Detrás de la cortina de humo

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS PABLO RUSSO

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Iván Malajovich reacomoda su local, El Esqueje, que unos días atrás sufrió la intempestiva arremetida de la Policía Federal Argentina bajo las órdenes del juez Leandro Ríos. Iván ordena macetas de colores, bolsas de tierra y fertilizantes mientras conversa con 170 Escalones. En los estantes de madera hay botellitas, gorros, plantas, piedritas, tijeras podadoras, picadores, encendedores, pipas y demás materiales que le dieron el apodo de «la juguetería del fumón» a ese espacio, mezcla de centro cultural sobre cultura cannábica, comercio y vivero tradicional. Sobre una mesa ratona se exponen revistas temáticas. Calcomanías pegadas en el mostrador dan cuenta de agrupaciones regionales y nacionales que militan la legalización, y algunos carteles dan señales de la lucha y los reclamos: «No compres, cultiva», o «Cultiva tus derechos». De fondo, sobre la pared, una colorida pintura representa a Albert Einstein armándose un faso.

Ivan nació en 1985 en Paraná, vivió un tiempo en Santa Fe, en 2013 puso una tienda on line y desde febrero de 2016 fue precursor de este tipo de locales llamados grow shop, de los que hoy existen al menos tres en la ciudad. El 31 de julio lo allanaron y lo detuvieron durante tres días, por lo que ahora tiene una causa abierta.

¿Con qué se encuentran los que vienen acá?

Accesorios y herramientas para el cultivo. Todo lo que necesitan para sus plantas, variedad de macetas, fertilizante, pipas con forma de dragón, picadores con forma de pacman, etcétera, y sobre todo asesoramiento gratuito. Las respuestas a qué les está pasando a sus plantas, cómo empezar a cultivar, datos de dónde sacar algunas semillas, cómo hacer aceite, etcétera.

Estamos hablando de plantas de cannabis…

Sí, pero también vienen señoras que por ahí se llevan una planta, bolsas de tierra, semillas de huerta o florales.

¿Y de cannabis?

No, por el momento no podemos, no es legal. Es por lo que estamos luchando: que nos den acceso a la semilla. De la semilla a la flor pasan tantas cosas en el medio… Nosotros no consideramos al cannabis como un estupefaciente, como lo clasifica el código penal que incluyó a la semilla como un precursor químico.

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¿Este es tu negocio?

Si, este es mi trabajo, mi sustento, desde febrero del 2016 está abierto al público, habilitado por la Municipalidad como venta de semillas, plantas, fertilizantes, accesorios. Siempre se explicó bien qué se iba a hacer, lo que se vende es legal y se compró todo de manera legal. Los picadores, por ejemplo, hasta los podés usar para el ajo y que no te quede olor en las manos. Así se venden en Mercado Libre, jeje.

¿Cómo llegaste a esto? ¿Cuándo te diste cuenta que sabías lo suficiente?

Un poco por necesidad de tener un trabajo donde sentirme cómodo. Casi siempre trabajé en relación de dependencia, salvo en un momento que tuve un remís. Quería hacer algo que me guste, que conozca. Acá no había un grow shop y estábamos haciendo el programa de radio El esqueje, por Barriletes, y un amigo me incitó a que arranque. Me hizo dar cuenta que ya sabía un motón sobre el tema. Me animó a tirarme a la pileta. Empecé con una tienda virtual con el nombre del programa, porque la idea era hacer una reproducción de la planta madre del activismo.

¿Qué significa esqueje?

Es la reproducción asexual de la planta, es sacarle una rama y convertirla en un clon genético idénticamente igual a la planta de la que la sacaste. Es una forma que se utiliza para conservar las características genéticas de las plantas. En forma de chiste, decíamos que el programa de radio era un esqueje del activismo a nivel nacional.

¿Cómo llegaste a saber tanto? Tenías 30 años entonces…

Hacía fácil doce que consumía cannabis y hacía cinco que cultivaba para consumir de manera autónoma. Fui instruyéndome a través de la lectura de manuales por Internet. Siempre fui de leer mucho sobre los temas que me movían y el cannabis, realmente, me movía, porque desde el primer momento sentí que me generaba un beneficio en esto de ser desestresante, que es algo que te da salud de por sí. Leyendo me enteré qué era una semilla, sus procesos para la germinación y, mientras iba leyendo, iba aplicando y así fui aprendiendo.

Hoy el consumo está extendido, cada vez hay menos tabú al respecto, pero son pocos los que hacen de esto su modo de vida, su lucha y su bandera. ¿En qué momento hiciste el click?

Creo que me empujó hacia el activismo que me hayan echado de la casa en la que vivía con mi hijo y mi ex esposa. Yo cultivaba y eso empezó a generar un problema con los padres de la mamá de mi hijo, que no estaban de acuerdo y tenían miedo. Pensaban que era un narcotraficante por tener plantitas. A partir de que me echaran de la casa se revolucionaron un montón de cosas dentro de mí. Es una injusticia muy grande que la gente, por desinformación y prejuicio, juzgue la vida de otro hasta marginarlo. Ese fue el momento en el que me puse en contacto con agrupaciones del resto del país, activistas que estaban en la movida, sobre todo en Rosario. Ellos me fueron cebando para crear una agrupación acá y hacer una marcha; que si yo lo consideraba justo y como mi lucha, que le diera para adelante sin pedirle permiso a nadie. Asumí la responsabilidad de hacerme cargo, primero de lo que consumía, de mi persona y de las acciones que hacía que bajo ningún punto eran (ni son) criminales. Tenemos la necesidad de salir de la criminalización, dejar de ser estigmatizados, abusados por la simple elección de consumir una planta.

