11 de diciembre de 2019

Apuntes sobre «El irlandés»

TEXTO FRANCO GIORDA

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Entre lo más destacable de El irlandés (Martin Scorsese, 2019) se encuentran las hipótesis que se ofrecen sobre temas sensibles de la historia norteamericana. Con plausibilidad y sin temores, muestra el vínculo entre el crimen organizado y el sindicato de camioneros dirigido por Jimmy Hoffa durante los 60 y 70; también se dan señales concretas sobre los apoyos de la mafia que recibió John Fitzgerald Kennedy para alcanzar la presidencia y los roles que jugaron su padre y su hermano en la sucesión de hechos que terminaron en el magnicidio trasmitido por televisión. Hay también un pronunciamiento sobre la invasión a Bahía de los Cochinos en 1961 en pleno auge de la revolución cubana.

Cuesta imaginar que haya muchos más directores en el mundo que se animen a recrear, desde la ficción, hechos de la historia reciente que conllevan altas cargas de polémica. No es sencillo marcar una postura, como lo hace Scorsese en este caso, en relación a temas candentes de la discusión pública. Por diferentes razones, la censura y autocensura operan poniendo límites a lo que se puede decir o mostrar en el espacio del debate histórico y político.

A manera de digresión, en Argentina, el director Santiago Mitre suele meterse con problemas álgidos de la política vernácula. A diferencia de Scorsese, lo hace a través de personajes que no se corresponden con la estricta realidad. Los protagonistas de sus obras están construidos a partir de una serie de rasgos comunes de algunos sujetos de la política. Básicamente, se piensa en El estudiante (2011) y en La cordillera (2017). Es un realizador que no esquiva las dificultades y no vacila en sus abordajes. Después, el espectador podrá coincidir o disentir con sus propuestas.

Por lo demás, El irlandés es una película que mantiene su ritmo a lo largo de sus tres horas y media. Scorsese, a sus 77, no ha perdido el vigor para narrar y es un goce extraordinario ver en acción conjunta al tridente actoral compuesto por Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pesci. De todos modos, no hay novedad en este sentido. A todos ya se los ha visto cumplir esos mismos roles interpretativos (que, por cierto, les quedan muy bien). Justamente, representaciones similares son las que los han llevado a la cima.

 

 

El director ha hecho cosas parecidas en Buenos Muchachos (1990) y Casino (1995). La diferencia es que, en estas dos películas, las propuestas contaban con la virtud de la originalidad. Aunque no le faltan méritos para ser una gran película, El Irlandés ya no tiene la gracia de la singularidad de aquellas obras. Es algo que ya está visto.

Tampoco es innovadora la explícita pátina religiosa que Scorsese viene dándole a su cine desde hace rato. En este caso, queda flotando una redención ambigua del tortuoso personaje principal.

La película ya puede verse en Netflix con todas las interrupciones que el espectador desee hacer. Incluso hay un volante digital que circula por las redes en las que hay indicaciones para ver El irlandés como una mini serie de cuatro episodios. Si una película es entendida como un trabajo artístico integral difícilmente la experiencia de ver en un monitor, con o sin pausas, se compare con la de ir al cine. En Paraná, la película estará en cartelera hasta el miércoles 4.  Si se cuentan con los recursos materiales para acceder, la recomendación es vivenciar la obra en las condiciones de una sala de proyección.

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