreira (Paraná) y Transparenta (Paraná); ellos son los responsables de impresiones, fotografías, dibujos, diseños, instalaciones, pinturas, esculturas y performances que constituyen la apuesta estética de la muestra. También hay visuales y audios e, incluso, se puede ver a los artistas trabajar in situ.

El encuentro arrancó el viernes 12 de mayo y permanecerá durante cuatro meses. Tal vez una buena fecha para ir sea el 25, cuando se inaugure el 94.º Salón de Mayo. Desde ese día convivirán, entonces, tres propuestas: las obras seleccionadas del certamen nacional, la muestra Conexión Saer (dedicada al escritor) y la de los moradores del «fresco abrazo de agua».

Los procesos creativos de los entrerrianos navegan por el artificio monstruoso, el glam queer, el registro de la materialidad de los ladrillos, un retrato de Elvis, textos bordados que remiten a enseñanzas familiares, afiches de fuerte anclaje popular con mensajes que lleva el río, entre otras obras.

Solomonoff tiene puesta su expectativa en una decantación que derive tanto en un encuentro de la comunidad (a partir de los talleres, producciones y charlas) como en un desborde de las fronteras. La apuesta es que los cruces y las corrientes que ocurran en las salas contiguas le den formas y fuerzas diferentes a la inicial.

La muestra está curada por el colectivo Parientes, conformado por Julia Acosta, Lucas Mercado y Francisco Vásquez. Todos son de Paraná. Ellos se reúnen, toman caminos individuales y se reencuentran desde hace alrededor de 15 años. En su recorrido han cruzado innumerables veces el túnel subfluvial. En una u otra costa, se juntan con sus colegas, hacen talleres, participan de exposiciones y se expresan solos o con otros. Así, el ineludible río ha quedado en medio del arte. Entonces, en charla con ellos surgen paralelismos con respecto a la fundación de las dos ciudades, al parentesco con el mar, la autogestión, la exploración y la fraternidad atravesadas por una idea de flotación.

 

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El nuevo punto de encuentro generado a partir de la actual curaduría les resulta «difícil e interesante». Vásquez plantea al respecto: «En el panorama entrerriano se cree que hay muchos artistas consagrados. Entonces, opacan la producción de los emergentes y de los jóvenes». Frente a este diagnóstico, salieron a la búsqueda de la juventud que produce dentro de los límites acuáticos de la provincia. Se encontraron con más de lo que imaginaban.

La primera decisión no fue hacer un top ten, dice Mercado, sino una selección a partir de formas de producir y de manifestarse. «Hay muchos artistas que nos interesan que no necesariamente podían convivir en esta muestra de 80 metros cuadrados», sostiene.

Acosta observa: «Lo que nos interesaba era ver al artista en su forma particular. Algo que nos permita mostrar una diversidad y que no tuviera que ver necesariamente con ser de Entre Ríos, sino, más bien, con una cuestión más personal, de búsqueda material, simbólica, etcétera».

En relación a esto hay un dato significativo: no aparece la denominación «Entre Ríos» en el texto curatorial. Esa decisión fue consciente. La estructura de lo escrito surgió de una serie de conceptos claves. Uno fue «flotabilidad». Se le ocurrió a Marco Bainella, un pariente satelital. El término puede funcionar como una metáfora de la producción y de la vida de los artistas.

«Nosotros mismos estamos en esa situación. No hay plataformas consolidadas de arte en Entre Ríos. Sin embargo, hay un montón de variedades de artistas que permiten hacer estas cuestiones. Es una propiedad para aprovechar. Permite ir de un lado para otro», reflexiona Vásquez.

La directora convocante interpreta que en el trabajo de curaduría y de exposición colectiva hay conceptos y estéticas que responden a un momento de Entre Ríos y a una generación de artistas que se está construyendo sin responder necesariamente a los conceptos globales de arte contemporáneo.

La palabra y la acción de los responsables de la puesta hacen pensar en la impronta de las fronteras caprichosas de la naturaleza y de la cultura y, al mismo tiempo, en la ambigüedad de esos límites. El interrogante queda abierto en medio de metáforas que cruzan el paisaje, el cuerpo, el movimiento, la física, lo humano, el terror de Stephen King y al naturalismo de Juan L. Ortiz. Así de heterogénea es la cosa.

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La exposición se puede visitar los miércoles, jueves y viernes de 9 a 13 y de 15 a 19. También sábados, domingos y feriados de 15 a 19. La dirección del museo Rosa Galisteo es 4 de Enero 1510 (Santa Fe).

 

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