Alegría en las redes del humor político

TEXTO PABLO RUSSO

ILUSTRACIONES ALEGRÍA

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Reunión cumbre. Un número importante de integrantes del colectivo de humor gráfico político Alegría se juntaron en Paraná en el marco del TeBeo Animada, que tuvo lugar el sábado 21 y domingo 22 de julio en el Centro Provincial de Convenciones. Algunos de sus principales referentes llegaron desde Buenos Aires, La Plata y Córdoba. Para los locales Maxi Sanguinetti y Rodrigo Barba fue el momento de verse las caras con el resto, después de dos años de intercambio virtual. Escudados detrás del rostro de Patricia Bullrich ilustrado en la tapa del segundo anuario, dieron una charla grupal de la que extraemos algunas ideas, a las que le sumamos otras conversadas en los pasillos. ¿Qué es Alegría y cómo trabaja con el humor político en tiempos de Macri?

«Somos apenas una parte del colectivo de humor gráfico Alegría. Hacemos humor político de manera federal. Tenemos nuestro espacio de difusión en las redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram, con la idea de aportar la mirada desde el humor de las penurias –es decir, las noticias- que están pasando», presenta Kunta. «Queríamos hacer una revista digital en pdf de historietas, no de humor gráfico. Habíamos visto que en España había unos dibujantes políticos de una publicación que los habían despedido por hacer un chiste en contra del rey y ellos armaron una revista por suscripción en la que te llegaba un pdf. Después vimos que la identidad de América Latina no es igual que la de Europa y nadie iba a poner un euro ni un peso por algo que podías piratear tranquilamente. Entonces decidimos hacer algo en Facebook y lo que vimos también es que en esa red social nadie lee una historieta de más de dos cuadros; así que dijimos: “hagamos chistes, que no sean memes”», agrega Ernán.

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Los primeros posibles nombres se barajaron en las mesas del bar La Dignidad, a metros de Corrientes y Estado de Israel, en la ciudad de Buenos Aires. Pescado Podrido y DNU competían por la titularidad, que finalmente obtuvo Alegría. «Comenzamos a tener una repercusión buena de lo que es el face, una devolución interesante, polémica. Éramos como doce o trece, y mucha gente empezó a mandarnos chistes. Vimos que el 100% eran mejor que los míos, y el 89% mejor que el resto, así que sumamos a un montón de gente», explica Ernán, argentino de nacimiento que manifiesta acento mexicano. «En la vida en general somos un desastre, pero pudimos organizarnos para que, de alguna manera, salgan cuatro chistes por día durante casi dos años. Son tres mil y pico de imágenes, un montón», subraya.

La unidad del colectivo la aportó el enemigo en común: el gobierno de Mauricio Macri, aunque también se permiten chistes duros contra el kirchnerismo. «Como se responde en las redes sociales, eso antes no existía. En el cuadrito o tira en el diario podías tener una carta de lector, alguien que te cruzaba por la calle o el editor que te bajaba una línea; eso se perdió en las redes. Tuvimos la experiencia en Alegría de publicar chistes y generar quilombo. ¿Hasta dónde uno se puede reír de algo o hablar de tal tema? Los chistes contra el kirchnerismo, por ejemplo, son una manera de molestar a la gente, porque no es simplemente un chiste que confirma lo que pensás, sino que agita el avispero», dispara Kunta. «En esta época competimos con el gobierno, se nos complica hacer un chiste porque enseguida se mandaron otra y no llegamos», opina Agite. «Nos cuesta luchar contra tantas cagadas juntas. Alguien agarró una fotito e hizo un meme; nosotros en cambio nos tenemos que poner a dibujar, a escanear y, para cuando publicamos, ya pasó el tema y te metieron otra barbaridad» se lamenta, irónico. «Tienen el monopolio de lo absurdo», interviene Lele. «Como cuando hicieron el meme ellos solos con los panes de marihuana… ¿qué te queda a vos después de eso? », acota Agite.

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Para opinar sobre las ideas que surgen se manejan con un grupo interno. Los que se ocupan de editar son cinco o seis y se van turnando. Si algo no gusta, se expresa con un Gaturro como metáfora. «Los límites están dados por el medio, no es lo mismo el humor que se hace en Alegría que en una revista para niños. Y cada vez que vamos generando chistes estamos probando», suelta Nani con su acento cordobés, una de las pocas mujeres que integra el colectivo. Según Nani, una de las razones de esto es la violencia de las reacciones de algunos lectores. «A mí me pasó, y estuve varios días sin dibujar. Tenés que aguantar eso», dice. «Hay juicios de valor y escraches, no solamente desde un lugar de oligarcas, sino también de sectores afines interpelados de una forma determinada. Entonces, uno se mueve en un margen muy agudo que tiene que ver con la literalidad de la época en que estamos viviendo, la falta de interpretación. Se fijan mucho en la forma y no en el contenido de un chiste y es complejo lidiar con eso», indica Lele.

Para editar el primer anuario que tenía a Mauricio Macri con ojos de felino en su portada, consiguieron el 80% del financiamiento en Ideame y un editor puso el 20% restante. Se agotaron los mil libros. «Tuvo una salida que no es la del mundo de la historieta: vamos con los anuarios a la Facultad de Ciencias Sociales (de la UBA) y nos los sacan como pan relleno», remarca Ernán. Para el segundo anuario, el editor cubrió el 80% de los gastos y ellos el 20% restante. «Igual, nunca vimos un peso», añade. «Tampoco tenemos figura legal, y creo que es lo mejor que nos puede pasar: todos –o casi- publicamos con seudónimos», explica Kunta.

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Mientras el staff reunido discute en público la tapa del tercer anuario (¿Gabriela Michetti, Eugenia Vidal, Christine Lagarde?), 170 Escalones consulta a los integrantes locales de esta experiencia. «Siento que dibujar en Alegría es como dibujar en la vieja Humor. Los anuarios de Alegría van a ser un testimonio de época increíble. Así como con la Humor se puede reconstruir todo el proceso de fines de la dictadura, la primavera democrática y los tristes años noventa, con los chistes de Alegría se va a poder reconstruir el macrismo», considera Maxi Sanguinetti. «Hay mucha gente grosa en Alegría que conocí a través de la Fierro o de fanzines, así que para mí representa un alto honor. Respecto a la firma, ni lo pensé la verdad, total la mayoría de los trolls y los que amenazan viven en Buenos Aires; a mí me protege la geografía», señala. «Estar en Alegría es un orgullo. Como dibujante no tengo más de cinco o seis años, y que te inviten a participar de un colectivo que uno admira es maravilloso, una especie de reafirmación del laburo, incentiva a seguir dibujando», remarca Rodrigo Barba. «Es la primera vez que publico en una experiencia a nivel nacional, donde la repercusión, la crítica y la polémica es tan grande. Cada vez que mando un dibujo a Alegría la cantidad de personas que lo comparten es desmedida para lo que imaginamos de un dibujante o humorista local. La experiencia también de participar de un espacio donde hacés humor político y compartís la visión del colectivo es satisfactoria. En cuanto al señalamiento político, no es que no me importa pero no me afecta, estoy muy seguro con la honestidad con la que me desenvuelvo en lo personal y cuando dibujo, creo que coinciden y son coherente. Me gusta porque puedo reafirmar una parte más artística con una más de militancia, apoyándolas una con la otra. Si me reconocen mejor, y si hay críticas se escuchan», sostiene.

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