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¿En qué año se hizo la primera marcha en Paraná?

En 2013. Fue la más colorida y linda de todas, estaba bastante activa la parte de circo y los artistas autoconvocados; había una movida cultural importante y mucha gente consideró que estaba bueno el reclamo.

¿Con quiénes te juntaste para organizarla?

Sobre todo con los artistas autoconvocados. Hubo un par de reuniones, hicimos carteles y flyers. Consideré que podía ser una buena punta, y lo fue. De ahí surgió la base del movimiento cannábico. Casi en paralelo nació el programa de radio, esos años fueron una lluvia de ideas muy revolucionadas.

¿Qué nombre tiene la agrupación?

Agrupación Paranaense de Agricultores Cannábicos (APAC). Antes éramos Autoconvocados por el Cannábis, y ahora con lo que me pasó a mí se está gestando la Asamblea por el Autocultivo Libre. También está la Colectiva Cannabicultora, feministas que cultivan, grupos nuevos que está bueno que se junten.

Además está Mamá Cultiva…

Sí, que surge a nivel nacional como una especie de frente activista con padres y familiares que cultivan para niños o parientes a cargo. Es un movimiento que va por los derechos del acceso a la salud. Algunos de ellos disienten con la autorización de la venta de cannabis libre o para lo que las personas creen que lo necesiten. Mamá Cultiva representa a esa ala de gente que no tenía interés ni contacto, pero encontraron en el cannabis una solución o paliativo a los padecimientos de seres queridos.

¿Qué plantean desde la asamblea?

Estamos todavía gestando el mensaje, pero lo que venimos hablando es que se quite a la planta de cannabis de la lista de sustancias prohibidas. No la consideramos un estupefaciente. La Organización Mundial de la Salud y las Naciones Unidas recomiendan que no se criminalice más el contacto o la relación con la planta. Son sustancias que no producen riesgos a la salud ni dependencia ni peligro de sobredosis. En esto estamos todos de acuerdo: es una planta, no una droga.

¿Afectó al local que te detuvieran y allanaran?

Sí, la gente no sabe si está abierto o no, y hay mucha paranoia entre los cultivadores. El hecho de acercarse a un local que fue allanado y que está siendo investigado a muchos les puede chocar, es un shock. Pero no nos vamos a esconder. El mensaje es que no se escondan porque es peor, no tenés respaldo de la gente si nadie te conoce. Es mejor estar unidos y conectados con otros cultivadores y generar una red de contención y alerta ante estas situaciones.

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¿Tuviste aviso previo de que te podía pasar?

No, no me lo esperaba. Más allá de intuiciones, me convencía de que no iba a pasar porque pensaba que era el último lugar donde iban a atacar. Siempre dijimos que somos cultivadores, no somos narcos. Tengo el negocio habilitado y todo de venta legal. Vinieron nueve efectivos de la Federal, me negaron la posibilidad de comunicarme con mi abogado, y tenían orden de allanamiento del local, el auto y mi hogar.

¿Qué se llevaron?

Unas treinta cajas con mercadería: carpas de cultivo, fertilizantes, pipas, mi computadora, papelillos (que son cosas que se venden en cualquier quiosco de la terminal), bolsas de tierra… La forma en la que se trató la mercadería no fue la mejor, y la manera en la que registraron no fue detallada. No hicieron caso a mis pedidos de cuidado. Recurrí a su humanidad, les dije que esta es mi fuente de sustento; algunos fueron más respetuosos y otros no tanto. En el frente del local, donde había testigos, se comportaron; pero en el depósito rompieron bolsas de fertilizante, patearon un balde con lavandina, volcaron un paquete de yerba y me desparramaron cosas por el piso. También se llevaron un frasquito con cogollos que tenía para uso personal. De mi casa las plantas que cultivo, las carpas, las flores cortadas para hacer medicina, el agitador magnético que es un artefacto para la evaporación del alcohol, los alcoholes, guantes de latex y cosas así.

¿Qué pensás que va a pasar con esta lucha por la legalización?

Todo depende del gobierno que asuma después de este. Nadie está tomando cartas en el asunto, los políticos financian sus campañas con empresas privadas y —ahora se ve— con el narcotráfico. De por sí solo los políticos no van a modificar la ley de estupefacientes ni a sacar la planta de la lista de estupefacientes porque pierden control de opresión sobre la gente.

¿Creés que habrá suficiente presión social para que ocurra?

Es cada vez más evidente que persiguen a los cultivadores, que cae gente por tener un porro, dos plantas… es evidente que no están persiguiendo narcotraficantes. No se golpea la puerta de los narcos que venden en los barrios, esos están autorizados por alguien. Pero tengo la esperanza de que en algún momento la sociedad madure, se saque todos los tabúes y se pueda plantear el tema en una mesa con propuestas y respuestas serias. Estamos hablando de derechos, que para conquistarlos son difíciles, sobre todo cuando hay mucha desinformación. Está en la tarea del activismo, que en la Argentina está cada día más a flor de piel con un trabajo mucho más aceitado entre organizaciones. Ya no tenemos tolerancia hacia la criminalización que nos imponen. Tenemos las pruebas suficientes para que entiendan que cultivamos una planta de la que obtenemos flores, que lo único que le dan a la gente es salud y alegría.

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